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3 de diciembre de 2015 | #1392

Energía: los consensos y la guerra

La designación del ex CEO de Shell como ministro de Energía del nuevo gobierno, anuncia el inicio de una sorda lucha entre multinacionales hidrocarburíferas. Aranguren, el nuevo ministro, ha sido un duro crítico de la monopolización de la dupla YPF-Chevron sobre Vaca Muerta.
Como CEO de Shell, el año pasado, se opuso a la última ley de reforma hidrocarburífera por obstaculizar el ingreso de “otras empresas en condiciones de presentar una oferta superadora”, en vez de facilitar la extensión de las concesiones en ese momento. De lo que concluyó “debe haber más competidores y más inversores en Vaca Muerta”.
 
También se opusieron en su momento, el candidato Massa: “le robaron la billetera a las provincias”, y Sapag: “es un acto de coloniaje” (el MPN se abstuvo y votó en contra).
 
Aranguren plantea un “nuevo marco regulatorio” que sea eficaz y en un escenario de levantamiento del cepo. Ese nuevo marco debería devolver a las provincias productoras el dictado de las condiciones del pliego de licitación de áreas (actualmente por la nueva ley, en manos del Estado Nacional), la fijación de regalías y de la política impositiva.
 
Pero Aranguren no anunció ninguna política de “shock” en el área, por el contrario anunció que no alterará la composición accionaria de YPF SA (49% en manos privadas) y que Galuccio seguirá al frente de la misma.
 
Como la última reforma de la ley de hidrocarburos la impulsó Galuccio en la línea de la “chevronización” (PO Nº 1.346 del 29/12/14), se abre una contradicción de fondo entre el Ministerio de Energía y la política actual de YPF SA en relación a sus socios y monopolizadores de Vaca Muerta.
 
Se abre un período de pujas y negociaciones, máxime si se tiene en cuenta que Macri no tiene ni quórum ni mayoría en el Congreso.
 
Clave: los subsidios
 
El otro tema sensible es el precio del barril del crudo, que actualmente está desacoplado del precio del mercado mundial para las petroleras y las refinadoras, a través de un subsidio del Estado Nacional. Aranguren es partidario de quitar los subsidios. Pero esto sería un cataclismo financiero para las provincias productoras de petróleo. Sin ese subsidio estatal las petroleras amenazan con parar la producción, pero para quienes refinan solamente (o es su mayor negocio), una baja del precio del barril bajaría sustancialmente sus costos de refino.
 
Shell (de donde viene Aranguren) es un caso de estos últimos. Pero, además, es una multinacional con espaldas suficientes como para bancar un precio bajo, por un tiempo, hasta barrer competidores.
 
La quita de subsidios implica también un aumento en las tarifas. Aranguren lo anuncia para la electricidad en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Sin embargo, desde la victoria de Macri, las acciones de empresas como Pampa Holding, Capex, Transener, no dejan de caer. Esto puede reflejar también, que la quita de subsidios no será la esperada o prometida.
 
La necesidad de una negociación institucional de resultado incierto explica la política ecléctica del macrismo y el comportamiento no “ortodoxo” del mercado accionario, que teme un resultado de impasse (ni chicha ni limonada), pero hay algo seguro: habrá una lucha sin cuartel en y por los yacimientos entre las grandes multinacionales. Junto a los tarifazos contra trabajadores y consumidores.

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