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26 de julio de 2018 | #1512

[Editorial] La caída

Si algo faltaba para desmentir las frases oficiales de que “lo peor ya pasó”, alcanzó y sobró con el informe difundido por el Indec sobre la actividad económica de mayo. La caída del 5,8% anunciada sepultó definitivamente a quienes avizoraban que el año culminaría con un crecimiento económico y que la crisis actual sería rápidamente superada. Todas las consultoras ligadas al oficialismo han debido recalcular sus proyecciones. Ya nadie niega que lo que resta de 2018 será de fuerte retroceso y postergan para el próximo año los pronósticos de crecimiento. Saben que si esto no ocurre, la suerte de Macri estará echada.

El gobierno ha pretendido explicar esta brutal caída -la más fuerte desde 2009- por las consecuencias que habría tenido la sequía sobre la cosecha de este año. Pero el retroceso abarcó a otros rubros y lo hará aún con más fuerza en los meses subsiguientes. Por lo pronto, junio habría concluido con un caída del 5% interanual en la industria -según la consultora Ferreres y Asociados. A este retroceso fuerte en la industria habrá que sumarle con total seguridad el que se opere en el consumo, como resultado de la desvalorización del salario ante la inflación creciente y la parálisis de la obra pública que el gobierno deberá llevar adelante para cumplir con las metas fiscales pactadas con el FMI. En estas condiciones, no es casual que la única actividad que crece es la intermediación financiera, que tuvo un salto del 10%.

Sigue la fuga

La recesión en la que ha entrado la economía argentina está muy lejos de servir como un instrumento de reequilibrio. Más bien, se puede afirmar que la recesión y la caída generalizada de la actividad seguirán agravándose, junto con la bancarrota financiera del país, que el acuerdo con el FMI no ha logrado de ningún modo superar. Los números hablan por sí solos. La llegada de los primeros 15.000 millones de dólares del Fondo Monetario no detuvo la sangría de divisas. Desde el 22 de junio, cuando entró el primer tramo del préstamo, se fugaron del país más de 3.000 millones de dólares. A este ritmo, en lo que queda del año, la fuga superaría los 18.000 millones superando los ingresos previstos. Así, y contra lo que planteaba el memorándum, la deuda contraída con el Fondo está siendo usada lisa y llanamente para financiar una fuga de capitales.

Pero aunque el volumen de la fuga parezca enorme, ésta podría haber sido mucho mayor si el gobierno no hubiese recurrido a la maniobra de emitir títulos del Tesoro en dólares (Letes) con una tasa de interés superior al 5%. Las Letes son la forma más parasitaria y peligrosa de una deuda en dólares, ya que el Tesoro recibe pesos y se compromete a devolver dólares. De hecho, funciona como un dólar futuro, que sólo sirve para postergar por unos meses la presión sobre el tipo de cambio a un costo altísimo. Así, mientras los funcionarios se jactan de haber detenido la corrida, lo que tenemos en realidad es sólo una bomba de tiempo de mecha muy corta. No debe sorprender, por lo tanto, que las señales de alarma ya se hayan encendido dentro de la propia clase capitalista, que ve a esta bola de Letes como mucho más peligrosa que la de Lebac, ya que al ser en dólares no puede ni desvalorizarse con una devaluación ni pagarse recurriendo a la emisión monetaria. Sólo en lo que queda del año, los vencimientos de Letes rondan los 9.800 millones de dólares, a lo que hay que añadirle el resto de las cancelaciones de deuda más las divisas necesarias para la totalidad del déficit de cuenta corriente. En este contexto no debiera sorprender que J.P. Morgan acaba de alertar a sus clientes acerca de la “vulnerabilidad de la deuda argentina y los posibles riesgos de sostenibilidad en el futuro”. Ambito Financiero ha calculado que la deuda pública nacional alcanza al 80% del PBI, lo que da cuenta del sideral endeudamiento y de la caída de valor de la producción nacional medida en dólares, que es como se mide y lo que importa desde el punto de vista del repago de la deuda. El fantasma del defol recorre la Argentina.

Estas condiciones de precariedad extrema explican que el gobierno deba mantener la tasa de interés del Banco Central por arriba del 45%, agravando la recesión económica y colocando en peligro la cadena de pagos. El propio acuerdo con el FMI pende de un hilo, dado que el gobierno tiene enormes dificultades para cumplir las metas firmadas. En especial, el techo inflacionario del 32% amenaza ser superado por todos los flancos. Sólo en el primer semestre, la inflación mayorista rondó el 30%, lo que más temprano que tarde deberá llegar a los precios minoristas. Y resta aún el impacto más fuerte de la devaluación y los aumentos de tarifas previstos para setiembre y octubre, tanto en el gas, la electricidad como en el transporte.

Quién paga la crisis económica…

La inviabilidad de la política oficial está agravando las divisiones al interior de la clase capitalista y sus partidos. El FMI se ha mostrado partidario de terminar con la reducción de las retenciones al agro y de las cargas patronales votadas en la reforma fiscal de diciembre del año pasado. Es que sólo en concepto de los aportes patronales que se dejarán de pagar, el Estado perderá aproximadamente unos 80.000 millones de pesos, un tercio del ajuste pactado con el Fondo. La UIA, como es lógico, ha puesto el grito en el cielo contra ese intento y ha reclamado, además, que se le baje la tasa de interés a la industria, sin importarle (o quizá sí) que eso llevaría a una mayor devaluación. El agro, por su lado, está en pie de guerra para defender el cronograma de reducción de retenciones. La UCR, que se había pronunciado por detener la rebaja, acaba de dividirse sobre el punto. El sector cordobés, ligado al capital sojero, se ha puesto del lado del capital agrario.

Los choques más fuertes siguen dándose entre los capitalistas vinculados con el negocio energético. El reemplazante de Aranguren acaba de anunciar que los aumentos del segundo semestre rondarán el 30%, cuando por la dolarización de los contratos esos aumentos debieran ser superiores. Las petroleras, las transportadoras y las distribuidoras pelean por ver quién gana y quién pierde en esta disputa. Mientras tanto, los subsidios han vuelto a crecer para compensar los beneficios capitalistas con dinero público.

…y política

Estos choques económicos se traducen al interior del gabinete y del oficialismo sin respetar ya el “estilo” PRO. Que lo diga Vidal, si no, que está siendo arrasada con las denuncias de corrupción en su contra por el financiamiento espurio de la campaña electoral. Muchos ven la mano negra de Marcos Peña detrás de la andanada, como una devolución de favores contra la dupla Larreta-Vidal, que le serruchó el piso a la dupla Quintana-Lopetegui, que responde directamente a la jefatura de Gabinete.

Las divisiones en el peronismo no son menores, sin embargo, que las que vive el oficialismo. El sector que responde a Pichetto y los gobernadores está embarcado en el armado de una lista sin el kirchnerismo, pero enfrenta un problema: carece de un candidato, por un lado, y por otro lado, la política de los gobernadores contra las masas hace estragos, como lo muestra que en el eje de la situación política de la Córdoba de Schiaretti está la privatización de Epec y el arrasamiento del convenio de los obreros de Luz y Fuerza. Es así como los ojos se han vuelto a posar sobre Cristina Kirchner, a quienes muchos le asignan un crecimiento en las encuestas. Propios y ajenos afirman que la maniobra inteligente de Cristina es mantenerse en silencio, lo cual sería una señal de debilidad y no de fortaleza. ¿O caerá en las encuestas una vez que empiece a hablar? Por lo pronto, Agustín Rossi, temprano presidenciable K, ha dado garantías de repago de los créditos del FMI. De todos modos, el punto principal es éste: en un momento de ajuste brutal contra los trabajadores, el silencio de Cristina Kirchner debe entenderse como una señal a los capitalistas de que no quiere sacar los pies del plato. Esa señal va también en dirección al peronismo, para que la acepte como candidata.

La clase capitalista enfrenta una crisis de envergadura en condiciones políticas de enorme precariedad de sus partidos históricos y de los nuevos que venían a sustituirlos. En este río revuelto, propicio para los oportunistas, empiezan a sonar incluso candidatos como Tinelli. La pelea entre el PJ y el macrismo por anotárselo como candidato es demostrativa de la crisis de fondo de las fuerzas políticas. Pero van a contramano de la conciencia popular. El movimiento impetuoso de mujeres que crece en el país no verá con buenos ojos a quien se hizo famoso cortando polleras en el prime time de la televisión. Por ahora, el único que se ha dado cuenta de ello es el propio Tinelli, que ha preferido evitar todo compromiso como candidato.

Las luchas que se vienen

Como hemos venido insistiendo desde estas páginas, la ofensiva capitalista que se ha desatado contra los trabajadores tiene pies de barro, porque la comanda un gobierno en crisis. Agregamos ahora: un gobierno en crisis y una oposición cómplice en una crisis igual o superior. Una modificación de la situación dependerá de una intervención activa y masiva de los trabajadores. La burocracia sindical está jugada a que eso no ocurra, por eso se niega a convocar medidas de acción de cualquier tipo. Así, luego de amenazar con un “conflicto infinito”, ante la llegada de Lagarde, no convocaron ni a una suelta de globos en el Obelisco. El “conflicto infinito” debe ser leído como el aislamiento de las luchas obreras que salen a enfrentar la ofensiva -o sea una estrategia de derrota. El moyanismo y sus aliados no pasan tampoco de las bravuconadas verbales, y esto luego del fallo infame contra el sindicato camionero, que afecta el derecho a huelga de todo el movimiento obrero.

Corresponde llamar la atención a los trabajadores sobre la posibilidad de derrotar la ofensiva actual. En oposición al derrotismo de la burocracia, señalamos que los trabajadores podemos derrotar esta ofensiva mediante un plan de lucha en serio. El primer paso en esa dirección es darle continuidad al paro masivo del 25 de junio con un paro activo de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo, para reclamar la reapertura de paritarias para conquistar un ajuste salarial que evite perder con la inflación, la defensa de los puestos de trabajo contra los despidos, un aumento de emergencia para los jubilados, y para enfrentar todas las medidas represivas impulsadas por el gobierno, como ser el decreto que habilita a las Fuerzas Armadas a intervenir en la seguridad interior.

De manera inmediata, tenemos por delante la lucha por la conquista del aborto legal. La Iglesia, el gobierno, el PJ y hasta el centroizquierdismo vaticano han colocado este derecho elemental de las mujeres en la mesa de negociación de las salidas capitalistas a la crisis. Hay que preparar una movilización masiva el próximo #8A en todo el país para derrotar estas maniobras y conquistar el aborto legal.

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