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11 de julio de 2017

Los “microdepartamentos”, otro síntoma de la crisis

Los microdepartamentos -también llamados "tendencias minimalistas" por quienes propician palomares de concreto- son departamentos de menos de 20m² (más chicos que un monoambiente tradicional) con los que se busca maximizar las ganancias por construcción.
 
Reduciendo el tamaño de las viviendas se logra incluir más unidades funcionales por piso, haciendo rendir al máximo las posibilidades de construcción para poder tener más unidades que vender. Esto se vale de una crisis habitacional, que estos mismos autodenominados desarrolladores generan, al calor del aumento del suelo por especulación inmobiliaria, acentuando a su paso el hacinamiento de los que todavía pueden pagar vivir en la Ciudad. Y empeorando la calidad de vida, al preponderar los edificios en altura que saturan los ya saturados servicios y tienen efectos contrarios al asoleamiento de los hogares.
 
El mismo diario La Nación menciona que "en Buenos Aires, estos microdepartamentos están habilitados como estudios profesionales y no como viviendas, porque el código de edificación actual no lo permite" (9/7), en referencia al mismo Código de Edificación que el oficialismo porteño planea modificar junto al Código de Planeamiento Urbano en pos de mejorar la rentabilidad de los negociados inmobiliarios.
 
Los diarios oficialistas – Clarín y La Nación- han recurrido al eufemismo de la “tendencia” para no reconocer que los microdepartamentos son una expresión de las dificultades para acceder a una vivienda digna (aumento del precio de las propiedades, falta de créditos, etcétera) y, por tanto, de la crisis y el ajuste.
 
El blanqueo de capitales ha promovido este tipo de proyectos inmobiliarios especulativos: "existen cinco proyectos (de edificios de microdepartamentos) más en cartera que serán financiados con un fondo de inversión cerrado vinculado al blanqueo" (Télam, 25/3) que, a su vez, vienen acompañados del remate de tierras fiscales, ya sea mediante la Agencia Administradora de Bienes del Estado, de carácter nacional y creada por decreto por Cristina Fernández de Kirchner, o por la Agencia de Bienes Sociedad del Estado, la hermana citadina, votada en la legislatura porteña por el conjunto del arco patronal.
 
Todo un conjunto de medidas que, en beneficio del gran capital inmobiliario, crean condiciones paupérrimas de habitacionalidad para la población trabajadora. En favor de una real integración de las villas, del mantenimiento y la mejora del entramado urbano, es necesario poner en pie una alternativa de los trabajadores y vecinos que se oponga a esta política de Estado que parte no sólo del oficialismo porteño, sino también de los que fungen de opositores durante la campaña pero que votan junto con el Pro todas las entregas de tierras públicas en la Legislatura.

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