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21 de diciembre de 2016

Macri y Massa celebran el 20 de diciembre declarando vitalicia la "tablita de Machinea"

Como era previsible, el 'empuje' de Massa para 'mejorar' el ingreso de los trabajadores concluyó en algo peor que una farsa - en un desfalco. En lo relativo a las escalas, dejó prácticamente como está la "tablita" que impuso Machinea, el primer ministro de Economía que designó De la Rua. En lugar de volver a los valores del 2000 (en la práctica, las escalas se encuentran congeladas desde esa fecha), lo que suponía introducir un ajuste del 2000% en esas escalas, el proyecto que se aprueba determina uno, definitivo, o sea inamovible, del 150%. En este punto, el proyecto original de Macri era considerablemente mejor, porque establecía el ajuste del 2000% en un lapso de tres años (Ver Ismael Bermúdez en Clarín, 21.12). La 'cocina' del proyecto final, recoge las escalas casi congeladas de la iniciativa de Massa y Kicillof y adopta un mínimo no imponible que se acerca al objetivo de Macri - bastante inferior. La burocracia sindical ha refrendado una doble expropiación: a los que deben pagar sobre el mínimo y a los que pagan por encima de él. Condimentaron el plato de ganancias con la parte más negativa de cada uno de los proyectos.

El porcentaje de la suba del mínimo no imponible es inferior al de la inflación. De modo que cuando se pacten los nuevos convenios y la suba de salarios nominales, un número mayor de trabajadores quedará alcanzado por el impuesto - salvo que las subas salariales sean inferiores a la inflación, que es lo que pretende el gobierno. De hecho, la corrección del mínimo anticipa el porcentaje de aumento de salarios que macristas, peronistas, pejotistas, socialistas, y sureños libres, pretenden imponer en 2017. Los bancos y las mineras quedaron libres de impuestos a la renta financiera y de exportación, lo cual fue aplaudido por la 'burguesía nacional'.

La 'progresía' criolla insiste en que el llamado impuesto a los ingresos (personales) es absolutamente positivo, porque gravaría al que más gana. Es lo que ha sostenido siempre, para apoyar el impuesto al salario, por ejemplo, el periodista Bercovich, que ahora se ha convertido en opositor estridente a lo que defendía bajo los K.

Ocurre que en Argentina, el impuesto a las ganancias no es un impuesto a los ingresos personales sino a las ganancias del capital, por eso su nombre. Dentro de este impuesto al capital existe un capítulo para la "cuarta categoría" - un equivalente a ingresos personales, del cual estaban excluidos los salarios de trabajadores ("el mínimo no imponible). El impuesto al salario es retenido en la fuente por las empresas, o sea que el trabajador lo paga en forma compulsiva, sin atender a si su economía familiar le permite pagarlo. Las empresas, en cambio, presentan declaraciones de impuestos de sus ganancias, por lo que está en su arbitrio el manejo de los tiempos de pago o acogerse a "moratorias" para las que se encuentran en deuda. Es lo que ha ocurrido con frecuencia con el IVA, Ingresos Brutos o el impuesto a los combustibles, como hizo, en este caso la Oil de Cristóbal López, que retuvo 8 mil millones de pesos.

Un impuesto a los ingresos es progresivo si, en primer lugar, exime de él a los trabajadores cubiertos por convenios colectivos; en segundo lugar, si es progresivo en las escalas; y por sobre todo si esas escalas no tienen tope - porque al final un billonario termina pagando el mismo porcentaje del 35%, que podría gravar a un profesional.

En resumen, el pacto Massa-Macri-Moyano incrementa el número de trabajadores que pagará el impuesto al salario el año que viene y congela (a partir de una pequeña reducción) los valores de la tablita de Machinea, que perjudica a ingresos medios y a trabajadores autónomos.

Publicado en https://www.facebook.com/jorge.altamira.ok/posts/667590196755178

 

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