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31 de mayo de 2018

Una noche en el Senado

Balance de un debate escamoteador.

El largo debate sobre los tarifazos en el Senado enfrentó a las fuerzas políticas que gobernaron a la Argentina en las últimas décadas, y que son las responsables del vaciamiento energético, la entrega de los recursos al capital internacional y los tarifazos. Aunque el debate fue revelador en muchos aspectos, sus protagonistas escamotearon las cuestiones de fondo, esto es, las raíces sociales de la crisis planteada. 

Macrismo 

Los voceros más calificados del macrismo justificaron los tarifazos en base a la penuria de producción y reservas, las cuales obligarían al Estado a pagarle a los grupos petroleros privados un precio del gas “equivalente al costo de importarlo a la Argentina”. Pero la importación de gas no supera al 20% de su consumo actual –el resto es provisto por la producción local. Los hidrocarburos, por otra parte, no son explotados “libremente” por los contratistas privados. Los recursos provienen de un subsuelo que es de dominio estatal. Los contratos de exploración, por lo tanto, están sometidos a un arbitraje entre el Estado y los capitalistas petroleros. La internacionalización y dolarización del precio del gas representa, sencillamente, la transferencia integral de la renta gasífera –la diferencia entre los costos internos y el precio internacional de referencia– al capital internacional. El tarifazo actual está sustentado en esta política entreguista, que se valió del vaciamiento previo de reservas y de la caída de la producción para aceptar, sin condicionamiento alguno, la extorsión de los monopolios petroleros. Este régimen extorsivo es el que pactó el gobierno con la Corte en 2016, y que luego se transfirió al conjunto de la cadena energética (el 70% de la energía eléctrica se produce en base a gas o combustibles líquidos). El “pacto del tarifazo” del 2016 habilitó a los aumentos del 1.200 a 1.400% en los servicios públicos, sin objeciones de fondo por parte del arco de Senadores que, en la noche de ayer, buscaron retrotraer solamente los tarifazos aplicados en abril pasado, y que rondaron el 40%. En la intervención más profunda del bloque Cambiemos, Cobos atribuyó la necesidad del tarifazo a una “matriz energética” sustentada en el gas natural, lo que obliga a “mayores incentivos para extraerlo”. Lo que no dijo es que esa “matriz” fue urdida en los años del menemismo y de la Alianza, cuando, al calor del remate de reservas petroleras a los pulpos internacionales, se alentó el consumo de gas en las nuevas centrales eléctricas. Los responsables de este saqueo de reservas, desde la UCR hasta los entonces mandatarios del menemismo en Santa Cruz, estaban presentes en la sesión de ayer. 

Kirchnerismo 

Los voceros del pejota-kirchnerismo atacaron a los tarifazos macristas sin mencionar que el “sendero” del tarifazo arrancó en 2010-2011, más precisamente, luego de la mal llamada “renacionalización” de YPF. Antes de ello, el kirchnerismo había articulado un fantástico vaciamiento de la petrolera estatal en beneficio del capital internacional (Repsol) y de la burguesía nacional “K”. Su representante en YPF, el grupo Ezkenazi, ingresó a la petrolera sin poner un peso, y fue pagando su participación accionaria con los dividendos que obtenía. Era la misma línea de apropiación de beneficios –y nula inversión– que practicaba Repsol. Cuando esta política tocó fondo, y con ella YPF, Kirchner-Kicillof resolvieron una seudo estatización que le terminó pagando generosamente a los vaciadores sus participaciones accionarias, y que reemplazó al pacto con Repsol-Ezkenazi por otra alianza –el acuerdo secreto con Chevron, haciendo punta en el filón de Vaca Muerta. En su discurso, Cristina Kirchner se consideró precursora en el aprovechamiento del fracking neuquino. Pero no dijo que ese acuerdo secreto inauguró un viraje de la burguesía en materia energética que el macrismo terminaría llevando hasta el final. Para recapitalizar a la “nueva” YPF –con un 49% de accionistas privados–, el kirchnerismo habilitó a un aumento del 90% en las naftas en dos años. Al mismo tiempo, puso en marcha los acuerdos para “premiar” a los pulpos gasíferos con un precio extraordinario para la nueva producción (el régimen ´Gas Plus´). Estos acuerdos fueron continuados y profundizados por el macrismo, y están en la base del tarifazo actual. Significativamente, CFK le reprochó a Michetti su “crítica a los tarifazos K en 2014”, reconociendo haber inaugurado el actual rumbo de confiscación tarifaria. 

Nacionalismo 

Pino Solanas, por su parte, denunció la completa disparidad entre los “precios dolarizados” que reciben los monopolios petroleros, en torno de los u$s 5 la unidad calórica, y sus costos reales de producción, que no llegan a los dos dólares. Al mismo tiempo, señaló que se remunera a los monopolios gasíferos de acuerdo a los costos monumentales del fracking, cuyos productores, sin embargo, no asumen el enorme pasivo ambiental que dejan a su paso. El senador nacionalista puso de manifiesto, de este modo, la confiscación de la renta petrolera por el capital internacional. Sin embargo, no denunció al kirchnerismo por haber inaugurado este rumbo, ni le dio una salida a esta confiscación antinacional, después de todos los fracasos de la burguesía nacional en materia energética. Una reapropiación integral de la renta petrolera exige la nacionalización integral de la industria de la energía. Pero para que ésta no constituya otra transferencia parasitaria a la gran burguesía que emplea hidrocarburos, debiera ser parte de una reorganización social integral dirigida por los trabajadores, lo que plantea la reorientación del ahorro nacional –hoy aplicado al pago de la deuda externa– a un plan de industrialización y desarrollo de la energía bajo la dirección de la única clase social interesada en quebrar el atraso y el sometimiento nacional –la clase obrera. El debate también mostró los límites del nacionalismo petrolero, cuyas denuncias se encuentran escindidas de un planteo de transformación social. 

Coalición del ajuste 
 
En su intervención de cierre, Pichetto lamentó el “fracaso de la política”, o sea, la imposibilidad de haber recreado en esta oportunidad a los pactos que en estos dos años le permitieron al macrismo cogobernar con la seudo oposición. Fue una reivindicación de la “coalición del ajuste”. A pesar del choque, “seguiremos dialogando”, fue una frase que se escuchó varias veces durante el debate de ayer, y desde los dos lados del mostrador. Este choque al interior de la coalición del ajuste es una expresión de la crisis política que ha dejado planteada la debacle económica del macrismo. Y al mismo tiempo, de los límites de los partidos del régimen para superarla. La reacción popular que comienza a gestarse contra el veto de Macri, y que se conecta con la deliberación que recorre a las organizaciones obreras, es el punto de apoyo para que luchemos, desde el clasismo y la izquierda revolucionaria, por una salida de los trabajadores a esta crisis nacional. 
 

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