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7 de junio de 2018 | #1505

El paro de la CGT y la lucha del movimiento obrero

Un paro nacional es, siempre, un golpe político al poder, es un punto de crisis en el sistema de contención de los trabajadores. Y si resulta masivo, como lo sería una convocatoria en este momento de repudio popular, más aún.

Pero la foto del -roto y recauchutado- triunvirato de la CGT con 17 senadores encabezados por Pichetto, es expresiva del carácter, los objetivos y los métodos del paro que se está discutiendo. Se tomaron su tiempo, se reunieron con la Iglesia, primero, y ahora con los senadores responsables de hacer pasar dos años y medio de leyes de endeudamiento y ajuste, incluyendo a las reformas previsional y tributaria, que desataron la rebelión obrera del 14D y 18D.

No hubo asambleas, no hubo congresos, no hubo mandatos; tampoco por parte del “plenario unificado” del aparato afín de Yasky y Micheli, reunido entre gallos y medianoche, que por toda resolución decidió adherir al “paro que estamos construyendo”. Allí, en cambio estuvo como gran dirigente Wasiejko, cuya lista Violeta no ganó ni una de las 17 secciones de Fate en las elecciones de delegados de la semana pasada: 15 ganadas por la Lista Negra y dos por sendas agrupaciones que integran la alianza antiburocrática que dirige el Sutna. Las CTA reproducen los métodos y la política de las burocracias centrales: los dirigentes carecen de mandato y hasta de sindicatos. La gran huelga general de los docentes neuquinos, que quebró el techo paritario, indexando los salarios de todo el año, ni fue tomada en cuenta. Tampoco las luchas de la convulsionada Chubut o los grandes paros universitarios.

Dejaron venir -y dejaron pasar- el veto a la ley de tarifas. El paro, si se concreta, no pretende quebrar el tarifazo ni los despidos crecientes. Tampoco tiene relación con las luchas obreras que sacuden, aisladas, a todo el país.

El paro carece de un programa ante la devaluación monetaria y la carestía que han arrasado las paritarias del 12/15% en cuotas, que jamás debieron firmarse. Pero tras la corrida cambiaria, el nuevo golpe devaluatorio y el veto convalidando el tarifazo, se acaba de firmar la paritaria de UPCN: 15%, en cuotas, sin cláusula gatillo y con una revisión que sería… en marzo del año que viene.

Recordemos que el Triunvirato había estallado como consecuencia de la rebelión del 18 de diciembre, protagonizada por sindicatos, seccionales y cuerpos de delegados de base junto al movimiento piquetero y la izquierda.

La motivación del paro es un reacomodamiento de la CGT, en conexión con el pejota-kirchnerismo de los gobernadores que aplican el ajuste en sus provincias, ante el derrumbe de la política económica del gobierno y el desembarco del FMI, repudiado por la masa de la clase obrera. La coalición del ajuste pretende ser reformulada, ahora, en “modo” FMI.

El bloque del 21F

La adaptación del sector “opositor” de Moyano y Palazzo, y tras de ellos de Yasky y compañía -o sea, el bloque del 21F-, tiene razones muy profundas. El kirchnerismo acaba de ser furgón de cola del PJ de Pichetto y los gobernadores, y del FR de Massa, en una ley que sólo cuotificaba el tarifazo. No hay en ninguna variante del peronismo un programa alternativo a las privatizaciones y la enajenación de las reservas hidrocarburíferas, ni a la bicicleta usuraria que está paralizando el país ni a la fuga de capitales, ni al endeudamiento. Ese programa sólo puede provenir de la clase obrera.

La postura opositora, que se radicaliza ante la caída en picada del macrismo, tiene por objeto hacer de recambio en 2019 y, de acuerdo con la marcha de la crisis, promover medidas de regulación que calmen a sectores díscolos de la propia burguesía. Lo más granado del empresariado apoyó, no sólo la intervención del Fondo, sino el veto a la ley de tarifas.

Los senadores que han pactado con la CGT el “paro 2018”, dominguero y destinado a ser la válvula de descompresión como lo fue el del 6 de abril del año pasado, tienen por política reposicionar al PJ en la “gobernabilidad del ajuste”. Por eso, pactaron que el acuerdo con el FMI no pase por el Congreso. Saben muy bien que ese acuerdo irá contra los sistemas jubilatorios especiales, y es probable que apunte a la jubilación obligatoria a los 70 años. Ya se ha dispuesto congelar la planta estatal, y continúan las tandas de despidos en el Inti, el Posadas y otros. Además, vienen por los convenios colectivos, empezando por el Turbio y Luz y Fuerza, y por la sanción de una parte de la reforma laboral.

La Marcha Federal de las organizaciones de San Cayetano, acompañadas del centroizquierda degennarista, tuvo por programa un conjunto de leyes asistenciales, de paliativo al ajuste del FMI. La mano del Vaticano, detrás de esa Plaza de Mayo, no es ajena a esta perspectiva de contención.

Por un verdadero paro activo nacional

El paro que se está gestando distorsiona por completo los objetivos del paro activo nacional y el plan de lucha que necesita la clase obrera, y que impulsamos desde el PO y el sindicalismo clasista, que es convocante de un Plenario Nacional en Lanús el próximo 23 de junio.

Para el clasismo, el desafío es lanzar una campaña de asambleas y plenarios que organicen el paro desde esta perspectiva. Que impulsen un programa por la reapertura de paritarias, la ocupación de las fábricas que cierren, el triunfo de las luchas en curso, por un aumento de emergencia para los jubilados, y contra la nueva fase del plan de guerra contra los trabajadores que rodea el pacto con el FMI. Es el camino para imprimirle un carácter activo, que desenvuelva las tendencias huelguísticas que existen en el movimiento obrero.
Tenemos que apoyarnos también en la colosal movilización por el aborto legal, porque rompe los diques de contención y su conquista reforzaría a todo el movimiento de los explotados.

Sólo un paro activo que movilice millones desde sus lugares de trabajo puede poner la iniciativa política en manos de las masas trabajadoras, que abra un curso de huelga general para derrotar el conjunto de la ofensiva. Los organizadores del Plenario Nacional, del 23 de junio en Lanús, han tenido una iniciativa llamada a marcar un rumbo y la actitud ante al paro en discusión será un banco de pruebas para futuros saltos en el reagrupamiento del clasismo, en la victoria de luchas decisivas, en dotar a la vanguardia obrera de un programa y en reforzar el proceso de recuperación de organizaciones sindicales de manos de la burocracia.

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