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2 de diciembre de 2004 | #879

Un "encuentro" kirchnerista

El documento convocante de la reciente reunión centroizquierdista de Rosario exime de cualquier necesidad de caracterización, pues define a la “gestión [de Kirchner]” en términos que no permiten la menor confusión: “capaz de (...) expresar la lucha popular" y de “enfrentar a los acreedores".
 
La masa de los que concurrieron a Rosario no solamente formaron parte de los gobiernos de Menem y De la Rúa sino que ahora también son gobierno en las ciudades de Córdoba, Morón, la Capital Federal y Santa Fe. En este carácter, gobiernan en estrecha colaboración con los Kirchner y Lavagna, y están cooptados a su política de rescate del capitalismo local y extranjero, que se expresa en los pagos al FMI, la creación de una nueva deuda externa y un superávit fiscal para los usureros internacionales que se obtiene a costa de una extraordinaria miseria popular. A excepción de una representación del Mocase, que lamentablemente colabora con el gobierno sin salida del interventor en Santiago del Estero, ninguna organización de base protagonista de luchas recientes se hizo presente en Rosario.
 
El “socialista” Rivas le informó a la prensa de un programa que no contiene ninguna reivindicación popular. Lo advirtió toda la gran prensa, que cubrió generosamente el Encuentro. Un ex menemo-duhaldista, Mario Cafiero, llamó a no luchar contra el “neoliberalismo”, sino contra el “neocolonialismo y su aliado local: la derecha cipaya” (La Capital, 28/11), no contra el gobierno que envía tropas a Haití, en una acción funcional con la guerra imperialista en Irak.
 
En este marco conceptual, el reconocimiento de “la potencia de la movilización popular” le sirve a los firmantes para introducir la idea con la que quieren autovalorizarse ante el poder; por eso hablan de la “ausencia de una experiencia política con capacidad de movilización” (“contradicción básica del momento político”, insisten). Con esto expresan claramente el propósito de someter al movimiento popular a una dirección política de contenido capitalista y destruir con ello las posibilidades de las organizaciones que plantean que la dirección del movimiento popular sólo puede triunfar bajo la dirección política de la clase obrera. La pretensión de construir una dirección política pora las masas bajo la dirección del ex cavallista, ex mendigurenista y actual pesificador Carlos Heller, banquero, delata la impostura de los “encuentristas". Heller, defensor en su momento del corralito, acaba de definir a la pesificación que confiscó en forma brutal a miilones de trabajadores, como una manifestación de “soberanía monetaria". Su socio del momento; Mario Cafiero, no sabía seguramente que lo estaba desmintiendo cuando dijo, hace una semana, que el régimen monetario  actual era “una nueva convertibilidad
de 1 dólar a 3 pesos”.
 
IU jugó un rol protagónico en la elaboración de esta coalición anti-popular; no solamente por medio de Heller y del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. La diputada representante oficial de toda IU (o sea del PC y del MST) en el Congreso nacional adhirió al Encuentro. La lectura del documento, mencionado que inauguró el Encuentro estuvo a cargo de Edgardo Form, miembro de la dirección del PC. Lo hizo en nombre del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Otros importantes dirigentes del PC, además de su secretario general que llevó la representación oficial, lo hicieron como “cooperativistas”. Es el caso de Julio Gambina (Página/12, 28/11).
 
A los presentes se les escapó que bajo el nombre del ‘cooperativismo’ trafica la gran banca “nacional”, uno de los sectores más privilegiados por la “pesificación”. La Abappra, de Carlos Heller, selló recientemente un pacto con la otra Asociación de Bancos, la que representa a los extranjeros instalados en el país, y llevó una voz común al Congreso de la Federación Latinoamericana de Bancos, realizado días atrás en Guatemala, en defensa del arreglo de la deuda capitaneado por Lavagna-Kirchner (pagos al FMI, superávit confiscatorio, saqueo de reservas del Banco Central).
 
Marta Pelloni fue la única que recordó públicamente al “extinguido frente contra la pobreza” (La Capital, 28/11) que precedió este frente. De este ex Frenapo no se volvió a hablar más después del Argentinazo, al que sus dirigentes denunciaron.
 
Los presentes en Rosario dijeron que se encontraban allí a “título personal”. Esto vale no sólo para los referentes “sociales” de la CTA, surcada por corrientes kirchneristas (D’Elía) y/o aristas (Maffei). Se expresa, incluso, al interior de los principales partidos que fogonearon el Encuentro, como es el caso del PS (Giustiniani). Ni hablar de la presencia de la dirigente radical bonaerense, Stolbizer. El “frenteamplísimo” debutaría en el plano electoral en el 2005, en el mejor de los casos, sólo en dos distritos: Córdoba y Neuquén (Página/12, 28/11), para enfrentar a rivales de Kirchner. Mientras tanto, como vienen las "vacaciones", hasta abril no tendríamos novedades. La elección de la ciudad sede del Encuentro, por último, no fue casual: Rosario es política y socialmente el prototipo do “despegue” que promueve el ‘neoliberalismo’ centroizquierdista: donde se concentra la patria exportadora, devaluada y a favor del negocio turístico.
 
En definitiva, el Encuentro puso de manifiesto que es un apéndice del kirchnerismo y que incluso no ha abandonado las expectativas de “transversalidad" que alienta el gobierno para el caso de la ruptura con Duhalde. No ha surgido de allí ni siquiera un frente (burgués) opositor.
 
La cosa no puede ser mas clara: ¡por una alternativa obrera y socialista!

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