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22 de diciembre de 2016

Aerolíneas: la renuncia de Isela Costantini

El gobierno prepara una ofensiva contra los trabajadores aeronáuticos.

La renuncia de Isela Costantini de la presidencia de Aerolíneas es una expresión de la crisis que atraviesa el macrismo y su impasse económico, cuya salida exige un ataque brutal sobre los trabajadores aeronáuticos y todo el movimiento obrero.

Su padrino en el gabinete, Guillermo Dietrich, impulsa una política de cielos abiertos para el ingreso de competidores directos de Aerolíneas, especialmente de líneas low cost (de bajo costo) que vienen a operar con trabajadores precarizados, fuera de los convenios colectivos y con derecho a perforar los pisos tarifarios que hoy define Aerolíneas.

En este cuadro, sostener la competitividad de la empresa implicaría ejecutar un ajuste mayor que el que Costantini había implementado hasta el momento. “Aerolíneas Argentinas tiene un rojo superior a los US$ 1154 millones. En el año que estuvo a cargo, (Costantini) trabajó para bajar el déficit diario que genera la empresa, aunque quedó lejos de los objetivos que se planteó”, asegura el diario La Nación (22/12), reflejando las tensiones al interior del gabinete. “Desde agosto, la relación entre Dietrich y la ejecutiva ya no era la misma que la del inicio de gestión. El ministro ya le había adelantado a Costantini que pretendía algunos resultados. Consideraba que no había una línea clara en algunos sectores determinantes como el comercial y el económico. Más aún frente a un año que inicia con la competencia de otras empresas a la vuelta de la esquina” (ídem, 21/12). La primera crisis con el gabinete macrista se produjo cuando reclamó el desplazamiento del directorio de Lopetegui, CEO de LAN y vicejefe de gabinete, sindicado como operador de la apertura en detrimento de Aerolíneas.

La ex CEO de General Motors inició su gestión rescindiendo el convenio de Aerolíneas con la compañía aérea SOL, provocando su cierre. Allí, comprobó que ningún gremio iba a defender a los 300 despedidos. Continuó con el cierre de escalas y unos 400 despidos encubiertos bajo la forma de "retiros voluntarios" y jubilaciones anticipadas. También intentó tercerizar a Costa Rica la reparación de aviones, lo que fue impedido por los técnicos de Austral. 

El gobierno redujo en un 65% el subsidio que recibía Aerolíneas, que la gestión de Costantini compensó con el derrumbe de los salarios medidos en dólares, la intensificación del trabajo por el incremento de vuelos y de pasajeros con igual o menos personal y la caída de los precios del combustible.

"Los trabajadores que se opongan a nuestro negocio no van a estar más en la empresa", dijo frente a la primera medida de fuerza de los pilotos. Sin embargo, suscribió una paritaria del 35% –en negro– por 11 meses, que los sindicatos aceptaron sin lucha (la burocracia la despidió con halagos), pero no sin crisis. Finalmente, los pilotos arrancaron con su paro la dolarización de un bono y su eximición de Ganancias, lo que desató la rebelión de los técnicos de Austral, que todavía exigen los mismos beneficios.

La debilidad de origen de Isela Costantini parece haber dado lugar a una gestión que viene para destruir las conquistas obtenidas al calor de la lucha de los trabajadores de Aerolineas Austral contra los sucesivos vaciamientos, estatales y privados. Esa tradición sigue presente y pondrá a prueba la calidad de las direcciones sindicales aeronáuticas.

A cargo de la empresa ha quedado un personaje nefasto, Mario Dell'Aqua, actual presidente de Intercargo, ex directivo de Techint y egresado del Liceo Naval Militar, quien en mayo nombró a dos genocidas de la Armada como gerente y subgerente de esta empresa fundada por Yabrán y hoy en manos de los Ministerios de Economía y Defensa.

 

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