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12 de julio de 2018 | #1510

La CGT y su “plan de lucha”: abrir comedores

No hace mucho, Miguel Angel Broda brindó un título a Clarín que hizo correr escalofríos por la espalda de muchos argentinos: “Habrá que abrir comedores los siete días de la semana y 24 horas por día”. Así sintetizó las consecuencias del acuerdo con el FMI, cuya realización defiende el conocido “gurú” de los capitalistas.

La CGT parece seguir sus consejos. La central obrera ha “empezado a evaluar sumarse el 7 de agosto a la movilización desde San Cayetano del ‘trío Vaticano’” y presentará al próximo Consejo Directivo un plan para “la creación de una red de comedores financiada por los sindicatos, porque la prioridad hoy es que la gente coma todos los días” (El Cronista, 11/7).

Después del formidable paro nacional del 25 de junio, mientras arrecia el plan de guerra fondomonetarista contra los trabajadores mediante despidos, carestía, ataque a los convenios colectivos, nuevos tarifazos, congelamiento de planta y de salarios en el Estado, parate total de obra pública y recortes draconianos a las provincias, la CGT elabora este “plan de lucha”.

Enredados en las internas del PJ, los burócratas sindicales, usan el paro nacional como elemento de negociación de fracciones internas en función de su perpetuación. Pero también, del colaboracionismo con Macri y los gobernadores del pacto fiscal, que llevó a la crisis del Triunvirato y la parálisis de la primera mitad del año, después de la rebelión obrera de diciembre.

La idea de financiar comedores se basa en el trauma de los ’90. La CGT quedó al margen del gran movimiento histórico de una fracción de la clase obrera que conmovió al país y fue protagonista del período de la rebelión popular de 2001: el movimiento piquetero. Cuando el olor del defol se vuelve a sentir en el ambiente, de la mano de la Iglesia, la CGT le entra a la cuestión de la catástrofe social, no para organizar a los trabajadores contra ella, sino para no quedar otra vez en la banquina de la historia.

Hay que hacer notar que ante la presunción certera de que se viene una desocupación masiva, la CGT no impulsa la ocupación de fábricas para enfrentarla, tampoco la formación de comisiones de desocupados que organicen a los compañeros en los sindicatos, sino el financiamiento propio de una red de comedores que “compita” y complemente la red asistencial del Estado, la de las organizaciones sociales del Trío Vaticano y la de la propia Iglesia. De esto han hablado, seguramente, en la reciente teleconferencia con los funcionarios del FMI, donde participó también Claudio Lozano, por la CTA.

El Polo Obrero, en el período del Argentinazo, constituyó comedores que fueron el “músculo” del movimiento piquetero que cortaba rutas, reclamando trabajo genuino o subsidio al desocupado ante el Estado y el poder político. Como un medio de autorganización de los desocupados. La CGT en combinación con la Iglesia se curan en salud, encarando una red propia de tipo asistencial con participación de los sindicatos para evitar, no para promover la organización de los desocupados como una fracción de lucha de la clase obrera.

El contraste es total con la disposición de lucha de la clase obrera que se expresa por estas horas en la gran huelga de Télam, en la ocupación de una destilería en el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, en la lucha de los empleados despedidos de la Boston en Mar del Plata, en la batalla de Luz y Fuerza de Córdoba por su convenio, en el paro de 48 horas de los Suteba combativos de esta semana, en la resolución del congreso de Conadu Histórica de no inicio después del receso, entre otras luchas.

El clasismo de Lanús -junto a Télam y las luchas, y junto a los movimientos piqueteros independientes- nos movilizamos el 12 de julio con otras consignas: ocupación y huelga ante los despidos, pase a planta de los precarizados, reapertura de paritarias sin techo y salario equivalente a la canasta familiar, aumento de emergencia a los jubilados, no a la reforma laboral y defensa de los convenios colectivos, reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, que la crisis la paguen los capitalistas, fuera el pacto Macri, gobernadores y FMI.
Para ello es que impulsamos el paro activo de 36 horas como comienzo de un plan de lucha hacia la huelga general: para derrotar el ajuste de Macri, a los gobernadores del ajuste en las provincias y al FMI. Impulsemos un Congreso de Delegados mandatados por sus bases para unificar al movimiento obrero en esta perspectiva y superar esta burocracia sindical entreguista.

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