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30 de diciembre de 2017

Griesa, endeudamiento y déficit gemelos

Del canje “más exitoso de la historia” al endeudamiento récord.

El reciente fallecimiento de Thomas Griesa no tiene una importancia significativa para la situación económica y política actual. El hecho de que el macrismo haya concretado el acuerdo con los buitres que el kirchnerismo había emprendido fallidamente, corrió al juez yanki del centro de la escena. 
Es, en cambio, una buena oportunidad para evaluar y analizar las consecuencias de aquel pacto buitre: una nueva fase de endeudamiento que –lejos de atraer la prometida "lluvia de inversiones"– está sentando las bases para un nuevo default.
El caso argentino ocupa un lugar particular en la saga de las reestructuraciones soberanas, que suma unos 600 casos entre 1950 y 2017. 
Luego que el kirchnerismo ofreciera dos canjes a los acreedores de la deuda, en 2005 y 2010, que implicaron una rentabilidad superior al 300% para aquellos buitres que aceptaron, gracias al llamado cupón PBI, el 8% de los tenedores de bonos se reservaron la posibilidad de judicializar su deuda, y encontraron en Griesa un juez a su medida. Vale recordar que la intervención del finado magistrado fue posible gracias a la cláusula colonial introducida por el kirchnerismo en ambos canjes “más exitosos de la historia”, que sometió la deuda “soberana” argentina a los tribunales de Nueva York.
En 2011, Griesa falló a favor de los buitres, garantizando un “tratamiento igualitario entre los acreedores”, lo que significaba que les concedía el derecho a cobrar aquello que reclamaban. No fue hasta 2014 que ese fallo tuvo alguna implicancia real. En ese momento, Griesa decidió impedir el pago de parte de la Argentina a cualquier bonista, si no era cancelada previamente la deuda con los buitres, apurando el cambio de frente de la burguesía local.  
Por su parte, el gobierno de CFK siguió una hoja de ruta que buscó “normalizar” el acceso al crédito internacional profundizando la entrega del país (acuerdo en el CIADI, pago al Club de París, etc), que incluía satisfacer las demandas de los buitres. Durante la campaña de 2015, tanto Scioli como Macri habían anunciado que tenían la voluntad de arreglar con estos bonistas como parte de su estrategia coincidente de “regreso a los mercados”.

Endeudamiento en la era M

A diferencia de lo ocurrido con el resto de sus promesas de campaña, el macrismo comenzó su mandato presidencial cumpliendo con una: el pago a los holdouts. Así, en los primeros meses de 2016 el gobierno le otorgó U$S 9.300 millones en efectivo a los fondos buitre –que implicó una ganancia de más del 1.300% para el fondo de Paul Singer– mediante un incremento del stock de deuda con la emisión más grande de la historia de los llamados “países emergentes”. La “oposición” capitalista en el Congreso –de Massa al FpV– votó a dos manos el acuerdo con los buitres. El mensaje dirigido al capital financiero tenía el sello de la “unidad nacional”: se abría una nueva fase de endeudamiento, el ajuste iba a recaer exclusivamente sobre los trabajadores.
Tanto la Nación como las provincias y municipios se encuentran en estado de emisión permanente, al punto que “la deuda de Nación, provincias, municipios y Banco Central está creciendo a razón de 1.204 dólares por segundo. En los primeros seis meses de este año, la deuda pública en pesos y moneda extranjera aumentó en US$ 18.343 millones, es decir US$ 100 millones por día: subió de US$ 275.446 millones a 293.789 millones, incluyendo la deuda no presentada a los canjes” (Clarín, 26/11).
La deuda externa argentina asciende, en la actualidad, a unos U$S 307.295 millones. Si tenemos en cuenta que durante los primeros 18 meses de Macri en el poder está aumentó US$ 53.124 millones, quiere decir que entre 2005 y la actualidad creció nada menos que U$S 139.519 millones, dejando al descubierto el mito del desendeudamiento durante el kirchnerismo.
Por otro lado, también aumentaron fuertemente el pago de intereses sobre la deuda. Se pasó del 1,4% del PBI en 2015 al 2.3% en 2018, convirtiéndose este rubro en el de mayor ponderación del déficit fiscal que el gobierno busca aminorar golpeando a la clase obrera y los jubilados.
 

Déficit gemelos
 

La noticia saliente de la última semana del año en el plano económico ha sido, sin dudas, la confirmación de que en 2017 el déficit comercial fue récord. Esto quiere decir que las importaciones y sus precios han aumentado de forma considerablemente mayor a las exportaciones. 
Si sumamos a esto el déficit fiscal de casi 5 puntos del PBI, notaremos que la situación es potencialmente explosiva. Mientras el gobierno otorga exenciones a los grandes capitalistas y baja los impuestos a las empresas y los aportes patronales, somete a una presión fiscal cada vez más mayor a los trabajadores gravando el consumo y el salario.
El capital financiero, por ahora, continúa financiando al macrismo. Pero la capacidad de continuar acumulando deuda no es ilimitada, todo lo contrario.
La clase obrera es la única capaz de transformar esta situación con una política de desconocimiento de la deuda usuraria, la nacionalización de la banca para impedir la fuga de capitales y un plan de desarrollo nacional en función de los intereses mayoritarios. 
De lo contrario, nuevos Griesas aguardan a la vuelta de la esquina y depararán nuevos sacrificios para el pueblo que vive de su trabajo.
 

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