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1 de diciembre de 2016 | #1439

Dólar a $16: ¿ganó Lavagna?

Aunque el gobierno salió con los tapones de punta a acusar a Lavagna por pronosticar un “colapso” económico si no se ejecuta una nueva devaluación, al final pareciera haber seguido sus consejos. En lo que va de la semana, el dólar no ha dejado de subir y ya está por superar los 16 pesos. Este aumento significativo está lejos de representar un techo. En los mercados a futuro la cotización ya ronda los 16,16 pesos para fin de año.
 
La medida no fue impuesta por el ‘mercado’ sino diseñada por el equipo económico y el Banco Central. La baja de la tasa de interés de las Lebac (de 26,75 a 24,75%) llevó a que los especuladores desarmen posiciones en pesos y se pasen al dólar. Para una devaluación aún más pronunciada, como la que reclama el lobby devaluacionista de la UIA, debiera profundizarse este mismo mecanismo. Tendríamos, así, una corrida cambiaria armada desde el propio gobierno, que promovería el pasaje del peso hacia el dólar. Las posibilidades de que esto efectivamente ocurra chocan con una lucha al interior de la clase capitalista, pero también con el temor del gobierno de que la situación se le vaya de las manos. Es fácil empezar las corridas, pero difícil saber cómo terminan.
 
Quienes promueven la devaluación mediante una baja de la tasa de interés afirman que servirá para reactivar la economía. Sin embargo, hay sobradas evidencias que muestran lo contrario. Después de todo, venimos de una devaluación del 50% y el resultado ha sido una mayor contracción económica, tanto de la producción industrial, de la construcción y de las ventas mayoristas y minoristas. El recurso que habitualmente se le asigna a la devaluación de facilitar las exportaciones también está cuestionado por la crisis brasilera, y más en general por la recesión internacional. La alteración del tipo de cambio podría aumentar las ganancias en pesos de los exportadores, pero no incrementar los volúmenes de ventas.
 
Para que una nueva devaluación no repita el mismo curso seguido por la economía durante el 2016 es necesario que sea seguida por un fuerte ajuste fiscal, sino al efecto inflacionario que produce la propia devaluación se le suma la emisión de pesos necesaria para enfrentar el déficit fiscal. Al final, la tasa de inflación supera a la tasa de devaluación y se vuelve al atraso cambiario. Esto vale especialmente para cuando las posibilidades de hacer frente a ese déficit por medio de nueva deuda está más que cuestionado por la suba de la tasa de interés internacional. Las señales de alarma en ese sentido se han disparado. Ambito Financiero denunció en la tapa que sube la emisión de pesos por primera vez bajo el gobierno de Macri. En un contexto recesivo, el impacto de esta emisión es claramente inflacionario.
 
Este ajuste fiscal es la consecuencia necesaria de la política que promueven Lavagna-Massa y sus laderos de la Unión Industrial. Que lo quieren ocultar se debe exclusivamente a motivos de corrección política y se entiende por qué. Dados los intereses sociales que lo impulsan, el ajuste fiscal será pagado integralmente por los trabajadores, con menos salarios y jubilaciones, y una desvalorización general del gasto social. A esto hay que agregarle que la devaluación afectaría la dolarización de parte de la economía, algo por lo que el macrismo trabajó desde su asunción.
 
Un ejemplo de esto son las tarifas, que al haberse establecido nuevamente su dolarización, sufrirían un aumento mayor al previsto si se altera significativamente el tipo de cambio.
 
El aumento del dólar de esta semana registra el avance del lobby devaluacionista, incluso al interior del propio gobierno. Se trata, sin embargo, de un paso módico que no satisface el reclamo de una parte de la clase capitalista que quiere un dólar por encima de los 20 pesos. Una medida de este tipo tendría alcances explosivos y requeriría recurrir a un ‘gobierno de unidad’ con sectores del peronismo devaluador. Al final, los dos denostados de la semana, Lavagna y Monzó, se saldrían con la suya.

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