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En las calles, la multitud a favor de la ley impuso su presencia

Cuadras y cuadras de manifestantes a favor de la legalización coparon las calles aledañas al Congreso, mientras los opositores a la ley realizaban un acto lleno de derrota.
En las calles, la multitud a favor de la ley impuso su presencia

Fotos: Drone Prensa Obrera, Ojo Obrero Fotografía, Bernardo Cornejo, Juan Diez, Fede Imas, Marianela Albornoz

A las diez de la noche, los militantes en contra de la legalización del aborto se retiraban de la zona del Congreso, mientras hacía uso de la palabra el reaccionario periodista Mariano Obarrio. “Es posible que ganemos la votación”, decía el vocero del Opus Dei y escriba del diario La Nación a los manifestantes -católicos, en su mayoría, con una gran cantidad de sotanas de curas y velos de monjas-, cuyo ánimo era pesimista, a pesar de los globos celestes que portaban y los pañuelos del mismo color en sus cuellos.

Del otro lado de un vasto vallado que prácticamente cerraba la plaza, una marea incesante de mujeres y hombres copaba la avenida de Mayo y luego Rivadavia, desde la 9 de Julio hasta el Congreso y reclamaba que la ley se apruebe. Centenares de miles de personas y de pañuelos verdes llenó las calles aledañas al parlamento.

Era una masa impresionante. Chicas y chicos jóvenes se apiñaban en tumulto para defender el derecho al aborto legal en una jornada de carácter histórico. “Vine hoy temprano, después de hacer la tarea, fui a clases, y ahora volví”, decía Dante, de quince años, a su madre, con quien se había cruzado de casualidad sobre una de las veredas de la plaza de los Dos Congresos. Fernanda, la madre, se quedaría unas horas más junto a su pareja, mientras el hijo agotado regresaría a su hogar para descansar antes de regresar para el momento de la votación.

Gazebos de los partidos de izquierda, banderas del Partido Obrero, del Polo Obrero, las naranjas del Plenario de Trabajadoras marcaban mojones a cada paso de la avenida hasta el Congreso. A medida que la manifestación se acercaba al palacio legislativo, más difícil se hacía la movilidad, pero más se escuchaban los cantos y consignas, animados por mujeres a viva voz o con la ayuda de un megáfono. En la esquina de  Rivadavia y Callao una pantalla daba cuenta en vivo del debate en el recinto. Ante cada anuncio de voto favorable a la ley, un grito multitudinario lo celebraba.
 

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Nadie tenía ganas de partir. “Aborto legal / en el hospital” era el cántico más extendido. Otros más sofisticados se entonaban cada media cuadra y se confundían entre los diálogos esperanzados de una masa abigarrada. “Ana me dice que todas sus compañeras llevan un pañuelo verde”, dice Agustina refiriéndose a su hija y comprueba aquellos dichos al ver la marea de chicas y chicos que no dejan de reclamar que la ley se apruebe.

Las escritoras habían intervenido cada cinco minutos con lecturas en la carpa de la Campaña por la Legalización del Aborto. “Es espectacular, ya desde temprano estaba cubierto desde Rivadavia hasta Córdoba -dice Cecilia Szperling a Prensa Obrera-. En el campo de quienes estamos a favor de la legalización hay un espíritu muy potente. No se podía caminar entre nosotros. Hemos puesto el cuerpo”.

Del lado norte del Congreso, que el operativo de seguridad estatal había reservado para los manifestantes a favor de la legalización del aborto, estaba la vida. Del otro lado, la derrota en las calles y clamor de la juventud contra el oscurantismo se constataba en el paso cansino de las sotanas. El debate en el seno popular había sido ganado por la posición favorable a los derechos. Mientras en el recinto  parlamentario continúan los discursos, en la calle ya ganó el derecho de la mujer al aborto seguro, libre y gratuito.

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Tags: aborto-legal

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