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14 de agosto de 2018

El gobierno de Vidal ratifica su complicidad con el aborto clandestino

El ministro de Salud “lamentó” el fallecimiento de la joven Liz, pero dijo que “el Congreso ya decidió” y que el “el foco debe estar en la educación”.
Por Mariana Ángeles
@romano_m

Tras la muerte de Liz, la joven víctima de un cuadro infeccioso agudo producto de la realización de un aborto clandestino, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Andrés Scarsi, ratificó la posición contraria a la legalización del aborto que sostuvo junto con la gobernadora María Eugenia Vidal. “Cuando uno está en un lugar de tanta responsabilidad hay que acatar las decisiones que se toman, y acá el Congreso ya decidió. Garantizamos la atención de las patologías que tienen legislación”, afirmó. Y agregó que “el foco debe estar en la educación”.

Con sus dichos, Scarsi deja en claro que para el gobierno de Vidal, antes que la vida y la salud de las mujeres que, como ministro, debería ocuparse de proteger, están los compromisos con la Iglesia. Todo un pronunciamiento para quienes dicen “defender las dos vidas”, poniendo en evidencia que la defensa de la vida corre por cuenta de quienes luchamos por el aborto legal en el hospital, no por los mandaderos del clero. Vidal había dicho que se sentiría “aliviada” si el el Senado rechazaba el proyecto de aborto legal que venía con media sanción de Diputados.

Por otra parte, la referencia de Scarsi a la educación sexual es pura hipocresía. En la provincia de Buenos Aires, fue el diputado provincial del Frente de Izquierda, Guillermo Kane, quien presentó el proyecto por la aplicación efectiva la ley de Educación Sexual Integral, que el gobierno que integra Scarsi no garantiza. El aborto legal no se opone a la educación sexual laica y científica sino que se complementan. El movimiento de mujeres levanta un programa de defensa de los derechos de salud y reproductivos de las mujeres, que implica educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

Los sectores que rechazan el aborto legal y hacen campaña contra su aprobación tampoco defienden la educación sexual laica y científica, porque también dota a las jóvenes y adultas de herramientas para conocer y decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Son voceros y tributarios del clero y rechazan el aborto legal para mantener, sobre la base de la criminalización legal y social, el control sobre la mujer y condenarla a un rol de sumisión. Como quedo en evidencia en el debate en el Senado, la ilegalidad del aborto solo se justifica con argumentos oscurantistas, anticientíficos y opresivos. La educación sexual laica y científica es incompatible con un gobierno clerical, comprometido con el Vaticano hasta los tuétanos.

El aborto legal es la única y necesaria herramienta para que las personas gestantes, como Liz, no mueran en abortos clandestinos. No habrá solución posible a las muertes por aborto clandestino hasta que no conquistemos la ley. Esa pelea es la que nos permitirá avanzar en la separación de la Iglesia del Estado, conquistar la educación sexual laica y científica y asegurar la vida. 

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