18/03/2004 | 842

24 de Marzo

No a las tropas argentinas a Haiti. Fuera el FMI. Anular el indulto y la obediencia debida. Queremos los archivos de los desaparecidos, no museos

Es necesario tener un verdadero sentido del descaro para pretender erguirse en la memoria de los desaparecidos luego de haber colaborado durante diez años con el menemismo.


Pero eso es lo que pretende hacer Kirchner, el próximo 24 de marzo, con la colaboración de los dirigentes de las organizaciones de derechos humanos, que en los últimos veinte años han sido gradualmente cooptados al poder estatal.


El sentido del descaro se destaca con mayor nitidez cuando en las vísperas del 24 el gobierno nacional anuncia que enviará tropas para secundar la ocupación imperialista de Haití y para relevar a las tropas yanquis fuertemente sobreextendidas por su intervención en otros numerosos países.


El museo de la memoria que pretende inaugurar Kirchner es una especie de intercambio: los militares, en compensación, pueden seguir ocultando los archivos de la represión que registran el calvario y destino de los compañeros desaparecidos e identifican a sus verdugos.


Un gobierno nacional y popular auténtico (y no de pacotilla) utilizaría la Esma como el lugar para interrogar hasta que “canten” a cada uno de los milicos de la dictadura y obtener de este modo la información del destino de esos archivos.


Nada de eso, dice Kirchner y manda a la Marina a Haití para que salude el museo de la memoria desde Puerto Príncipe.


Es necesario impugnar esta perfidia; de ningún modo colaborar con ella como se disponen a hacerlo numerosos centroizquierdistas e izquierdistas.


¿Están dispuestos a vender la memoria de los luchadores a cambio del ‘logro’ de un aumento del 8% del PBI –un resultado conseguido por medio de una gigantesca confiscación del ingreso popular?


¿Un resultado que mete en la misma bolsa los gigantescos beneficios de Techint, Repsol y Cargill, con los desvalorizados 150 pesos de los ‘jefes de familia’?


La patraña se ha convertido en un método de gobierno porque sirve para disimular las contradicciones del oficialismo.


¿No es, acaso, una patraña invocar un “pacto estratégico” con Brasil, luego de haber capitulado, sólo siete días antes, ante el FMI, o mentar una “concertación” sobre la deuda externa con un gobierno, el de Lula, que paga, sólo en intereses, 50.000 millones de dólares todos los años y que reafirma que pretende seguir en esa línea hasta que las velas no ardan?


Después de casi treinta años de lucha ininterrumpida, la sangre derramada tampoco el próximo 24 de marzo podrá ser negociada.

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