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21 de diciembre de 2017 | #1487

Así enfrentaron las masas la reforma jubilatoria y el ajuste

La plaza de los Dos Congresos estaba repleta. Decenas de miles de manifestantes desbordaron su perímetro en rechazo a la reforma previsional reaccionaria. Columnas de la Unión Obrera Metalúrgica, de judiciales, de estatales, de docentes de los Suteba, de Ademys, de Amsafe llegados desde Rosario, de telefónicos de Foetra, trabajadores gráficos, de obreros de la construcción del Sitraic, de la izquierda y miles de manifestantes que habían concurrido por su propia cuenta estaban en las primeras filas frente al vallado policial. El clima de descontento popular ganó las calles y sectores de la clase trabajadora y del pueblo habían decidido poner el cuerpo para enfrentar el ataque del gobierno y la oposición patronal que acordó el saqueo.

La CGT había decretado un paro testimonial, sin movilización, para salvar las papas y apurada por la bronca que se hacía sentir en los lugares de trabajo. En las fábricas donde la organización interna y el activismo pudieron hacerlo, se realizaron asambleas obreras que votaron masivamente parar y marchar hacia el Congreso, vallado desde la noche del domingo 17 en un perímetro de doscientos metros a la redonda. Se había dispuesto un operativo con mil efectivos de la Policía de la Ciudad. Cuando los manifestantes intentaron avanzar comenzaron las arremetidas represivas con gases y balas de goma. Cuando se iniciaba la sesión en Diputados, llegó la columna del Sipreba. Luego una gran columna del Sutna se puso en la primera línea de la manifestación haciendo que la policía retrocediera. Las multitudes avanzaban y retrocedían en una batalla de posiciones en el radio que va desde la Plaza de los Dos Congresos hasta la Avenida de Mayo y 9 de Julio. El hecho extraordinario fue la gran presencia de columnas obreras, no sólo participando de la protesta a pesar de la capitulación de la CGT, sino además repeliendo la agresión policial.

Romina Del Plá, diputada del Frente de Izquierda, planteó en el recinto que se llame a un referendo para que el pueblo se pronuncie sobre la reforma previsional y que de ese modo no se someta a una pantomima democrática la aprobación de una ley reaccionaria. La moción fue respaldada por 108 diputados y rechazada por el bloque oficialista y sus aliados, decidido en defender los acuerdos entre bambalinas con los gobernadores. También se rechazó su moción de detener la sesión ante la gravedad de los acontecimientos que se vivían fuera del Congreso.

La represión salvaje se desató alrededor de las cuatro de la tarde, cuando la policía avanzó con hidrantes, motos, gases y balas de goma a mansalva sobre la multitud, al tiempo que se sumaban decenas de móviles de la Gendarmería de Patricia Bullrich. Comenzó una impresionante cacería, que concluyó con más de sesenta detenidos y hasta heridos de gravedad. Quienes le reprochan a la jueza López Vergara haber prohibido el uso de armas de fuego a la policía, ¿pretendían acaso una masacre? La policía utilizó gases y balas de goma a mansalva, incluso arrojaban piedras. Los policías disparaban postas de goma con sus Itakas hacia los ojos de los manifestantes. Roberto Alvarez, el “Barba”, obrero gráfico y militante del PO, perdió el ojo izquierdo. Daniel Nievas, obrero del Astillero Río Santiago, y Horacio Ramos, militante del FOL, también perdieron un ojo. Cuando las columnas intentaban retirarse por las calles laterales, la policía arrojaba gases en el medio de la muchedumbre para incitar el pánico. Las redes sociales ardieron con imágenes que denunciaron la brutalidad policial y la presencia de infiltrados de civil. Así se difundieron las imágenes de las motocicletas de la montada arrollando de manera deliberada a un manifestante, tras dispararle una perdigonada a corta distancia. Un camión hidrante atropelló a un jubilado. Una patota de policías echando gas pimienta sobre un jubilado para luego pegarle un palazo en la espalda. Los periodistas, especialmente los fotógrafos, fueron un objetivo deliberado de la represión.

Por la noche, la reacción popular obtuvo la forma de cacerolazos que ganaron todos los barrios porteños, centros neurálgicos del Gran Buenos Aires y ciudades como Rosario, Córdoba y Mendoza. Los manifestantes marcharon y volvieron a tomar la Plaza de los Dos Congresos. La protesta se extendió hasta las tres de la mañana. Sobre el final, la policía volvió a reprimir sin motivo a personas que se encontraban en la plaza o sus alrededores.

La sesión en el Parlamento se extendió hasta las seis de la mañana. El macrismo había logrado sus objetivos. Pirro, rey de Epiro, había obtenido una victoria similar cuando se enfrentó a los romanos con el costo de la vida de miles de sus soldados. Al contemplar el resultado de esa batalla dijo: "Otra victoria como ésta y volveré solo a casa".

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