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16 de septiembre de 2016

Primeras horas de la audiencia: un tributo a Menem, Chevron… y Kicillof

Los defensores del tarifazo monopolizaron la palabra.

El inicio de la audiencia pública por el tarifazo puso de manifiesto su brutal manipulación por parte de los poderes del Estado. Al menos las primeras tres horas de exposición, o sea, aquellas que concentran la mayor atención pública o mediática, fueron monopolizadas por los defensores o beneficiarios del tarifazo, desde Aranguren hasta los gerentes de las petroleras, transportadoras o distribuidoras de gas. Un mínimo criterio democrático hubiera impuesto intercalar, en la lista de oradores, a representantes de usuarios, trabajadores u organizaciones opuestas a los aumentos con aquellos funcionarios o empresarios. En cambio, la audiencia debutó con una jornada enteramente dominada por los privatizadores y sus voceros.

Aranguren abrió el fuego, para ratificar el ´sendero´ de aumentos del gas en boca de pozo que conduce al gran objetivo que acarician los monopolios petro-gasíferos –la dolarización de las tarifas. Ese sendero llevará el precio del gas a un valor cercano a los 7 dólares la unidad calórica hacia 2019, tres veces lo que vale hoy en el mercado americano. Los representantes de YPF, Total y las cámaras petroleras saludaron estos anuncios y desplegaron “power points” que estuvieron regidos por un denominador común: cómo desplegar láminas y largas columnas de datos con porcentajes, “ítems de costos” y gráficos sin aportar un solo dato certero sobre los reales costos de producción en la industria de hidrocarburos. Sugestivamente, todos ellos hicieron coincidir a la supuesta “ecuación rentable” para la extracción de gas con el valor alternativo de importarlo, o sea, los 7 dólares anunciados por Aranguren. El informe del titular de YPF, tal vez el más completo, llegaba a ese precio con un cálculo que estimaba (con letra muy, pero muy chica), para el capital invertido, un retorno del 13% anual en dólares –o sea, el doble de lo que recibe un “inversor” por los títulos de la ya usuraria deuda pública argentina. Es una pista respecto de la prima extraordinaria –y confiscatoria– a la que los pulpos condicionan su pretendida “lluvia de inversiones”. El tarifazo que exigen conducirá a una bancarrota industrial y a una caída histórica en los ingresos de los trabajadores.

Transportadoras y distribuidoras

A renglón siguiente llegó el “pliego reivindicativo” de las privatizadas de transporte y distribución, las que se quedaron con el desguace de Gas del Estado en los inicios del menemismo. Luego de quejarse por la emergencia económica y el congelamiento tarifario de 2002, intentaron explicar el “módico” peso que representan sus tarifas en el conjunto del valor del gas –según los datos presentados, alrededor de un 20%. En seguida, reclamaron por la puesta en marcha del aumento suspendido por la Corte, y que implicará un salto inmediato del 220% en sus tarifas. Pero luego, aclararon que la ´revisión tarifaria integral´ debería recuperar…un “atraso” del 1000% de 2002 hasta hoy. En suma: más allá del tarifazo del gas en boca de pozo, Metrogas, TGS y otras reclaman su propio “sendero” de aumentos.

De Menem a Cristina

Los oradores empresarios coincidieron en presentar como una época dorada de producción e inversiones al menemismo. Se apoyaron en ello para reclamar el retorno a los marcos regulatorios de los 90, que instituyeron la dolarización permanente de las tarifas. En esos años, y sobre esa base, las privatizadas montaron una operación de endeudamiento externo, el cual, bajo diferentes mecanismos, terminaron transfiriendo al Estado. La expansión en la producción de hidrocarburos financió una operación exportadora, junto a la conversión de la matriz energética al uso intensivo de gas. La contrapartida de ello fue el consumo predatorio de las reservas. Las divisas de los ´proyectos exportadores´ se fueron en el pago de la deuda externa, ello, hasta que la bancarrota de 2001 hizo volar por los aires al régimen menemo-cavalliano. A partir de allí, Duhalde y los K dejaron a los privatizadores quebrados al mando de sus concesiones, mientras toleraban que desinvirtieran y se los compensaba con crecientes subsidios. Por lo tanto, quienes se presentaron a la audiencia como víctimas fueron los grandes rescatados de la supuesta “década ganada”. Ahora que las arcas del Estado se han fundido, los privatizadores reclaman el retorno a la dolarización.

Por eso mismo, todos los oradores empresarios reivindicaron el “saludable giro” (sic) puesto en marcha a partir de 2013, cuando Gallucio-Kicillof premiaron a los productores de gas con un precio extraordinario por el gas en boca de pozo (por cuerda separada, los refinadores de combustibles conquistaban la duplicación del precio de las naftas). La cuestión es sencilla: los “nacionales y populares” le ofrecieron beneficios leoninos a los mismos grupos petroleros que perpetraron el vaciamiento de las reservas y la ´huelga de inversiones´ de las últimas dos décadas. Para ello, se justificaron en la escasez de producción local y en la necesidad de importar, o sea, en el cuadro de penuria generado por esos mismos pulpos, con la complicidad del kirchnerismo. La audiencia, en este tramo, fue reveladora, porque mostró que el tarifazo en favor de las petro-gasíferas tuvo su debut bajo el gobierno anterior –el macrismo sólo se ha abocado a financiarlo a través de un aumento directo sobre las tarifas en vez de hacerlo por medio de subsidios.

En la boca de los agentes de las petroleras, la pretensión de llevar el gas a los siete dólares sonó como un coro unánime. Sólo que se trata del mismo tarifazo que provocó una conmoción popular e incluso una fractura en el Estado. La audiencia podrá “cerrar” esa crisis en los papeles. Pero en términos políticos, devuelve las cosas a su punto de partida: el “pliego” de los pulpos es incompatible con la mayoría nacional que trabaja.

Los voceros y parlamentarios del Partido Obrero y de la izquierda, relegados a exponer ¡mañana sábado! explicaremos esas conclusiones de fondo, y llamaremos a luchar por la apertura integral de los libros y costos de toda la industria energética, para poner de manifiesto el parasitismo que quiere rescatar el tarifazo y proceder a su nacionalización bajo gestión de los trabajadores.


 

 

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