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4 de julio de 2018

Del vaciamiento financiero a la crisis de régimen político

El saldo neto de u$s100 mil millones que quedaron en circulación, convertidos en pesos, como resultado del ingreso y salida de capitales, en los dos años últimos, han emprendido una retirada presurosa. Al balance negativo de la cuenta capital, de u$s50 mil millones es necesario agregar el stock de Lebac, que llegó a los u$s60 billones, más otra variantes de deudas por Letes, Leliq, Bonar, etc., y los prestámos ‘swap’ contraídos por el Banco Central. Este desequilibrio descomunal ha dejado a Argentina en un ‘defol’ virtual. Es que del otro lado de la balanza sólo hay unos u$s25 mil millones de disponibilidad efectiva en el Banco Central, que a su vez había acumulado una deuda de $1.2 billones en Lebac. El organismo encargado de vigilar por la estabilidad del tipo de cambio se encontraba con un patrimonio negativo de casi tres billones de pesos, aproximadamente. La relación aritmética entre los casi doscientos mil millones de dólares en circulación y los veinticinco mil millones disponibles da una tasa de cambio de hasta setenta pesos por dólar. Macri y su equipo selecto habían logrado provocar, de esta manera, una bancarrota superior a que se produjo en la gran crisis de 1890 –cuando más que ganar una copa del mundo, la oligarquía criolla logró llevar a la quiebra al poderoso Baring Brothers, el acreedor de Argentina por excelencia.

Con la sustitución de Sturzenegger por Caputo y el acuerdo del FMI, el macrismo y sus ‘opositores’ lanzaron la consigna patriótica de “desarmemos las Lebac”, apoyada con todo entusiasmo por la burguesía nacional. El primer intento de detener la corrida cambiaria, llevando la tasa de interés por estas Letras a un rango del 40/47% fracasó en forma miserable. El ‘desarme’ no lo armó el gobierno sino los propios tenedores de Lebac, que rifaron la Lebac en masa para comprar dólares. La nueva tasa de interés, de proporciones usurarias, no fue una ingeniería de los Ceo’s macristas, sino la consecuencia del remate masivo de Lebac y del hundimiento de su cotización. La carta de intenciones del FMI había dejado en claro que nada del dinero que aportaba a Argentina, en cuotas reducidas, podía ser usado para contener la suba del dólar. Ni el primer abono de u$s15 mil millones, porque una parte debía ser destinada al Banco Central, para reforzar reservas, y la otra al Tesoro para financiar el déficit fiscal. Cambiar estos dólares por pesos con desventaja, disminuiría los recursos destinados a los pagos de las cuentas públicas.

Es aquí donde el gobierno recurrió a una versión modificada de los consejos de Cavallo – y, por sobre todo, de las exigencias de los fondos Templeton y BlackRock, que instalaron a dos funcionarios en el Banco Central: ‘Toto’ Caputo y Gustavo Cañonero, sin acuerdo, claro del Senado, o sea en forma inconstitucional. En Estados Unidos una inconducta semejante habría llevado a un Juicio Político al Presidente en menos de lo que canta un gallo.

¿En qué consiste este plan? En la estatización, sí, en la estatización de las Lebac, que pueden ser usadas ahora para comprar Letras del Tesoro (Letes) en dólares a un escaso año de plazo. La tasa de cambio entre Lebac y Letes fue fijada en una tablita, según la fecha de vencimiento de las Lebac, que tiene un pequeño descuento sobre su valor nominal, pero que es considerablemente mayor a la cotización corriente del mercado. El Tesoro se convertiría, como consecuencia, en un acreedor del Banco Central, que carece por completo de recursos para pagar esa deuda, salvo emitiendo billetes. La intención es, entonces, transferir las pérdidas de las Lebac, por miles de millones de dólares, a los contribuyentes – en primer lugar aumentado la deuda pública externa (Letes en dólares) a los contribuyentes. La confiscación económica que representa esta operación supera a la del famoso corralito y corralón. En lugar de un ‘desarme’ tenemos un ‘rearme’.

¿Pero son acaso las Letes una salida a la corrida cambiaria? Por de pronto, la tasa de interés de la deuda argentina en dólares se ha disparado a cerca del 10% anual; si ofrece una tasa inferior para las Letes, con el argumento de que el que la suscribe las compra con pesos y Lebac, probablemente haga fracasar la licitación. También podría llevarla al fracaso el que, aún a aquella tasa de interés, la tendencia de la deuda argentina es a desvalorizarse; si esto no se manifiesta de inmediato lo hará en cualquier otro momento en función de los vaivenes de la crisis financiera internacional. Todavía más grave, si cabe, es que el endeudamiento en dólares tiende a desvalorizar la deuda pública nominada en pesos. Es así que el Fondo de Sustentabilidad de Anses ya ha perdido u$s20 mil millones, porque tiene un 65% de los títulos públicos y otras colocaciones en pesos, que se han desvalorizado con la suba espectacular del dólar. Es un peludo de regalo que Argentina recibe del ‘desendeudamiento’ que promovió el kirchnerismo y que consistía en pagar la deuda externa con fondos de Anses, que era cubierto con un título público. El ‘desarme’ de las Lebac lleva en forma directa a la destrucción del Fondo de Pensiones y a la ‘reforma’ que subirá la edad para jubilarse y volverá a modificar los índices de ajuste. El Indec ha sido encargado de ‘estudiar’ la confección de un índice a medida para las jubilaciones, o sea para la conveniencia del Tesoro. Dujovne informó al Congreso que el gobierno se encuentra habilitado por ley para vender las acciones privadas en poder de Anses, cuando el país atraviese “situaciones extraordinarias” y que esa venta está comprometida en el acuerdo firmado con el FMI. Como, por otro lado, la deuda pública es imposible de pagar, los casi setecientos mil millones de pesos en la cartera de Anses, constituye un fondo perdido. La emisión de Letes en dólares a tasas usurarias, agrava la crisis fiscal en lugar de reducir el déficit, como alega el gobierno.

La corrida cambiaria, con todo, es solamente una de las ‘corridas’. Otra corrida, entre varias, ha afectado a los Fondos Comunes de Inversión (FCI), por la salida en masa de los aportantes o inversores hacia el dólar. Pero los FCI habían colocado mucho dinero en los Fideicomisos Financieros (FF), que han financiado el consumo, incluso mediante la compra de carteras de deudores de consumo. Entre la suba de precios y el encarecimiento de la financiación, los negocios de electrodomésticos enfrentan situaciones de insolvencia. “La cantidad de emisiones de FF se redujo casi a la mitad comparando abril con junio de 2018”, informa El Cronista (2/7). A la crisis en la cadena de pagos (el interés por descuento de cheques ha superado el 80% anual), se suma el ‘defol’ del gran comercio – Musimundo se ha presentado a concurso de acreedores. Anses tiene enterrados $20 mil millones en Fondos Comunes. 

La corrida cambiaria puede girar como una perinola, pero aún tiene un recorrido de crisis incuestionable. El régimen político de los Ceo’s ha entrado en un antagonismo irreversible con el país. El apoyo de Trump a Macri, que el embajador norteamericano creyó oportuno mentar en una fiesta oficial, vale lo que la deuda argentina. El acuerdo con el FMI no está estructurado para contener la corrida sino para promoverla, porque su punto de partida es, precisamente, que la crisis financiera debe ser superada por una desvalorización masiva de activos, que debe ser trasladada a los trabajadores, y por una desvalorización masiva de los ingresos populares. Se avecina, en estas condiciones, una confrontación social y política colosal. El FMI no tiene el propósito de contenerla o desviarla, como lo ha demostrado en Grecia, sino derrotarla. 

Este es el desafío estratégico de la presente etapa.

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