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30 de marzo de 2017 | #1452

La candidatura de Cristina

La candidatura de Cristina no sólo es una cuestión del PJ. Caracterizarla, interesa también al desarrollo de una conciencia política de clase de los trabajadores, incluyendo las estratégicas elecciones en la provincia de Buenos Aires, y más allá de ellas.
 
Partamos de la base: la derrota de Daniel Scioli (el candidato más probable, incluso para el Departamento de Estado) obligó a un cambio en la hoja de ruta para llegar al mismo destino: la descarga de la crisis y bancarrota que dejó el kirchnerismo sobre las espaldas de las masas. Cristina, desde su derrota en 2013 ante Sergio Massa, empezó ella misma la tarea de “devolver a Argentina” a los mercados mundiales mediante la cancelación usuraria de deuda con el Club de París, la escandalosa indemnización a Repsol, el pacto YPF-Chevron y el comienzo de paritarias a la baja y el impuesto al salario. Le preparó el terreno a Mauricio Macri y a Scioli, que ganó en primera pero perdió en segunda vuelta. Esta comprensión es decisiva para discutir entre los trabajadores el carácter y los problemas que plantea la candidatura de CFK.
 
Con Scioli, Cristina habría tenido un salvoconducto judicial sobre la enorme corrupción K y el pasaje más o menos indoloro del kirchnerismo al PJ. Se hubiera realizado en una transición con el peronismo en el poder. Macri, a cargo del poder y sin espaldas políticas propias para llevar adelante la tarea, apeló a la división del peronismo por medio de la caja del poder, a la coalición ley por ley con el massismo y las alas del PJ, y a sucesivas negociaciones y pactos con los gobernadores. La Vidal reprodujo de manera ampliada esa política apelando a un pacto permanente con el FR al que le cedió la presidencia de Diputados bonaerenses con Jorge Sarghini, se valió de la ruptura en tres del FpV y fue cooptando y pactando con intendentes peronistas. 
 
El impasse del gobierno Macri, las descomunales movilizaciones obreras y populares de marzo, y -en particular- la gran huelga docente, han puesto de relieve un enorme descontento popular que ponen en crisis el armado electoral de Cambiemos (hasta ahora sin candidato a Senador), por un lado. Por otro, le han dado al “volveremos” de un FpV en desintegración, un punto de reagrupamiento y especialmente alrededor de la candidatura de CFK.
 
 
Con el PJ
 
Frente a este cuadro, la política kirchnerista ha sido cerrar filas y no romper con el desprestigiado y fracturado aparato peronista. Al contrario, Máximo Kirchner se ha pronunciado por la unidad del peronismo y empujó la foto de San Vicente con todas las fracciones, para dar la señal de que Cristina está dispuesta a negociar toda su situación, judicial y política, a partir del PJ. La primera conclusión para la clase obrera es que el kirchnerismo, que gobernó con la burocracia sindical, con los Insfrán y los “Barrick”Gioja; ahora vuelve, debilitado, sobre los mismos pasos.
Los distintos grupos del peronismo bonaerense, desde los alineados kirchneristas directos como Jorge Ferraresi y Patricio Mussi (intendentes de Avellaneda y Berazategui), el grupo Esmeralda de Insaurralde y otros, el tándem Magario-Espinoza o Katopodis de San Martín, todos quieren meter mano en el armado de las listas, lo que transformaría a la candidatura de Cristina, esencialmente, en mascarón de proa del PJ. Florencio Randazzo opera para enfrentar a Cristina o para condicionar su posición, lo mismo que hace Urtubey en el orden nacional del PJ. Pero para la mayoría del peronismo, el kirchnerismo es cosa del pasado, de la que hay que salir definitivamente.
 
Esta comprensión y la nueva etapa de crisis del gobierno Macri abierta este año han llevado a Emilio Monzó a reiterar la necesidad de reforzar la pata peronista de Cambiemos o incluso a plantearse un gobierno de coalición después de octubre. Por ahora sólo cuentan con Eduardo Duhalde y su desprestigio para una operación de este tipo. El PRO y Jaime Durán Barba también rechazan la perspectiva y apuestan fuerte a la derrota de la huelga docente para conferirle autoridad al gobierno.
 
Esto se aprecia en otro andarivel, tal vez el que más importa, que es el de la burguesía de carne y hueso. Las escuchas últimas expresan el resentimiento de Cristina con la UIA. Al mismo tiempo, la UIA atraviesa por estas horas una crisis interna por el tipo de cambio, la complacencia con los permisos de importación, el reclamo de más compensaciones o incluso un tipo de cambio diferenciado para las economías regionales (Aldo Pignanelli). Justamente, CFK habla de que el dólar debería estar a 20 pesos en una de las escuchas en las que despotrica contra la UIA como amante despechada. 
 
Carlos Pagni, de La Nación, se quejó del apoyo a la movilización del 7 de marzo, que terminó con la rebelión contra el palco, por el apoyo recibido por parte de la Came y “algunos dinosaurios” de la UIA. La ex presidenta puede querer cabalgar en las disidencias de la burguesía, que pretende ajustes frente a la crisis industrial y de importaciones, sin por ello cuestionar todo el rumbo hacia el capital financiero, el ajuste fiscal y la ofensiva contra los convenios y salarios, algo que la dama de Calafate comparte también.
 
El hecho de que el Movimiento Evita plantée que CFK dé un paso al costado y ahora se sume Axel Kicillof a la propuesta, indica la trituradora y el tobogán irremediable en el que están los “nacionales y populares”, aunque la crisis del gobierno Macri los revitalice en las encuestas. Guillermo Moreno dispara todo el tiempo que “no empujamos a Macri, lo nuestro es mostrar el modelo alternativo para volver en 2019”. A buen entendedor, pocas palabras: acompañamos el ajuste desde una postura opositora y después pedimos el voto. Pero Massa ha retrocedido, justamente, por esa postura.
 
En resumen, la candidatura de CFK concurre a servir a la unificación de un PJ comprometido hasta los tuétanos con el ajuste. Si no va, es para evitar su fractura.
 
La izquierda tiene una enorme oportunidad si la sabe aprovechar. Se mostró el 24 de Marzo, donde pudimos convocar un campo de masas imponente de la izquierda en independencia política del kichnerismo, en nuestro caso, la mayor columna del PO en la historia de los 24. Para intervenir con una política común en torno del paro activo nacional y el plan de lucha, por la victoria de los docentes y AGR-Clarín, de frente único para poner en pie al movimiento obrero y ocupar toda fábrica que cierre y, para articular esa intervención con la alternativa política de la izquierda y los trabajadores mediante listas comunes, hemos propuesto al FIT un congreso del movimiento obrero y la izquierda.

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