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20 de abril de 2006 | #942

El gendarme Enrique Gallesio

Torturador profesional en el gabinete de Arslanián

Diplomado en la "Escuela de las Américas"
El comandante general (R) Enrique Gallesio, de Gendarmería Nacional, es subsecretario de Investigaciones en Función Judicial en el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. En la práctica, es el tercero en jerarquía después del ministro, León Arslanian, y del subsecretario de Seguridad, Martín Arias Duval. La llegada de Gallesio a ese ministerio es parte de la política de Felipe Solá y del propio Arslanián para “frenar la inseguridad” en territorio provincial.
 
Gallesio tiene una historia larga. Era un joven oficial cuando integraba, a fines de los años ‘60, los llamados “destacamentos móviles” de su fuerza, en tiempos de la dictadura de Onganía. Durante el Cordobazo tomó parte en la represión a obreros y estudiantes al frente del escuadrón de blindados M-113, con asiento en Jesús María. La eficacia de su actividad en esos días fue premiada con un curso en la “Escuela de las Américas”, instalada por entonces a orillas del canal de Panamá, donde casi 600 militares y miembros de las fuerzas de seguridad de la Argentina aprendieron técnicas de combate, tácticas de comando, inteligencia militar y técnicas de tortura. En esos cursos Gallesio obtuvo el grado de “primer alférez”.
 
De todas las especialidades dictadas en la “escuela” de Panamá, Gallesio eligió la de “interrogatorio militar”. Allí no sólo se enseñaba a torturar; además, los “alumnos” eran torturados ellos mismos por sus instructores y hasta se torturaban entre ellos, para practicar.
 
Después del golpe de 1976, Gallesio aplicó ampliamente sus conocimientos. Fue instructor en la Escuela Güemes, de Gendarmería, donde preparaba a los cadetes en “operaciones de represión” y, especialmente, en técnicas de tortura. En ese cargo llegó a ser uno de los colaboradores favoritos del gobernador de facto tucumano, Antonio Domingo Bussi.
 
Gallesio, hombre inquieto, también aceitó sus vínculos con el servicio de inteligencia israelí, el Mossad, y allá estuvo durante un año para mejorar sus conocimientos en tormentos que los soldados sionistas aplicaban abundantemente a los militantes palestinos. Como se sabe, Israel es el único país del mundo donde la tortura a prisioneros de guerra disfruta de plena legalidad.
 
Veinte años después, este tipo ha sido convocado por Arslanián, el “reformador” de la Policía Bonaerense, para proceder a una nueva reforma que incluya la unidad operacional de la policía con Gendarmería y Prefectura Naval.
 
Como se ve, mientras se impide el ingreso de Luis Patti en la Cámara de Diputados para simular respeto por la “memoria” y lo que ellos llaman “derechos humanos”, los métodos de Patti están instalados en el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires.
 
Por cierto, no introduce novedad alguna quien hable de las torturas sistemáticas en las comisarías bonaerenses, sobre todo cuando el torturado conoce el escondite de algún botín más o menos importante y no ha hecho un arreglo previo con la policía.
 
Ahora, los “memoriosos” que repudian los crímenes del pasado y hacen la vista gorda ante los actuales, se han quedado aun sin ese argumento, enchastrados por la sangre de antaño que les viene a salpicar la cara. Enrique Alberto Gallesio, se llama.

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