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19 de diciembre de 2013 | #1298

Cómo se gestó la gran movilización obrera del 19

La CTA opositora que conduce Pablo Micheli se contactó con la Coordinadora Sindical Clasista del PO, con la propuesta de intercambiar una caracterización del cuadro político y la eventualidad de una acción común ante la crisis que emergió a partir de los amotinamientos policiales. De nuestra parte, veníamos de realizar la importante movilización del 29 de noviembre con el planteo de doble aguinaldo para todos los trabajadores, reapertura de paritarias y abolición de ganancias, a partir del plenario clasista convocado por los compañeros del Sutna San Fernando. Al otro día del llamado, todavía en plena crisis política de los motines policiales, nos reunimos un grupo de dirigentes de cada organización, en el marco de un comunicado de CTA que planteaba un paro nacional a todas las centrales sindicales con un programa que partía de los 8.000 pesos de salario mínimo vital y móvil. De nuestra parte, reafirmamos que los motines policiales vinieron a poner de manifiesto por el lado menos pensado, el de los aparatos de represión, una crisis inflacionaria, expresión de un derrumbe económico y político de alcance general. Explicamos que la revuelta de los organismos policiales, cruzados por la conexión con el delito, por el gatillo fácil y por una historia de represión al movimiento popular, estaba expresando no un plan de “desestabilización” de la democracia, sino una crisis de régimen y de pérdida de autoridad política ante los organismos que ellos mismos reforzaron durante toda la década y especialmente durante la campaña electoral. A partir de coincidir en la necesidad de una intervención vigorosa del movimiento obrero en la crisis, propusimos precisiones en el pliego de consignas y la elaboración de un texto común para una gran movilización que propusimos fuera el 20 de diciembre, como lo habíamos adelantado en el periódico. Caracterizamos que la borrada del sindicalismo peronista opositor no tenía vueltas, porque se dio en el marco de acuerdos políticos de fondo tejidos por las distintas fracciones de la burocracia sindical con la oposición y/o el gobierno, especialmente con Massa y con Scioli. Evitamos la convocatoria a un paro nacional que no estamos en condiciones de garantizar, pero sí el paro y movilización de todos los que pudieran hacerlo en el marco de una jornada nacional con centro en la Plaza de Mayo. Nos apoyamos desde el primer momento en el paro nacional de los médicos que nació de un congreso de Cicop, con gran participación de residentes y Tribuna de Salud, el gran paro docente y estatal en Neuquén, el plenario de delegados de los Suteba combativos que haríamos el lunes 16 expresando importantes movilizaciones previas y el paro de ATE Provincia, junto a los movimientos estatales en numerosas provincias. La CTA contrapropuso movilizar el 19, teniendo en cuenta ciertos paros ya previstos. Ello no cambió en absoluto el contenido de la marcha, que conmemora en su convocatoria a la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre (ver recuadro). De común acuerdo incorporamos el planteo de absolución de los petroleros de Las Heras y la invitación a ser oradores del acto final. El programa y la caracterización común que aprobamos entre CTA y CSC (PO), es un avance del movimiento obrero, y marca un rumbo para que la crisis la paguen los capitalistas. Es una iniciativa que promueve una intervención propia del movimiento obrero en la crisis, a partir de un reclamo de 8.000 pesos de salario mínimo vital y móvil que equivale a quebrar toda la política devaluatoria e inflacionaria del gobierno y de la oposición patronal.

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