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9 de noviembre de 2017

Carrió, el "progresismo estúpido" y la comida en estado dudoso para los pobres

Trasfondos del escándalo en el Congreso.
Por Tomás Eps @tomaseps
Los agravios de Carrió hacia Stolbizer y referentes de Libres del Sur, que produjeron un sainete del que la coalición de gobierno sólo pudo salir solicitando un cuarto intermedio hasta el miércoles próximo, permiten echar luz sobre el carácter miserable del oficialismo y su oposición autoproclamada “progresista”.
 
Carrió se desencajó frente a las críticas de algunos opositores al proyecto presentado por la radical Patricia Giménez y defendido por ella, que plantea reformar el régimen para la donación de alimentos de modo de liberar a supermercados y otras empresas de toda responsabilidad por eventuales “daños y perjuicios” que pudiera generar en caso de que se encuentren en mal estado.
 
“Si alguien al que le sobra le da a otro para que coma en condiciones de salubridad, ¿no puede donar? Yo creo que estamos todos locos, ¡hay un progresismo estúpido que cree que es preferible que vayan a buscar a bolsas de basura en vez de tener los alimentos de marca en su casa! ¡Estoy harta del progresismo estúpido! ¿Qué quieren, que se mueran de hambre? ¡Déjenme de jorobar!”, bramó Llilita.
 
Se trata en primer lugar de una involuntaria confesión de derrota del mentado objetivo de “pobreza cero” del gobierno, cuyas políticas de ajuste han profundizado el cuadro de miseria dejado por el kirchnerismo: cerca de 30% de pobres y de 6 millones de persona con hambre, según los recientes informes de la UCA.
 
Es, también, una nueva inscripción en la lápida del progresismo: de Carrió –que pasó de redactar la declaración de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final a impulsar "juicios de revisión" de las condenas a los genocidas y proponer mandarlos a todos a sus casas– hasta el caso de Stolbizer y Libres del Sur, cuyas capacidades intelectuales pone en duda. Estos viejos aliados de la centroizquierda terminaron divididos entre el macrismo y la alianza con el promotor de la mano dura Sergio Massa. Sus organizaciones sociales han renunciado a la lucha por trabajo genuino a cambio de una “emergencia social” pactada con el macrismo, que no ha dado solución alguna al problema de la pobreza y el hambre.
 
Filosofía de la miseria
 
El planteo miserable de paliar el hambre entregando comida en estado dudoso no es original ni cae del cielo.
 
El proyecto parlamentario se encuadra en la creación reciente del Programa Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos, aplaudido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) –la que promueve planes similares en Costa Rica, República Dominicana, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, San Vicente, las Granadinas y Uruguay.
 
De hecho, el antecedente inmediato es la repudiada iniciativa del aliado del golpista Michel Temer y alcalde de la ciudad brasileña de San Pablo, Joao Doria, de dar "a las familias carecientes un alimento balanceado producido con comida a punto de vencer” (Télam, 12/10).
 
Se trata de expresiones extremas de la decadencia del capitalismo, cuya decrepitud sólo genera mayor miseria social, y en particular de la promoción de políticas asistenciales por parte del imperialismo, a través del Banco Mundial, la OCDE y Naciones Unidas, dirigidas a contener la reacción popular contra tal crecimiento de la pobreza –la “emergencia social” del macrismo y la AUH y los Argentina Trabaja de CFK provienen de la misma matriz.
 
Los capitalistas argentinos de la Gastronomía, la industria de la Alimentación y el supermercadismo acaban de firmar la Carta de Adhesión al Programa Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos (agroindustria.gob.ar, 22/9), en la medida en que estas iniciativas les permiten liberarse de los costos de despachar productos no comercializables, que pasan a estar a cargo de "voluntarios" y ONGs. Y hay más en carpeta: meses atrás, un editorial de La Nación (4/5) reclamaba exenciones fiscales para las empresas que donen alimentos; algo que fue aprobado el año pasado en el parlamento italiano (Hufftington Post, 6/9), y votado en mayo por el macrismo español, el PP de Rajoy.
 
Mientras los capitalistas y su gobierno incrementan las condiciones de miseria por la vía de los despidos y la liquidación de los convenios colectivos de trabajo (las patronales de supermercados pueden dar cátedra superior de ello), la referente de Cambiemos sostiene que la entrega de comida dudosa es la única alternativa para que las franjas más empobrecidas de la población no “se mueran de hambre”.
 
Al cinismo del gobierno y la impotencia del “progresismo” le oponemos el reclamo de trabajo genuino y el planteo de que la crisis la paguen los capitalistas. Los más elementales reclamos contra el hambre deben ir ligados a una lucha contra quienes la generan.

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