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4 de noviembre de 2016

La bochornosa justificación de Pichetto para avalar el “dietazo” y la xenofobia

El jefe de los senadores del FpV continúa paseando sus definiciones por los medios.
Por Dylan

El senador kirchnerista argumentó que “el destino final en la administración pública es estar procesado” (por la Justicia), por lo que los sueldos “deben ser razonables” y “es lógico que un senador gane 100 mil pesos”. Y volvió a redoblar sus declaraciones contra los extranjeros.

Miguel Ángel Pichetto, presidente del bloque de Senadores del Frente para la Victoria, sigue paseándose por los programas políticos para redoblar su xenofobia y, además, para justificar y defender el aumento del 47% en el Congreso, cuya derogación —conseguida parcialmente en la Cámara de Diputados— fue impulsada por el diputado Néstor Pitrola, del Partido Obrero-Frente de Izquierda. 

Aún más, argumentó que corresponde el aumento —decretado originalmente por las autoridades macristas— para equiparar las dietas legislativas con los sueldos en el poder Ejecutivo y el poder Judicial (dijo que un ministro gana 150 mil pesos y que un juez de primera instancia, 160 mil). Pichetto no hace más que clarificar la frontera que hay entre los sueldos de los trabajadores y los sueldos de “sus representantes”. El senador kirchnerista siguió con otras declaraciones sorprendentes: “La Argentina es un país complejo. Cuando se tiene el poder se tiene todo el poder. Cuando se va del poder no se tiene nada y, en general, se va camino a Comodoro Py”. Una confesión de parte, de la escuela del “hay que deja de robar al menos por dos años” de Luis Barrionuevo. 

Pichetto, por otra parte, dijo que “no se arrepiente” de sus dichos sobre la inmigración y fue por más: dijo que “la Argentina, que tiene situaciones de pobreza de muchos argentinos, debería analizar profundamente la cuestión ligada a delincuentes de países limítrofes que ingresan a cometer delitos”. En ese sentido, afirmó que va a presentar “un proyecto de ley para que los ciudadanos extranjeros agarrados in fraganti, en delitos simples en la calle, sean expulsados inmediatamente”. Es, en rigor, una vieja idea de Cristina Fernández: en 2014, cuando se discutía la reforma del Código Procesal Penal, el kirchnerismo, con el apoyo de Sergio Massa, propuso exactamente eso. 

En línea con el neonazi Biondini, Pichetto planteó que haya “mecanismos de compensación entre los países” y se quejó “de que, en todo noviembre, el Hospital Rivadavia está ocupado por ciudadanos paraguayos en los turnos que tienen previstos en las operaciones predeterminadas”. Omite decir que en Río Negro, su provincia, es generalizada la superexplotación de trabajadores migrantes -internos y extranjeros- en la industria frutícola. 

El presidente Macri pretende deslindarse de las declaraciones de Pichetto, elogiando a “las distintas corrientes migratorias”, pero no debe olvidarse que, hasta hace poco, el macrismo se “quejaba” del uso de las instalaciones sanitarias porteñas por parte de los "migrantes" del conurbano bonaerense.

Esta campaña fascistizante (Pichetto, Biondini, el infome xenófobo de Lanata en PPT), es característica en tiempo de crisis económica, para dividir de forma artificial a los trabajadores. El senador K —que, recordando sus años menemistas, dijo que el riojano “fue condenado injustamente” en la causa por el contrabando de armas— cerró con una tercera definición, esta vez sobre el derrumbe del Frente para la Victoria y del peronismo: "Adentro de mi partido (el FpV) hace mucho que no hay un debate profundo sobre muchas cosas; mi partido hoy no está preparado para ser una alternativa política. Para gobernar la Argentina hay que tener un plan y hoy eso no se da en el peronismo”. Pichetto, etapa decadente del kirchnerismo.

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