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30 de marzo de 2006 | #939

El 24 de Marzo fue jornada de lucha

Ahora y siempre
Por más barullo que hagan los alcahuetes del gobierno, nadie desconoce que durante varias semanas el gobierno estuvo planificando la conmemoración de un 24 de marzo oficialista, incluida una salida al balcón. La decisión de convertir a la fecha en un feriado iba en esa misma dirección, con un agravante suplementario: que al transformarse en efemérides, el 24 de marzo perdiera su condición de jornada de lucha contra la represión y por la defensa de los derechos políticos y de organización de los trabajadores, y quedara convertido en una pleitesía a la democracia de turno. Pero la dictadura no fue un accidente de ruta que los argentinos deberían recordar como una pesadilla, sino el producto concreto de una organización social y política determinada. Esa organización social y política sigue en pie, y con ella los aparatos de conspiración y espionaje para hostigar y reprimir a los trabajadores que luchan. Apenas un par de días después, la ministra Miceli fue agasajada, en un hotel lujoso de la Recoleta, por los empresarios menemistas que dieron el golpe de 1976, con el patrón procesista Julio Werthein a la cabeza. El máximo disenso que osó ostentar la funcionaria fue sustituir un lomo a la pimienta por un pescado, como acto de solidaridad con la campaña contra el consumo de carne. El disfraz derecho-humanista del gobierno actual no alcanza a disimular la feroz intención de redorar los blasones del aparato represivo, para que sirva con eficacia a la defensa del orden existente. La hipocresía es tan inmensa que, sin solución de continuidad, Aníbal Fernández promovió el encarcelamiento de dos dirigentes del sindicato aeronáutico en lucha, por un incidente del cual es responsable el propio ministro, que se niega a ordenar el tránsito cuando hay manifestaciones, con la clara finalidad de promover los encontronazos con automovilistas y transeúntes. Al mismo tiempo abundan las evidencias de que el gobierno está intentando preservar al jefe de la Armada, que se encuentra denunciado por amparar a la red de espionaje en la base de Almirante Zar.
 
El fracaso de esta tentativa de estatización del 24 de marzo provocó una enorme crisis en el oficialismo, solamente inferior a la que podría desatar en los próximos días el desaguisado de la ‘tregua’ fraudulenta por la instalación de las pasteras contaminadoras. Es que en contraste con este fracaso, que volvió a poner al desnudo la pelea dentro de la federación de camarillas que caracteriza al kirchnerismo, unas casi cuatrocientas organizaciones habían coincidido en convocar a una jornada de lucha, cuyas reivindicaciones quedaron plasmadas en un ‘mamotreto’ tanto más largo cuanto más se acumulan, en la realidad, los agravios del Estado capitalista y de su régimen contra el pueblo. Para no faltar a la cita con sus propios principios, el gobierno nac. & pop. acababa de rechazar en una conferencia sobre el agua, en México, el derecho humano a ese recurso de la naturaleza y había votado a favor de la privatización de su explotación. Al mismo tiempo, como si ignorara el dicho que lo que abunda no daña, excusaba con un reclamo a la justicia su oposición a derogar los indultos, no solamente por la vía del decreto sino también por ley. Igualmente seguía manteniendo tropas del ejército en Haití para realizar el trabajo sucio de represión interior, en el marco del terrorismo de Estado internacional que lleva adelante el gobierno Bush. A los demócratas del ‘boletín oficial’, nos referimos por supuesto a Página/12, no les gustaron ni un poquito estos planteamientos. Pero entonces tampoco tienen autoridad para conmemorar a treinta mil desaparecidos, porque hasta nuevo aviso esos compañeros lucharon, cuanto menos, por la “patria socialista” —de ningún modo por la “reconstrucción de la burguesía nacional”. Nadie se juega la vida para reconstruir a la burguesía nacional.
 
Aún hoy, cuando ya ha pasado una semana del 30º aniversario, continúan las persecuciones contra los obreros petroleros de Santa Cruz y avanza la instalación permanente de la Gendarmería en la región. ¿No es claro que se trata de proteger los intereses de las petroleras y la mayor explotación de los trabajadores? Los derechos no se pueden defender ignorando la organización social y política que los pisotea.
 
¡100.000 personas, la movilización más grande de las últimas décadas, escuchó hasta el final el ‘mamotreto’ que reivindicaba al 24 de marzo como una jornada de lucha! En contraste con esta gigantesca delimitación política, el lunes siguiente, los legisladores de Macri y de Carrió celebraban con el gobierno de la Ciudad la asunción de los nuevos ministros mostrando ,hasta para los ciegos, la convergencia de principios y de intereses entre ‘opositores’ y oficialistas.
 
Se equivocan los que denuncian un enfrentamiento entre los convocantes de la marcha y firmantes del ‘mamotreto’ con las Madres y Abuelas. El reo en esta historia es el gobierno que ha cooptado a algunas dirigentes de esos movimientos, como ya lo hiciera antes con los ‘piquetruchos’. El reo es el Estado y sus funcionarios, que manejan poderosos elementos de presión. Un análisis crítico de la jornada que omita este ángulo debe concluir en una gran pavada. Hace tiempo que algunos organismos, pero en especial algunos dirigentes, actúan en la órbita del Estado; ahora estos dirigentes tienen familiares en el gobierno, como es el caso de Estela Carlotto o el de Esther Vázquez, la madre que tomó la palabra luego de la lectura del documento. Recordemos que lo hizo por instigación de una patota de la JP, que se había instalado frente al escenario cuando todavía no había nadie. Se critica la politización de la jornada del 24, ¡como si el aniversario de un golpe militar no fuera la más política de las jornadas!, pero se pone un manto vergonzoso de encubrimiento al ‘trabajo’ de Estela de Carlotto para que Ibarra no perdiera el puesto que hubiera debido dejar cuando se fueron sus padrinos De la Rúa y Chacho Alvarez.
 
“Tienen 364 días para hacer política, dejen uno para la memoria”, pretendió justificar alguien que no quería una jornada de lucha. Podríamos entonces celebrar el 1° de Mayo en Navidad o en Carnaval. Es lo que ocurre, por otra parte, en Estados Unidos, que celebra el ‘día del trabajo’ en noviembre, y no por casualidad, sino porque fue precisamente una masacre obrera en Chicago la que conmemora el 1° de Mayo como jornada de lucha. La burguesía norteamericana ‘homenajea’ a los trabajadores de acuerdo a sus propios métodos. Los explotados deben hablar por sus heridas y reivindicar sus símbolos y sus mártires y héroes; de lo contrario, el adversario distorsionará su historia y confiscará el futuro.
 
Hay que admitir, sin embargo, que el gobierno consiguió alguna cosa con su operativo fracasado: que no se hablara de la responsabilidad del peronismo en el golpe militar. Un peronismo que también había llegado al gobierno, después de 18 años, para reconstruir a la burguesía nacional —aunque no usara ese pseudo lenguaje precisamente. Para gobernar para las patronales diseñó una política de regimentación de los trabajadores, de cooptación de la burocracia de los sindicatos y de aniquilamiento de su vanguardia. Con López Rega, las tres A y la llamada ‘patria sindical’ recorrieron el primer tramo del camino que luego ‘completó’ la dictadura militar. Cuando Aníbal Fernández menciona a la “izquierda siniestra”, se nutre en esa tradición criminal. En el 30º aniversario lo tuvimos, como debía ser, en la vereda de enfrente.
 
La vereda de los que luchan por los derechos humanos y las libertades no será nunca la de Aníbal Fernández. Aníbal Fernández tiene que renunciar.
 
El 24 de marzo fue una jornada de lucha. Ahora y siempre.

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