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1 de mayo de 2017

Por las paritarias, más trabajadores pagarán Ganancias

Por la abolición del impuesto al salario

Como consecuencia de los aumentos surgidos de las discusiones paritarias, nuevos trabajadores que no pagaban pasarán a hacerlo. En la actualidad, ya están abonando ganancias 1.400.000 trabajadores. Partiendo de aumentos promedio del orden del 20 por ciento, que es el techo que pretende hacer pasar el gobierno, se estima que pasarían a pagar por lo menos unos 400.000 asalariados más. Ni que hablar si se supera esa pauta, como resultado de la lucha que se está librando en diferentes gremios por quebrar los topes oficiales.

Tengamos en cuenta que con un salario de bolsillo de $21.500 para un soltero y $26.000 para un casado se supera el mínimo no imponible y se empieza a abonar el impuesto. Hay que tener presente que el aguinaldo, que a través de sucesivos decretos venía siendo excluido del impuesto bajo el kirchnerismo, con la nueva ley pasa a entrar en el cálculo.

Por otro lado, los aumentos y la incorporación del aguinaldo incrementan el impuesto de los que ya están abonando. Aquí es oportuno recordar que las escalas del impuesto, que venían congeladas desde el 2001, se ajustaron en forma irrisoria: sus valores fueron multiplicados por dos cuando hubiera correspondido hacerlo por 6 o 7. De manera que cada $1.700 que aumente el salario mensual de bolsillo se salta a una alícuota superior.

Importa señalar que los mínimos no imponibles se ajustan una vez por año. La ley ni siquiera contempla una actualización semestral, como la que rige, por ejemplo, para los haberes jubilatorios. Este criterio, fogoneado por algunos gremios, fue expresamente rechazado al momento de tratarse la nueva normativa. Pero, además, ni siquiera asegura una corrección por inflación pues la actualización se guía por variación del salario promedio de la economía que publica el Ministerio de Trabajo (Ripte) pero condicionada a los niveles de recaudación.

Con la nueva ley, el impuesto al salario vino para quedarse. La normativa, consensuada entre Cambiemos y el massismo y apoyada por gran parte del PJ, representa una perpetuación y legitimación de este impuesto confiscatorio. Si la burocracia se ilusionaba con un posible anuncio de Macri de excluir del impuesto a las Ganancias a las horas extras y feriados –que tampoco podría disimular el impacto creciente que tendrá el gravamen en los próximos meses– puede seguir esperando.

El argumento utilizado para mantener el impuesto a los asalariados es que no se podía desfinanciar al Estado y agravar el déficit fiscal. El impuesto al salario representa un ingreso a las arcas del Estado de $110.000 millones, en tanto que un cálculo conservador indica que las exenciones por Ganancias, empezando por las rentas financieras ascienden, a $300.000 millones. Dos varas muy distintas, según los intereses de clase a los que se hagan referencia.

En la batalla que tenemos por delante en relación la discusión paritaria que se viene, es necesario tener bien presente la incidencia del impuesto a las Ganancias a la hora de definir el reclamo salarial, de modo tal que el salario de bolsillo no se vea recortado por el gravamen.

El panorama señalado vuelve a subrayar la importancia y actualidad de la reivindicación de la abolición del impuesto al salario, como una bandera central del movimiento obrero que la burocracia ha archivado como parte de su tregua con el gobierno.

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