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2 de mayo de 2018

El 1° de mayo del Triunvirato vaticano: “unidad de los trabajadores”… con la CGT y el PJ

Por Tomás Eps @tomaseps

El eje del acto del 1° de mayo convocado por las corrientes del Triunvirato vaticano (CTEP, Barrios de Pie, CCC) y otras organizaciones ligadas (FOL, Frente Popular Darío Santillán, Patria Grande, MTD Aníbal Verón…) fue el anuncio de la conformación de un “Sindicato Único de los Trabajadores de la Economía Popular”, con la perspectiva de una integración a la CGT (que iba a ser discutida en una reunión con sus dirigentes posterior al acto) y el armado de un frente político de destino incierto.

En el acto, el dirigente de la CTEP “Gringo” Castro presentó como “una unidad más profunda necesaria para ponerle freno al gobierno” la alianza con una burocracia sindical que ha sido la principal cómplice de las políticas de ajuste extensamente referidas en el acto -acordando la demolición de los convenios y las paritarias de miseria y haciendo mutis por el foro frente a los brutales tarifazos. El ocultamiento de este entreguismo fue la nota de todos los oradores, precedidos por el embellecimiento desembozado que Juan Grabois (CTEP) había hecho de los burócratas cegetistas en Página/12 (30/4).

Lubricando esta unidad –qué duda cabe- se halla el Papa Francisco, como se vio en la reciente actividad conjunta de la Iglesia, la CGT, la Juventud Sindical y la CTEP para presentar un documental sobre el Padre Mujica, con los elogios de Juan Carlos Schmid al Pontífice. La oradora del Frente Popular Darío Santillán que habló en el acto de hoy no pareció registrar la contradicción entre su reivindicación de la lucha por el aborto legal y semejantes bendiciones papales.

El llamado de Juan Carlos Alderete, de la CCC, a darle una “expresión política” a la unidad, se debe leer en tándem con el silencio de los referentes del triunvirato sobre el rol coprotagónico de los gobernadores y del PJ en las avanzadas antipopulares en curso. Las tentativas de un frente político con la oposición patronal, ya directamente o en forma de una “colateral”, no son novedosas: días atrás, el PJ, la CTEP y la CGT moronenses realizaron en la sede regional de la UOM un “acto por la unidad del peronismo organizado”.

El “programa mínimo” definido en el acto tuvo como eje la realización de obra pública que sea otorgada a cooperativas, y nuevas iniciativas parlamentarias de contenido asistencial, como la solicitud de una declaración de “emergencia alimentaria”. No se planteó una perspectiva de lucha ante la ofensiva gubernamental cifrada en el programa Hacemos Futuro -que persigue la baja de miles de programas sociales y extorsiona a los desocupados- ni se levantó el reclamo elemental de un aumento de los planes ante la inflación y los tarifazos. Las acciones se patearon hasta fin de mes, con la realización de una marcha federal el 28 de mayo.

“Sindicato” y perspectivas políticas

Presentado en el acto como una vía de unidad entre los trabajadores ocupados y aquellos desocupados-precarizados, el “Sindicato Único de los Trabajadores de la Economía Popular” es en verdad lo contrario, en la medida que da por cristalizada la precariedad laboral y patea “al infinito y más allá” la pelea por trabajo formal y bajo convenio. Esta tendencia a la fracturación de la clase obrera ya estaba inscripta en la Ley de Emergencia Social, fuertemente reivindicada en la marcha pese a su sistemático incumplimiento por parte del gobierno.

La referencia al carácter internacional de la jornada se limitó a “la lucha de los pueblos contra el avance de la derecha en América Latina y otras partes del mundo” –obviando las políticas antipopulares que ejecutan los “nacionales y populares”, como el repudiado Daniel Ortega en Nicaragua- y el llamado del “Gringo” Castro a que Lula sea presidente –es decir, a hacer frente al golpe de la derecha con quienes se niegan a declararle a la derecha la huelga general.

En la denuncia de los tarifazos, e incluso en la mención de Alderete a la venta masiva de dólares por parte del Banco Central, no hubo consideración alguna sobre los tembladerales que sufre el gobierno alrededor de estas cuestiones, como expresión de una crisis política que tiene en su base la creciente resistencia popular. Este panorama alimenta una orientación muy distinta a la expresada en el acto: consolidar una expresión propia de los trabajadores ocupados y desocupados, independiente de la burocracia sindical y de los partidos patronales, por una salida obrera a la crisis en curso.

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