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9 de diciembre de 2016

Impuesto al salario: una mofa a los trabajadores y el escenario de una mayor crisis politica

La aprobación, por parte de Diputados, del proyecto de ley que eleva el mínimo no imponible de Ganancias (impuesto al salario, como lo define ¡hasta La Nación! (6.12), no pasa de ser un escandalete de la llamada ‘oposición’ – la misma que se ha jugado todo el año por la defensa de la “gobernabilidad” de Macri. Estamos, en primer lugar, ante una repetición de lo ocurrido con el proyecto de ley “antidespidos”, cuando estos ‘opositores’ no hicieron nada por hacer valer los dos tercios necesarios para rechazar el veto del Ejecutivo. Como ocurriera en aquella ocasión, la burocracia de los sindicatos tampoco esta vez ha dicho esta boca es mía para apoyar con el anuncio de medidas de lucha un proyecto que lleva el piso del impuesto a $33.500, para solteros, y $44 mil para casados.

Por el contrario, la burocracia de Upcn y otros gremios acaba de firmar, en la provincia de Buenos Aires, un convenio que condiciona el aumento de salarios a una “inflación futura” indefinida, que Vidal fijó caprichosamente en un 18%, precisamente cuando vuelve a subir la tasa de inflación y los monopolios del gas reclaman aumentos de tarifas de tres dígitos. Este acuerdo que consagra la confiscación operada en el año que termina, es el ‘modelo’ que se intentará aplicar en numerosos sindicatos.

Mientras los ‘opositores’ que votaron el pago a los fondos buitres, un endeudamiento sin precedentes, la designación del ‘Lebac’ Sturzeneger, el blanqueo y el rechazo a los fallos judiciales ganados por los jubilados, posaban para la foto de un “frente opositor”, la gobernadora de la Provincia anunciaba la incorporación de 70 intendentes nuevos al bloque oficial y se conocía que el FpV había perdido 107 jefes municipales de este distrito. Todo indicaría, por otra parte, que el Senado trataría el proyecto aprobado hacia fines de mes. Asistimos, por lo tanto, a una nueva farsa política que se mofa de las aspiraciones de los trabajadores.

Disfraz

 Las farsas, sin embargo, son muchas veces el disfraz de una tragedia. Ocurre que la recesión industrial, en su quinto año, no hace más que profundizarse, sin que se prevea un arranque de las famosas inversiones. La perspectiva de financiar el déficit fiscal con deuda extranjera o nacional se ha debilitado por la reversión de la tendencia a la caída que mostraban las tasas de interés. La deuda acumulada por el Banco Central – casi $800 mil millones o u$s50 mil millones –, a tasas internacionales usurarias, es insostenible; o se la reduce mediante emisión de moneda (hiperinflación) o es transferida al Estado, aumentando un gasto financiero que llevaría el déficit fiscal a nivel de insolvencia. A su vez, la crisis financiera internacional podría disparar una salida de fondos de Argentina, tal como ocurre en China y en México, dos plazas que se encuentran en la mira de Trump.

Los tarifazos siguen pegando a los costos de producción y a los precios. El macrismo concluye su primer año en un claro impasse, y la pitonisa Beatriz Sarlo ha anunciado que Macri no concluiría su mandato si no gana las elecciones parlamentarias. La profesional de la crítica literaria no parece compartir la opinión de quienes dicen que Argentina no atraviesa una crisis de poder.

Nada revela mejor el impasse del conjunto de la burguesía que el reclamo desaforado de Techint de, por un lado, un precio superior al internacional para el petróleo y el gas que extraen sus compañías y, por el otro, un precio subsidiado para ese mismo petróleo y ese mismo gas cuando lo utilizan sus empresas siderúrgicas. Techint reclama también una protección contra el acero chino, cuando China es el mercado fundamental de la soja y el aceite de soja, las principales exportaciones de Argentina. Otro conflicto enfrenta a las petroleras, entre productoras y refinadoras, ya que estas últimas reclaman que el precio del crudo no supere el internacional. Donde no hay conflicto, por cierto, es en duplicar o triplicar el precio del gas en boca de pozo – el reclamo de fondo de los que operan Vaca Muerta (que, de otro modo, sería inviable).

Impasse

Este impasse explica la crítica de La Nación al proyecto de Ganancias de Macri, que aumenta el mínimo no imponible sólo un 15% y por lo tanto afectaba a un número mayor de trabajadores como consecuencia de los próximos aumentos salariales. El libreto de los ‘técnicos’ de Prat Gay de aplicar, aquí también, la meta “inflación esperada”, implicaba un nuevo golpe al consumo final. El capital no obtiene ningún beneficio de este impuesto, salvo que la recaudación se encuentre asignada a subsidios para las compañías. De otro modo, ese impuesto les reduce las ganancias, si se compensa con aumentos de salarios, o la demanda, si no fuera ocurriera eso. Es natural, entonces, que hasta el diario mitrista lo califique de “distorsivo”.

El punto principal de choque del proyecto ‘opositor’ con el gobierno tiene que ver, como lo advertí en un artículo anterior, con el financiamiento del mayor gasto que insumiría una reducción del impuesto al salario. El enfrentamiento tiene lugar dos semanas después que todos juntos, incluido el kirchnerismo, aprobara el Presupuesto – o sea los gastos y los recursos. Los ‘opositores’ saben muy bien que un impuesto a las mineras, a las Lebac, al dólar futuro y a los depósitos, darían por tierra con la política de Macri y con el propio gobierno. En el caso del juego, que financia al punterismo oficialista y opositor, fue denunciado como beneficioso para sus capitalistas, aunque se pretendía dar la impresión contraria. Asimismo, el impuesto a “la renta financiera” excluye a las ganancias de capital por compra-venta de acciones y títulos púbicos, lo que delata el vínculo de los ‘opositores’ con el mercado de capitales.

Una propuesta de financiación de estas características revela que los ‘opositores’ no tienen el menor interés en que el proyecto entre en vigencia, y que tienen decidido dejar pasar un veto de Macri. De todos modos, la farsa pone de manifiesto un intento de ofrecer una política de recambio ante el impasse económico, porque apunta a una nueva devaluación, o sea a una desvalorización del gasto y de la deuda pública en pesos, y también una protección a la industria. Es esto lo que planteó, precisamente, el ‘colapso’ Roberto Lavagna cuando denunció, recientemente, la inviabilidad de la economía macrista.

Régimen político

 Esta crisis, ¿significa que se acabó el “régimen de coalición a la carta”, que gobernó hasta ahora mediante una alianza del ejecutivo con el parlamento? El acuerdo para modificar la ley de seguros contra accidentes de trabajo, entre el macrismo y el massismo, para favorecer a las ART, lo desmiente. La ‘oposición’ no tiene el menor interés en precipitar una salida en helicóptero, ni siquiera tiene los recursos para ello – como lo demuestra la alianza de las “organizaciones sociales” K con la ministra Stanley y la gobernadora Vidal, y la mencionada deserción de intendentes K hacia el macrismo.

Eduardo Duhalde ha vuelto a recomendar un “cogobierno” de oficialismo y oposición, mientras gana adeptos la posición del presidente de Diputados, Emilio Monzó, de incorporar peronistas al gabinete, aunque sin acuerdo formal con Massa o Bossio. Macri necesita conservar, sin embargo, su independencia política de la ‘oposición’ para conseguir alguna chance en las elecciones de finales de año. La tendencia es, en principio, a dirimir en esas elecciones las formas del régimen político actual.

Fuera del alcance de estos protagonistas se encuentra, sin embargo, la crisis mundial, de un lado, y el impasse creciente del macrismo, por el otro lado, ante el agravamiento de la crisis económica y social en el país. Existe una manifiesta crisis de poder, que se manifiesta en el desborde del proceso económico y en el uso de recursos de emergencia para zafar de la coyuntura. El gobierno acaba de autorizar a los bancos a usar los dólares que tienen en depósitos para financiar operaciones en pesos, en especial al propio Estado. Esto supone un ‘descalce’ de monedas, que puede ser fatal en una devaluación.

El sistema bancario registra créditos por solamente el 15% de sus activos, o sea que es una banca transaccional, que se aprovecha de la deuda pública y del Banco Central. En lugar de los ruinosos Lebac, con el pretexto de frenar la inflación, habría simplemente que nacionalizarla, lo que resultaría en una gestión más barata de la moneda.  Eso de que “somos gradualistas porque podemos financiar el déficit” es una justificación de apuro frente a la presión social, y una justificación por sobre todo de las pingües ganancias que ofrece el endeudamiento sin control del estado nacional, las provincias y las compañías. Cualquiera sea la suma que recoja el blanqueo, aportará poco a las arcas fiscales, por el costo que bajísimo que representa para los evasores y porque la mayor parte seguirá en el exterior, o sea tributando afuera. De últimas, representaría una masa mayor de divisas que saldría al exterior en caso de una crisis financiera.

 Movimiento obrero

En este escenario, los planteos reivindicativos de la clase obrera (como el proyecto de abolición del impuesto a los salarios, que presentó el Frente de Izquierda y defendió en el reciento Néstor Pitrola) deben ser conectados a la crisis política general. El movimiento obrero necesita tener hoy más que nunca un programa de conjunto para ofrecer a todas las clases social, para desarrollarse como alternativa de poder.

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