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21 de noviembre de 2016

Trump Tower Buenos Aires: haciéndole un favor a Donald

El nuevo presidente yanqui le pidió a Macri un permiso especial para construir su torre en la 9 de Julio. El Frente de Izquierda pedirá informes en la Legislatura.
En el programa de Lanata de este domingo, la periodista Romina Manguel reveló que en la conversación entre Trump y Macri de días atrás se abordaron temas bien terrenales, más allá de los buenos augurios o las frases hechas sobre las relaciones bilaterales. Lo de terrenal, en este caso, es literal: es que, según Manguel, Trump le habría pedido a Mauricio que le autorice a su empresa inmobiliaria –ahora manejada por Trump hijo- la construcción de una megatorre en el centro porteño. Como antecedente de esta revelación, cabe mencionar lo que informaba el suplemento “Clarín” de Arquitectura de hace una semana atrás.
 
Allí, se decía que “el proyecto Trump Office Buenos Aires se terminó en febrero de este año y se está esperando la aprobación por parte del Gobierno de la Ciudad para empezar la obra. Será un edificio premium de oficinas de 35 pisos con plantas de oficinas de hasta 800 metros y 4 subsuelos para servicios”. La nota agrega que “estará ubicado a cuatro cuadras del Obelisco”.
 
Según otras informaciones, el predio se encontraría en Bartolomé Mitre y Cerrito, donde –según el Código de Edificación– sólo se pueden elevar 35 metros de altura. La torre Trump, en cambio, tendría 135 metros. Ello explicaría la necesidad de un permiso especial, que terminaría recalando en la Legislatura. En ese caso, el magnate presidente y su hijo debutarían en Buenos Aires practicando el negocio que ya llevaron adelante hasta el cansancio los IRSA, Constantini y otros “desarrolladores”: comprar un terreno con bajo permiso de edificación (y por lo tanto bajo valor económico), “pedirle” a la Legislatura y al gobierno que lo rezonifiquen y lograr, por esa vía, una renta inmobiliaria extraordinaria. Las comisiones de esas rentas han lubricado, desde hace décadas, los vínculos entre el capital financiero y los gobiernos de nuestra Ciudad “autónoma”.
 
Esta vez, Mauricio Macri –que se entrenó en estos saberes gobernando ocho años la Ciudad- ha decidido ir por más: un negocio inmobiliario se colaría entre las solapas de la política exterior.
El tema no puede sorprender del lado de Trump, un inveterado especulador inmobiliario. Menos aún en el caso de la Ciudad: el gobierno de Rodríguez Larreta ha intensificado la política de venta de tierras públicas y megaproyectos a favor del gran capital, los cuales, en los últimos meses, se han activado al calor del blanqueo. Entre ellos, el remate de las tierras del Tiro Federal, de casi cuarenta hectáreas en el ex Parque de la Ciudad y las trece torres que IRSA proyecta en la Costanera Sur, levantando un muro de cemento en uno de los pocos pulmones de oxígeno con que cuenta la Ciudad. Lo mismo vale para el megashopping que IRSA proyecta en Caballito, un barrio colapsado por la construcción indiscriminada. Al servicio de esta orientación, Larreta prepara una reforma del código de planeamiento urbano, para “flexibilizarlo” a favor de los megaproyectos.
 
Con seguridad, la agenda de fin de año de la Legislatura porteña estará recalentada por estas iniciativas. La pregunta es: el gobierno nacional, ¿le ha asegurado a Trump que en ese paquete legislativo ingrese “su” Torre? El Frente de Izquierda presentará un pedido de informes en la Legislatura, respecto de las características constructivas de la Torre Trump; de su ubicación y pretensiones de edificación, en relación al código de edificación actualmente existente.
 
Si no fuimos rehenes de IRSA, Caputo, Constantini o Calcaterra, tampoco seremos rehenes de Trump.
 

 

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