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30 de noviembre de 2017 | #1484

Jubilados: la gran entrega del PJ al macrismo

Pichetto ha pasado a ocupar el lugar de Massa en el pasado. Ser protagonista, cambiando algo, para hacer pasar el ajuste macrista contra los trabajadores.

El rionegrino, garante del pacto fiscal que firmaron los gobernadores, desde Vidal hasta Alicia Kirchner, ya está viabilizando dos de las tres grandes iniciativas de la nueva fase del ajuste: la reforma jubilatoria y la reforma impositiva. Con la laboral no hay desacuerdo, sólo que Pichetto hará poner la cara a la CGT para su aprobación y presiona para que “arreglen” con Moyano. En lo posible.

La novedad es que el PJ cambió el proyecto inicial de reemplazo de la movilidad jubilatoria. El dictamen aprobado se compone de la indexación por inflación referida a dos trimestres anteriores, pero en un 70%. El otro 30% será según el Ripte, el complejo índice salarial de la fórmula anterior. Eso eleva del 5,2% que surgía del proyecto inicial al 5,7%, el aumento de marzo. Contra el 12% aproximado que implicaría la vieja fórmula.

Triaca, atento, lo aprobó en minutos. Calculó que de los 100 mil millones de pesos de “ahorro” fiscal 2018, se podría pasar a uno de 96 mil millones. La montaña de plata que va del bolsillo de los jubilados al Estado equivale a un punto del PBI -o sea, a la “meta” de baja del déficit del 4,2% de este año a un 3,2%, según los planes del Banco Central.

Pero la Anses financiará también buena parte de la redistribución de fondos hacia las provincias. Ganancias irá en un 100% a las provincias lo que implica una caída de unos 60 mil millones de pesos para la Anses. Por otro lado, se rebajarán los aportes previsionales de manera progresiva hasta los primeros 12.500 pesos en cinco años. En 2018, esa rebaja de “costo laboral” significará unos 55 mil millones (Clarín, 27/11). Sólo habrá alguna compensación menor al organismo, al habilitar aportes a los salarios de mayores de 82.000.
Semejantes golpes serían financiados, a la vez, por los trabajadores y jubilados mediante la extensión de la edad, en diez años por parte de las mujeres y en cinco años en los varones del sector privado. Se estima que por cinco años serán muy pocos los que se jubilen porque nadie quiere ni puede pasar de un día al otro a cobrar la mitad (la jubilación hoy es el 50% del haber basado en el promedio de los últimos diez años). Ni hablar de los puestos de trabajo que se bloquearán a las camadas de jóvenes por la extensión de la edad: centenares de miles que se incorporan año a año al mercado laboral. En el Estado no se extiende la edad para aplicar el ajuste: los que se jubilen no serán reemplazados.

Por otro lado, perversamente, se ha colocado que la jubilación mínima será equivalente al 82% del salario mínimo, cosa que ya es así.

Pero ahora se agrega que esto rige sólo para quienes tienen 30 años de aportes; los que no lleguen cobrarán menos de la mínima.
Como se aprecia, son los jubilados ahora mismo -y la Anses; o sea, los jubilados de mañana- los financistas de última instancia de la segunda fase del ajuste macrista. Claro, no los únicos. Los tarifazos que duplican lo previsto afectan a todos (y también a los jubilados que no ameritan la tarifa social de compleja obtención), al igual que el aumento de los inmobiliarios provinciales para financiar la baja de ingresos brutos (que también afecta las viviendas que tengan los jubilados).

Todo esto se aplica a un colectivo de 6,8 millones de jubilados, de los cuales el 81% cobra entre 7.246 y 11.300 pesos, cuando la canasta básica del jubilado acaba de ubicarse en 17.523, según la Defensoría de la tercera edad.

El ataque a la clase obrera y a toda la población laboriosa que esto significa vale por sí mismo la huelga general de las organizaciones sindicales. Nuestro partido, nuestra Coordinadora Clasista, los sindicatos donde intervenimos, estamos empeñados en una intensa deliberación y en medidas de lucha. 


Nuestra agrupación Jubilados Clasistas está en una intensa campaña y promoverá autoconvocatorias de jubilados en todo el país, contra este golpe histórico, por el 82% móvil del mejor salario testigo, por la reposición de los aportes patronales rebajados por Menem y Cavallo en 1993, por la elevación de la mínima a la canasta básica del jubilado.

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