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20 de junio de 2017

El Frente Ciudadano de CFK: ni pueblo, ni proletarios ¡Ciudadanos!

A contrapelo de la tradición histórica del peronismo, CFK ha tomado como propia una categoría típicamente liberal nada menos que para asignar al "sujeto social" de su cruzada contra el "neoliberalismo". La ciudadanía parece haber terminado de sepultar a la categoría "pueblo", que aunque difusa, al menos pretendía hacer referencia a los "descamisados" y al "subsuelo de la patria”, es decir, al componente plebeyo que el peronismo decía representar. Desde ya que la apelación a la clase obrera, una categoría concreta, es algo inédito para los nuevos peronistas-kirchneristas. Alguna referencia a ella solo puede ser encontrada escarbando en la historia varias décadas hacia atrás. La clase obrera es "chino básico" para la militancia standard de la "década ganada".
 
La ciudadanía es una categoría política que tiene que ver con las relaciones mercantiles y la organización constitucional del Estado capitalista. Se cristaliza en el siglo XVIII como expresión de la lucha contra el clero y la nobleza y como garantía de libertad para comerciar y producir. La condición ciudadana -por lo tanto- no tiene la capacidad de superar las relaciones de explotación existentes en la sociedad capitalista, lo que significa que su extensión no puede entenderse como la forma política más adecuada para lograr la igualdad social bajo el capitalismo. El planteo "ciudadano" de CFK no es nuevo. Abreva en una extensa literatura y en una larga experiencia política anterior que busca fijar al ciudadano como el sujeto político por excelencia en la etapa abierta por la caída del Muro de Berlín. En este caso, adornada con algunos rudimentos "nacionales y populares”, la ciudadanía en clave kirchnerista, vuelve de todos modos sobre los mismos objetivos estratégicos de sus mentores: eliminar a la clase obrera, y a los trabajadores en general, como sujeto con capacidad de cambiar la historia.
 
Refrito
 
El elemento supuestamente progresista de la ciudadanía K consiste en presentar como derechos o demandas ciudadanas (o civiles) a las reivindicaciones sociales de los explotados. De este modo cualquier lucha obrera sería rebajada de su condición de lucha de clases al carácter de "reivindicación ciudadana". En este caso, se demuestra la pretensión por presentar una reivindicación social contra el capital como una demanda carente de contenido de clase. El planteamiento de la existencia de reivindicaciones, tradiciones e incluso ideologías "no clasistas" es anti científico, aunque estas no aparezcan así representadas de un modo directo. No existen ni ideologías ni reivindicaciones que no tengan una pertenencia clasista históricamente determinada. La "trampa" kirchnerista radica precisamente en esconder a la ciudadanía en los pliegues de la confusión; allí donde las reivindicaciones y las ideologías parecen carecer de contenido de clase. Sin embargo, la historia demuestra que cada clase social que toma el poder está obligada a representar sus intereses como los intereses comunes de toda la sociedad, por ello se ve obligada a presentar a sus intereses como universales, como los únicos razonables y válidos. El nuevo planteo kirchnerista no es más que un nuevo intento por recomponer a los ciudadanos empresarios (burguesía) sobre la base del esfuerzo de los ciudadanos trabajadores (clase obrera).
 
¿Es posible la reivindicación de un tipo de Estado dominado por la preeminencia de la sociedad civil, garante de los derechos ciudadanos? Este es un planteo muy común entre los defensores de la "democracia ciudadana". Según esta idea, el contenido social del Estado podría ser radicalmente modificado si se lograra dicha preeminencia. Sin embargo el planteo menosprecia una cuestión central: en el estado moderno domina precisamente la sociedad civil. Es en ese dominio donde se constituye el dominio del interés particular (ciudadano) típico del régimen capitalista, y es por eso mismo que la sociedad civil no es otra cosa que la expresión jurídica de las relaciones económicas capitalistas que consagra la hegemonía del capital sobre el trabajo. Esta idea de un Estado controlado por la sociedad civil, ya fue duramente criticada por Marx en el siglo XIX cuando había cuestionado a la socialdemocracia alemana por levantar una posición similar. El planteo consistía en establecer un Estado del "pueblo entero" que sería la representación de la sociedad civil cuando en verdad la sociedad civil no es más que la preeminencia o hegemonía del interés particular burgués.
 
Democracia burguesa
 
La democracia burguesa, como una de las formas de organización política del Estado capitalista está descripta en una Constitución y en un conjunto de códigos y normas que resumen el estado de derecho. Se trata de normas que reglan la organización política del Estado y la organización jurídica de la sociedad, donde la ley reglamenta y protege las relaciones sociales que se han estructurado en la base de la sociedad, incluso antes del pleno desenvolvimiento del Estado. Es precisamente esta reglamentación la que pone límites a una hipotética ampliación de los "horizontes democráticos" de la mano de la participación ciudadana. El planteo kirchnerista, lo mismo que el de todo el centroizquierda y de incluso algunas variantes de la izquierda, toman a la democracia solo por sus contornos dejando de lado lo esencial de su carácter de clase. La democracia burguesa no es otra cosa que una variante más de defensa de la propiedad privada capitalista y de la explotación de la inmensa mayoría de la población. La participación política por medio del sufragio, la esencia misma de la intervención política de un ciudadano, no ha logrado históricamente modificar esa situación: la misma clase social que domina y explota bajo la democracia lo ha hecho también bajo dictaduras. Demás está decir que también lo hacen en gobiernos "neoliberales".
 
El planteo de una ciudadanía activa y participativa que podría actuar como artífice de la transformación social modificando el carácter del Estado, es tan solo parte de un lenguaje participativo y pluralista que esconde lo fundamental del problema. En esta concepción seguiría siendo el Estado, y no las masas, quien se arroga la facultad de modificar a la sociedad. Esto se revela en que la concepción ciudadana del kirchnerismo no ofrece en ningún momento la posibilidad de que las masas desarrollen sus propias formas de organización ni de poder (para un peronista-incluso de "izquierda- el pueblo no delibera ni gobierna). El Estado sigue estando colocado como el único generador de subjetividad política entre las masas negándole a las mismas cualquier potencialidad en la participación política de modo independiente.
 
El kirchnerismo ofrece una suerte de reeducación política que permitiría una ciudadanía con subjetividad "anti neoliberal", que a la vez permitiría una democratización de la vida política y del Estado mismo. Sin embargo, esa democratización del Estado solo sería posible mediante la disolución de los cuerpos armados y su reorganización con intervención popular, la eliminación de la burocracia, la elegibilidad y revocabilidad de los funcionarios de todas las áreas. De ninguna manera se logrará el objetivo mediante una mayor tutela del Estado sobre la vida política y social de las masas. Mientras el kirchnerismo juega a reeducar a la ciudadanía, el capital impone despóticamente -aun en democracia- sus intereses sobre el de las mayorías en forma despiadada. Los capitalistas saben valerse de sus "derechos ciudadanos" y saben defender sus libertades democráticas cuando sus intereses son amenazados y desafiados por la clase obrera. El kirchnerismo busca, por enésima vez, presentar al Estado como agente del "cambio social" y para ello busca colocarlo como el regulador de la vida económica y social en oposición a la "regulación de los mercados" propia del "neoliberalismo". Para ello busca incansablemente borrar el carácter de clase del Estado bajo el capitalismo como instrumento de dominación de la clase dominante. Insiste con una caracterización primitiva del Estado como un ángel "sin sexo" plagado de sutilezas y complejidades que lo harían apto para el uso de clases sociales antagónicas.
 
Gobierno de trabajadores
 
El debate con la nueva concepción ciudadana del kirchnerismo es también válido para cualquier fuerza política -incluso de izquierda- que se entusiasme con la viabilidad de una democracia ciudadana o con la ampliación de las libertades democráticas y de conquistas sociales de la mano de "demandas ciudadanas". Esta concepción es aplastada a cada momento por la centralización y concentración del capital y del Estado de un lado, y de la tendencia permanente de los explotados a organizarse como clase y como fuerza social y no como una masa indiferenciada de ciudadanos aislados. ¿Podemos los explotados reivindicar nuestros derechos en el marco jurídico que nos impone a diario la negación de los mismos? La lucha por la libertad y la igualdad frente a un Estado que niega ambas cosas, demuestra entonces que la libertad y la igualdad solo serán encontradas superando los límites impuestos por el propio Estado. La ciudadanía kirchnerista que busca ser puesta de moda, hace reaparecer con nuevas ropas los viejos valores liberales de la ciudadanía, que busca ser independizada de las relaciones sociales de producción en que se fundamenta. La esclavitud asalariada y las clases sociales son escondidas detrás de la forma jurídica de la ciudadanía.
 
Que un trabajador vote al Frente de Izquierda es una primera expresión por la defensa de un ejercicio político como clase y no como individuo aislado. El voto obrero al FIT correrá el velo de un nuevo intento del nacionalismo burgués por mantener su tutela sobre las masas en favor de alguna fracción del capital. La concreción de un gobierno de trabajadores será un episodio -de los más importantes- en la liquidación de toda forma de explotación y opresión.

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