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25 de mayo de 2017

Ciudad Oculta y la tercerización educativa del PRO

En su edición del lunes 15, el diario La Nación publicó una nota con el título “Ciudad Oculta ya tiene su primera escuela primaria”.                       
 
En rigor de verdad, se trata de una institución parroquial, primaria y gratuita, a la que actualmente asisten 60 chicos distribuidos en dos aulas de primer grado. Una vez terminada, recibirá a 450 alumnos. Tiene orientación en artes y doble turno: funciona de 8 a 16 y allí reciben el desayuno, almuerzo y la merienda. Por la tarde hay talleres de danza, música, tecnología, inglés y teatro, entre otros. Es decir, cuenta con todos los ítems necesarios para cubrir las necesidades educativas de los niños, además de equipo de orientación propio. Todo lo que el Ministerio de Educación le niega a la escuela pública que, en la zona sur, está completamente colapsada y deja a cientos de chicos sin vacantes todos los años.
 
El Gobierno de la Ciudad cedió el terreno en julio de 2016 y la construcción se financia mediante donaciones y aportes del Arzobispado; el Ministerio de Desarrollo Social financiaría la construcción de cuatro nuevas aulas. La escuela sería levantada por los propios trabajadores del barrio. La nota periodística no menciona arquitectos ni empresa constructora. “Roberto, el capataz, dirige la construcción. En el barrio, viven experimentados albañiles con amplias habilidades”, reseña escuetamente la página web del emprendimiento (escuelaciudadoculta.com.ar). Según el cura a cargo, Damián Reynoso explica que las vacantes “serán otorgadas según las necesidades”.
 
El emprendimiento es una radiografía de la política educativa oficial: una educación asistencial para los sectores más sumergidos de la clase trabajadora, no a cargo del ministerio educativo –que se limita a delinear los contenidos curriculares– sino de Desarrollo Social. Este proyecto de “gestión asociada”, tal el nombre de esta modalidad, replica el modelo de los “Centros de Primera Infancia” (CPI), que se multiplicaron en la Ciudad a partir de la gestión del PRO y que ahora el gobierno de Macri quiere reproducir en todo el país: jardines asistenciales, subsidiados por Desarrollo Social, en manos de ONGs e instituciones confesionales, que funcionan en casas particulares, clubes y parroquias; su personal –compuesto por docentes o “personas idóneas”– está fuera de cualquier convenio de trabajo. Los reglamentos de gestión asociada les permiten funcionar sin seguro en las zonas en que las compañías del rubro niegan el servicio, por tratarse de lugares de riesgo. Sería el caso de Ciudad Oculta, que tendrá la primera escuela primaria bajo esta modalidad.
 
Hace algunos días el ministro Bullrich expresó la intención de integrar todos los cultos dentro de la escuela. Esto viene siendo, de hecho, el resultado de la tercerización educativa o “chárter”, justamente allí donde las familias no pueden elegir. Como contrapartida, la matrícula de la escuela privada crece sin freno. El vaciamiento educativo es un hecho incontrastable.
 
En oposición a estos proyectos, que implican un retroceso brutal en la materia, el legislador Marcelo Ramal, del Frente de Izquierda-PO, presentó dos proyectos de vital importancia: uno, para la construcción de escuelas en la zona sur, en base a un relevamiento del sindicato Ademys; y otro, para la construcción de escuelas infantiles, en toda la ciudad, públicas, de jornada extendida, con control de matrícula por grado o sección y con equipos de orientación propios.
 
Sólo así podremos comenzar a pensar en una educación pública, gratuita, laica e integradora que cubra las necesidades educativas de todos los chicos de la Ciudad.

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