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21 de junio de 2018 | #1507

Del derrumbe económico a la crisis política

El despido de Aranguren y Cabrera
Del derrumbe económico  a la crisis política

La crisis de gabinete es un intento de rescate del rodrigazo oficial y del propio acuerdo con el FMI

La salida de Sturzenegger del Banco Central fue sólo el debut de una crisis de gabinete cuyo alcance definitivo aún está por verse. Los que salieron no son dos ministros menores: en primer lugar, J. José Aranguren, el hombre de los pulpos petroleros que comandó la política de tarifazos brutales bajo la gestión macrista; luego, Francisco Cabrera, un funcionario del riñón del macrismo a cargo de la relación del gobierno con la burguesía industrial. Los despidos de Aranguren y Cabrera revelan que la desintegración del esquema económico oficial -incluso después del acuerdo con el FMI- está fracturando a la base social del gobierno -o sea, del gran capital.

En el plano de la política energética, la devaluación incesante instaló una verdadera bomba de tiempo en la cuestión de los tarifazos. Para el gas, por ejemplo, la combinación de la devaluación con los aumentos ya programados para su valor en “boca de pozo” implicaría un aumento del 70% en octubre. Con las refinadoras, Aranguren había pactado aumentos en las naftas -también dolarizadas- del 3% mensual, para evitar un zarpazo del 40% de un solo saque. Pero este esquema también voló por los aires en medio de la última corrida cambiaria. La inviabilidad de los tarifazos terminó con su gran ejecutor, Aranguren. ¡Pero la dolarización de tarifas era uno de los ejes del programa oficial! La imposibilidad de aplicarla integralmente es un golpe severo al régimen económico del macrismo. Por caso, buena parte de las inversiones de la propiedad ‘pública privada’ -financiada por préstamos en dólares- depende de los tarifazos, en obras asociadas a la energía o en los peajes. Ahora, Javier Iguacel “será el encargado de darle malas noticias a la industria petrolera” (La Nación, 17/6), ya que “tendrá que sentarse a negociar con el sector privado para ir más lento en los aumentos”. A su turno, la posibilidad de que ese freno parcial a los tarifazos sea compensado con mayores subsidios está cuestionada por el acuerdo con el FMI. Se abre la perspectiva de una nueva “huelga de inversiones” energéticas o, en su defecto, la tentativa de ‘arreglar’ a los pulpos petroleros con mayores concesiones de fondo y nuevas agresiones a las conquistas de los trabajadores. Para ello, el nuevo ministro Iguacel ‘acredita’ una gestión de despidos y vaciamiento en Vialidad Nacional.

Por su parte, la salida de Francisco Cabrera se produce en medio de otros choques -en este caso, entre el gobierno y la burguesía industrial. Cabrera venía discutiendo con la UIA una política de tasas de interés “preferenciales”. El tándem Caputo-Dujovne, sin embargo, le bajó el pulgar a esas gestiones de Cabrera.

El nuevo ministro de la Producción, Dante Sica, comandó la Secretaría de Industria bajo los devaluadores Duhalde y De Mendiguren. En esa línea, ya anticipó que “habrá poco lugar para un nuevo atraso del tipo de cambio real” (ídem, 17/6). La ofrenda del gobierno a la burguesía industrial es un régimen de devaluación permanente -o sea, de ataque permanente a los salarios y jubilaciones- y, desde luego, la prometida reforma laboral.

Abandono del barco

La crisis de gabinete es un intento de rescate del rodrigazo oficial y del propio acuerdo con el FMI, prematuramente golpeado por una corrida que es expresión, no de una “corrección cambiaria”, sino de la desconfianza del gran capital respecto del rumbo de la gestión macrista. La última corrida fue acompañada de un derrumbe general de las acciones de bancos y empresas de energía, en Wall Street y Buenos Aires. Las petroleras cayeron como resultado de las medidas intervencionistas sobre las tarifas, y los bancos, a su turno, por el temor de que la carrera contra el peso se convierta en una corrida bancaria.

Para retener a los tenedores de Lebacs, el gobierno tuvo que llevar la tasa de interés al 47%, agravando todavía más la recesión económica. Aún así, un 40% de esas letras no fueron renovadas. El gobierno absorberá sólo una parte de los fondos que salieron de las Lebacs, a costa de emitir títulos de deuda en condiciones leoninas. El gobierno intenta frenar una fuga de capitales protagonizada por los grandes beneficiarios del régimen macrista.

Crisis de régimen

El cambio de gabinete, en este cuadro, expresa la inadecuación del gobierno macrista a las condiciones impuestas por su derrumbe económico. Macri se enfrenta a un rodrigazo sin condiciones políticas para pilotearlo. Los mentores de la “normalización” y la “desregulación económica” están aplicando medidas de intervención y arbitraje sobre su propia base empresarial. El más importante editorialista de La Nación filtró los reclamos de los “actores económicos y políticos, incluidos algunos miembros del gabinete”, en favor de una “mayor apertura hacia adentro y hacia fuera de la coalición Cambiemos”: así, y en relación al nombramiento de Sica, le reprochan a Macri que, si era por traer a un ‘amigo de los industriales’, “hubiera aprovechado para abrirse a algún sector del PJ a cambio de votos estables en el Congreso” (ídem, 18/6). El ‘círculo rojo’ y sus voceros barajan un gobierno de unidad o salvación nacional. Los Massa y Urtubey, en tanto, apuestan a dejarle hacer el trabajo sucio a Macri, mientras se preparan para las elecciones. El kirchnerismo, por su parte, aspira a un frente con ellos. La crisis capitalista, sin embargo, podría llevarse puestas estas especulaciones, y empujar a la seudo-oposición patronal al rescate del gobierno. A este régimen sin futuro hay que oponerle una lucha en serio, en defensa de todas las reivindicaciones amenazadas y por una salida de los trabajadores a la crisis.

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