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6 de agosto de 2015 | #1375

Macri, Massa y los K están por el ajuste

La verdad sobre Aerolineas
La cancelación masiva de vuelos de Aerolíneas (más de 250) al iniciarse las vacaciones de invierno puso de relieve el cuadro de precariedad e imprevisión en que opera la compañía. En medio de la campaña electoral, los directivos K quisieron mostrar un récord de pasajeros transportados y programaron más servicios de los que podían realizarse con el personal, la flota y los espacios aeroportuarios disponibles.
 
 
El cuadro de crisis 
 
Pero, más allá de este incidente, un progresivo desmantelamiento de los sectores de mantenimiento, no hay stock de repuestos, se intenta imponer la polifuncionalidad y se descalifica a los técnicos, en camino a la entrega de esa actividad a manos privadas. A la vez, el área comercial está enajenada por acuerdos con agencias de viajes mayoristas asociadas a La Cámpora.
 
El presupuesto de este año preveía subsidios para Aerolíneas por un total de 3.200 millones de pesos pero, según datos oficiales, a fines de julio la aérea ya había consumido 3.080 pesos. Algunos analistas estiman que, para todo 2015, la empresa requerirá entre 5.000 y 6.000 millones de pesos (unos 550/600 millones de dólares, una cifra similar o mayor a la de años anteriores).
 
Esto en un cuadro de derrumbe del precio del petróleo -de 110 a 50 dólares el barril en un año- y, por lo tanto, del costo del combustible, lo que se suma a la reducción -en términos reales- de los salarios de los trabajadores de la empresa, por la firma de convenios a la baja.
 
La explicación oficial es que el déficit se debe a que la empresa cubre rutas de cabotaje no rentables, un argumento insostenible para justificar una pérdida de casi 2 millones de dólares diarios.
En Aerolíneas y Austral conviven casi una decena de sindicatos, alineados algunos con el moyanismo y otros con los K. Tanto unos como otros han ido aceptando la reducción salarial y no abren la boca respecto del vaciamiento, de los negocios rentables entregados a privados ni de los planes de ajuste que se preparan.
 
 
 
La estatización que no fue
 
En el inicio de la crisis está el carácter trucho de la estatización de Aerolíneas, que nunca se concretó y que dejó sus acciones en manos de los ex propietarios del quebrado grupo español Marsans, quienes iniciaron un juicio ante el Ciadi (organismo del Banco Mundial) donde reclamaron 1.200 millones de dólares más intereses por la aérea. Los derechos de este juicio fueron luego cedidos a un fondo buitre (Burford Capital Limited) que hoy es el litigante.
 
El gobierno K fue al salvataje del grupo español y se hizo cargo de la compañía, brutalmente deteriorada, y de las deudas por 900 millones de dólares.
 
Por otra parte, mantuvo servicios aerocomerciales rentables en manos de capitalistas amigos. Es el caso, entre otros, del sistema de aeropuertos, explotado por Eurnekian; del negocio de los free shops; de los locales comerciales y de las terminales y el transporte de carga. 
 
La crisis económica y la del sector aerocomercial hacen que Aerolíneas hoy no sea apetecible para ningún grupo capitalista. De allí el "estatismo" del gobierno y la oposición.
 
Pero los candidatos del ajuste no piensan en mantener los subsidios, sino en un achique y una mayor flexibilización laboral. En esto coinciden Macri, Massa y el kirchnerismo.
 
Recalde y Kicillof, en una provocación a los trabajadores que reclamaban un aumento de salarios, plantearon que en Aerolíneas sobran empleados y que, si insistían en la demanda, habría despidos masivos e incluso pusieron en cuestión el futuro de la compañía. En lo del "exceso de personal" fueron acompañados por el massista Facundo Moyano.
 
Macri, Sanz y Carrió plantearon que la empresa debe pasar a ser "eficiente", con menos personal, peor pago y más flexibilizado, mientras que la "progresista" Stolbizer dijo que no sabe si la empresa "debe seguir siendo estatal".
 
Pero la rebelión antiburocrática de los mecánicos, así como la resistencia a los despidos de activistas, muestran que hay disposición a enfrentar el ajuste y poner en debate una reorganización de Aerolíneas por sus trabajadores.
 
La agenda pasa por exigir la apertura de los libros de la empresa a una comisión electa por los trabajadores, investigar el manejo y destino de los subsidios y lograr que todos los negocios aerocomerciales (muy rentables) pasen a manos del Estado y que, al igual que Aerolíneas, sean administradores por los propios trabajadores y técnicos.
El voto al Frente de Izquierda fortalece esta perspectiva.
 
 

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