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17 de marzo de 2016 | #1403

Dengue en la Ciudad

El brote de dengue no debería haber tomado por sorpresa ni a esta gestión ni a las anteriores. Hace bastante más de una década, cuando aún no había casos autóctonos ni importados de la enfermedad, el gobierno de la ciudad debía realizar tareas de vigilancia epidemiológica del mosquito transmisor (Aedes aegypti) para su monitoreo y erradicación
Por Ayelén
Saavedra

El brote de dengue no debería haber tomado por sorpresa ni a esta gestión ni a las anteriores. Hace bastante más de una década, cuando aún no había casos autóctonos ni importados de la enfermedad, el gobierno de la ciudad debía realizar tareas de vigilancia epidemiológica del mosquito transmisor (Aedes aegypti) para su monitoreo y erradicación.

Las tareas de colocación y remoción de ovitrampas para estimar la población del mosquito mediante el recuento de huevos, fueron realizadas por personal aleatorio durante la gestión de Ibarra (choferes de los vehículos del Instituto Pasteur, por ejemplo) y luego por estudiantes precarizados de las carreras de veterinaria y biología de la UBA. Aún así, la información concreta está hace tiempo: la población del mosquito venía en aumento, lo cual constituía un factor de riesgo importante, ya que al comenzar la circulación del virus, las condiciones estaban dadas para su pronta difusión. Ninguna de las gestiones hizo nada para prevenir el brote actual. Ni con medidas de control, ni de erradicación, ni diseño de planes de contingencia, ni de difusión de información.

En 1997, la OPS (Organización Panamericana de la salud) aprobó un Plan Continental para la erradicación del mosquito (lo cual no es impensable, considerando que entre el 1948 y 1972 desapareció de la Argentina y otros países de Latinoamérica). Para ello, debe existir una cobertura universal para eliminar al mosquito y un plan de vigilancia para evitar que vuelva a aparecer. Esto significa desembolsar, claro, un presupuesto acorde para infraestructura y personal. El fracaso evidencia una falta absoluta de acciones políticas al respecto. Gobiernos nacionales y provinciales se limitan a poner el acento en la responsabilidad individual de prevenir la infección: la descacharrización, la colocación de repelentes, etc. Pero no sólo no tienen en cuenta que la gran mayoría de los reservorios del mosquito se encuentran en espacios públicos cuyo saneamiento es responsabilidad de los gobiernos locales sino que directamente se burla de aquellos que no tienen acceso a agua corriente ni condiciones adecuadas, y utilizan los “cacharros” para juntar agua. Tampoco ponen el acento en la desforestación indiscriminada y el uso de agrotóxicos promovidos por el monocultivo y la sojización que conduce a la modificación del medioambiente que agravan la situación: inundaciones, pérdida de predadores naturales del mosquito, mayor resistencia a los insecticidas y migración de vectores a zonas nuevas (además del dengue, otras enfermedades transmitidas por insectos fueron modificando sus zonas endémicas, como el ishmaniasis, chicungunya, y el zika).

Reclamemos:

Aumento en el presupuesto de Salud de la Ciudad.

Saneamiento ambiental a cargo del gobierno de la Ciudad, con personal capacitado y en planta.

Distribución gratuita de repelentes de uso personal que contengan DEET.

Planes de contingencia adecuados en todos los Hospitales y Centros de Salud, con el personal y presupuesto necesario.

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