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12 de abril de 2006 | #941

Los trabajadores de Editorial Abril y el golpe de 1976

Por Roberto Gellert
Caballo
Aproximadamente un mes después del golpe del 24 de marzo tuvo lugar un hecho que conservo en mi memoria (excepto su fecha exacta) que es, a mi entender, un emblema de la lucha obrera contra la dictadura militar, protagonizado en esta ocasión por los trabajadores gráficos de la Editorial Abril, situada en Florida, partido de Vicente López.
 
Antes del golpe, yo era secretario general de la Comisión Interna gráfica. Algunos meses antes, había recibido amenazas de la Triple A, lo que me obligó a pedir una licencia no paga, ya que mi asistencia a la fábrica constituía un peligro para mi vida. Durante ese lapso, los compañeros me mantenían con colectas. Yo no iba a la fábrica, aunque sí sostenía reuniones con los delegados y activistas.
 
Cuando dieron el golpe, estaba ausente de la fábrica, lo que no impidió la realización de un paro, que a pesar de su brevedad, expresaba la profunda conciencia acerca de la naturaleza antiobrera del golpe. Pasó cerca de un mes cuando me enteré que la patronal había decidido levantar mi licencia. Esto me llevó, violando resoluciones del partido, a ir a la fábrica. Llegué poco antes de comenzar el turno mañana. Entré a la vigilancia, donde me comunicaron que no pertenecía más a la empresa. Decidí quedarme a hablar con los compañeros del turno mañana que entraban y los del turno noche que salían.
 
Cuando la vigilancia estaba desierta, entró un grupo de tareas de seis hombres vestidos de civil que preguntaron por mí; rápidamente me colocaron las manos detrás de la espalda y me esposaron. Me empujaron a la calle, me introdujeron en un auto y me cubrieron la cabeza con una manta. Después de un corto trayecto me hicieron ingresar a empujones a un edificio donde a los tumbos me obligaron a ascender escaleras. En ese lugar, me sentaron en una silla y me colocaban armas en la cabeza, mientras simulaban sesiones de torturas cerca de allí. A las pocas horas me soltaron.
 
¿Qué había sucedido? Parte de la respuesta la tuve al salir del lugar de mi cautiverio, la comisaría de Villa Martelli. Vi cómo, mientras me empujaban al auto, los obreros que se encontraban en el playón, cerca de la vigilancia arrojaban proyectiles contra los secuestradores. Al salir de la comisaría, caminé hasta Mitre y General Paz, donde pedí a un taxista que me llevase a la editorial. Al llegar, el turno mañana estaba en el playón. Habían parado la planta, no habían permitido la salida de ningún jefe y habían organizado comisiones para recorrer comisarías. Los obreros abrieron los portones, me levantaron en andas, y permanecí algunas horas en ese lugar hasta asegurar una salida no riesgosa.
 
Estos obreros que salvaron mi vida habían parado la fábrica en ocasión de los golpes en Chile y Uruguay; fueron protagonistas activos de la huelga de junio/julio contra el gobierno de Isabel. Editorial Abril fue parte de la Coordinadora Interfabril de la Zona norte del Gran Buenos Aires. Sus trabajadores tenían la saludable costumbre clasista de defender a cualquier compañero despedido o amenazado.
 
Pretendo así dar testimonio de un hecho que es sólo una expresión de la lucha de la clase obrera contra la dictadura militar y rendir un homenaje a quienes compartieron conmigo esa lucha y dejaron una fecunda semilla sembrada. Hoy tienen sus herederos en los trabajadores de Las Heras, subterráneos, telefónicos, aeronáuticos, Parmalat y tantos otros que luchan contra el gobierno que hoy expresa los mismos intereses de la clase social que organizó el golpe del 24 de marzo de 1976.

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