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19 de diciembre de 2013 | #1298

A veinte años del Santiagueñazo

El 16 de diciembre de 1993, en una rebelión de características inéditas, los trabajadores y el pueblo santiagueño ocuparon e incendiaron las sedes de los tres poderes públicos y las mansiones de los principales políticos oficialistas y de la oposición. Como caracterizó el Partido Obrero, en el fragor de los hechos, fue "el Cordobazo de los '90". El Cordobazo inició la debacle del gobierno de Onganía y abrió un período revolucionario; el Santiagueñazo inauguró una nueva etapa de puebladas y rebeliones populares en Argentina, que después de pasar por Cutral Co, Tartagal y otras localidades del interior, culminaría el 19 y 20 de diciembre de 2001 en la Casa Rosada. El Santiagueñazo mostraba el temprano agotamiento del régimen democratizante surgido tras la dictadura militar.

La UCR había sido la lista más votada en las elecciones a gobernador de 1991, pero el peronismo le birló la gobernación con fraude electoral y una ilegítima ley de lemas. Esta ley de lemas había sido gestada por un pacto entre la propia UCR y el peronismo (Gerardo Zamora fue uno de los principales operadores políticos de su elaboración; ver El Santiagueñazo, de Raúl Dargoltz). Como reacción ante el fraude, se gestó un proceso de movilizaciones de hasta 20 mil personas, acaudilladas por el candidato de la UCR, José Zavalía, que desplegaba una fuerte demagogia.

En 1993, los negociados con la obra pública, los desfalcos con los fondos estatales y un endeudamiento público inaudito, hicieron estallar el déficit fiscal -en diciembre se adeudaban salarios por tres meses. La "salida" fue una ley ómnibus que declaró en "disponibilidad" a todos los empleados estatales, despedía a quienes tuvieran menos de un año de antigüedad, y bajaba los salarios a los niveles de dos años atrás. La UCR simuló oponerse en la Legislatura, pero prestó un par de diputados para el quórum y apoyó todo el proceso de elaboración por parte del equipo económico de Cavallo. Esto significó la demolición política de José Zavalía y la UCR en brevísimo tiempo.

El 16 de diciembre, después de que los trabajadores de la salud cobraran el primer salario con los descuentos de la ley ómnibus, hubo una confluencia masiva de distintos sectores en lucha sobre la explanada de Casa de Gobierno. Se propuso la toma del edificio; en un principio hubo violentos enfrentamientos con la policía, que finalmente se negó a reprimir. Entonces, fue incendiada la sede del Poder Ejecutivo. Luego seguirían los Tribunales, la Cámara de Diputados y las mansiones de distintos políticos. El otrora popular Zavalía sólo pudo salvar su casa repeliendo a tiros a los manifestantes.

Los hechos se extendieron hasta el día siguiente y se replicaron en La Banda y otras localidades del interior. El gobierno de Menem acusó a "infiltrados foráneos", envió la gendarmería a reprimir la protesta e intervino la provincia con el apoyo de la oposición nacional. El Frente Grande (luego Frepaso), que acababa de ingresar al Congreso, votó a favor de la intervención menemista -entre ellos, Pino Solanas y Graciela Fernández Meijide. El interventor fue el cordobés Juan Schiaretti, mano derecha de Cavallo. Como era de esperar, impuso a fondo el plan de ajuste.

Schiaretti fue sucedido por Carlos Juárez. En este período inició su ascenso el actual "empresario" Néstor Ick, quien, a partir del privatizado Banco de Santiago, pasó a dominar prácticamente todos los resortes económicos santiagueños, nutriéndose del presupuesto público. Junto a Juárez, se recicló gran parte del personal político del régimen (Chabay Ruiz, Zavalía y el propio Zamora, entre otros). En estas elecciones surgió "Memoria y Participación", un grupo de centroizquierda conformado por la Pastoral Social y el PC, que buscaba ser la representación política del Santiagueñazo. Consagraron un diputado, Scrimini, a quien el juarismo no le permitió asumir por haber participado del Santiagueñazo.

En 2004 surgió un gran movimiento popular surgido a partir del repudio a un crimen de "hijos del poder", que liquidó el gobierno de Juárez y provocó otra intervención federal. Tras la intervención, asumió la gobernación Gerardo Zamora, radical K apoyado por el entramado de punteros juaristas. Al morir Juárez, Zamora le rindió homenaje oficial. El centroizquierda, incluyendo a Memoria y Participación, se unió a una "Multisectorial" que apoyaba a la Intervención y terminó marginada del proceso político. En ese proceso se fundó el PO de Santiago que, en julio de ese año, consagró a Nicolás Basualdo como constituyente.

Hoy se ven profundizadas las contradicciones que llevaron al Santiagueñazo: al igual que en la previa de la rebelión del '93, se hace gala de "cuentas ordenadas" que esconden el desfalco de los fondos públicos con contratistas amigos del poder; los indicadores sociales siguen siendo los peores de todo el país, y las libertades democráticas son cotidianamente avasalladas. Casi como una caricatura de Juárez, el ahora ‘hombre fuerte' de la provincia, Zamora, colocó a su mujer como sucesora.

Han pasado veinte años. Como en la chacarera, se va la segunda...

Maximiliano Jozami

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