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23 de agosto de 2018

A los partidos del Frente de Izquierda

Compañeros: 

El Frente de Izquierda tiene por delante una situación política excepcional, la cual, por una serie de motivos de fondo,  supera las que ha debido enfrentar desde su fundación en el 2011. Asistimos a una combinación única de bancarrota económica,  cuyo fin está lejos aún de avizorarse, con una crisis política que ha pegado varios saltos con la aparición de los cuadernos, debido a que ha colocado en el banquillo de los acusados a buena parte de la clase capitalista y a sus partidos y políticos tradicionales. Traduce, al mismo tiempo, una crisis internacional, a partir de la política del imperialismo yanqui para desplazar la injerencia creciente de China y a los ‘campeones nacionales’ (Odebrecht, Petrobras, Techint, bancos locales) que se han desarrollado desde los gobiernos militares y bajo los gobiernos ‘nacionales y populares`. Es una crisis de conjunto, que se manifiesta, por ahora, en devaluaciones de monedas y activos de numerosos países emergentes, que incluye a Rusia y en parte a China. Traduce a nivel local la crisis que afecta, sin distinción de fondo, a gobiernos ‘progres’ y ‘neoliberales’en América Latina.

Para las masas populares se presenta, otra vez, el peligro cierto de una nueva crisis que haga retroceder sus niveles de vida, como ocurriera en 1989 o el 2001. La vuelta a los salvatajes del FMI ha otorgado a los trabajadores la certeza de que ingresamos en una fase de ajustes permanentes, con la complicidad del peronismo y de la burocracia sindical, que rehúyen a cualquier orientación de real oposición. Es que el régimen en crisis tiene como única salida redoblar la ofensiva contra los trabajadores, por medio de un verdadero plan de guerra que conllevará más despidos, suspensiones, reducciones del salario y de las jubilaciones, privatizaciones, ajustes en las provincias y nuevas reformas laborales y previsionales. Los primeros bocetos del Presupuesto 2019 dan cuenta del nivel de ataque que se prepara. No caben dudas que cuando adquiera difusión pública se generará una verdadera conmoción popular. 

Aunque los capítulos de la crisis económica que hemos visto han sido muy severos, lo más importante está por venir. Es probable que en las próximas semanas asistamos a nuevos saltos devaluatorios, con sus consecuencias  sobre la inflación y la recesión económica. El salto en el riesgo país, resultado del temor a un nuevo default, agravará el cuadro recesivo por la suba generalizada de la tasa de interés. La aparición de los cuadernos le ha agregado a la crisis un factor adicional, produciendo una caída en las acciones de las empresas y de los bancos involucrados en las corruptelas. El intento de sustituir la inversión pública por las PPP deberá simplemente archivarse, ya que los bancos no financiarán obras de empresas cuya estabilidad está cuestionada por las investigaciones judiciales en marcha. Planifican en su lugar un fideicomiso estatal donde los bancos deberían concurrir con el financiamiento a las PPP, lo que implica que ya el Estado no será garantía de última instancia, si no responsable y codeudor de las obras públicas, una operación de dudosa aceptación por parte de los buitres de las finanzas.

Asistimos a una crisis de alcance internacional. Los capitales-dinero refluyen de la periferia al centro, y en especial a Wall Street, en la mayor parte de los llamados países emergentes. Como esto se combina con una guerra económica internacional y crecientes sanciones de carácter político, la marcha de la crisis está condicionada por el desarrollo de la crisis mundial en su conjunto.

Crisis de régimen 

La aparición de los cuadernos se inserta en este contexto general, tanto internacional como local. Desnuda al conjunto de la clase capitalista y a sus partidos ante el tribunal de las masas explotadas. La causa de los cuadernos implica un golpe al régimen político basado en el entrelazamiento de sus partidos con la patria contratista y los grupos más importantes de la burguesía nacional. Esos grupos económicos gobernaron con el kirchnerismo y luego, cambio de frente de por medio, fueron la base social que permitió el triunfo del macrismo. En la causa se ve la mano del imperialismo yanqui, el cual, mediante la acción del Poder Judicial y del Departamento de Justicia de los EEUU, pretende valerse de la crisis para asegurarle a las empresas imperialistas el control de los principales resortes de la economía del país. Lejos de jugar un papel de orden, el imperialismo actúa agravando la crisis, socavando las bases de sustentación del gobierno de Macri. El propósito es reforzar el sometimiento del macrismo a sus intereses, mientras desarrolla una ofensiva judicial contra el personal político del gobierno anterior. El desfile de sus funcionarios corruptos por los tribunales, muchos de los cuales pasan a revestir la categoría de ´arrepentidos´, confirma la caracterización del kirchnerismo como un agente político de la burguesía, que no puede erigirse en una fuerza con intención o capacidad para derrotar la ofensiva encarnada por el macrismo contra el pueblo trabajador.

Desafío al FIT

Para el Frente de Izquierda,  la crisis presenta el desafío de convertirse en un polo político de la clase obrera. En esa estrategia debe inscribirse la denuncia de  la corruptela generalizada del régimen y las raíces sociales que hay detrás, así como también mostrar los propósitos del imperialismo por avanzar en una mayor colonización económica y política. La manipulación del Poder Judicial por parte de esos intereses no disminuye en un ápice la responsabilidad del kirchnerismo, al que debemos denunciar por haber gobernado estableciendo un régimen de corrupción generalizada que utilizó los recursos públicos para ´reconstruir´ a la burguesía nacional y asegurar el pago de la deuda externa usuraria. Es una corriente política de desmoralización del pueblo y de la juventud.  Tenemos que mostrarle a los trabajadores que asistimos a una disputa de buitres y corruptos, que debemos enfrentar desarrollando la alternativa política propia que venimos construyendo, con un programa de reivindicaciones movilizadoras y con una estrategia de poder basada en el gobierno de los trabajadores.

A la luz de esta situación, la gran tarea del Frente de Izquierda  es promover la intervención de los trabajadores, que han hecho grandes esfuerzos por enfrentar los ataques a pesar de las traiciones de la burocracia sindical. Esto plantea en primer orden la lucha para que “la crisis la paguen los capitalistas”, lo que supone desarrollar un programa por el repudio a la deuda externa, la nacionalización de la banca y del comercio exterior, el reparto de las horas de trabajo, la nacionalización de los recursos naturales y energéticos y el control obrero general de la economía. De manera inmediata, se plantea la lucha por la reapertura de todas las paritarias, un aumento de emergencia para los jubilados, enfrentar los despidos y las suspensiones, y movilizarse contra el derrumbe del sistema de salud y educación. La lucha contra el Presupuesto 2019 ocupará  un lugar importante en las próximas semanas. A diferencia de la oposición cómplice, que aplica el ajuste en las provincias donde gobierna y le vota las leyes al gobierno en el Congreso, la estrategia del Frente de Izquierda debe ser luchar por derrotar el plan de guerra del FMI reclamando un paro activo de 36 horas en la perspectiva de la huelga general. Sobre la base de este reclamo los partidos del Frente de Izquierda tienen la obligación de impulsar el reagrupamiento del activismo y del movimiento obrero combativo, apoyando encuentros como el realizado en Lanús el 23 de junio pasado, y que ahora tendrá su continuidad en encuentros en las provincias y nuevas iniciativas de conjunto y acciones para reforzar las luchas obreras, llevarlas a la victoria y superar el freno de la burocracia sindical. Es lo que tenemos planteado con Telam, la docencia universitaria, Luz y Fuerza de Córdoba, Astilleros Río Santiago y otras importantes luchas en todo el país. 

Asamblea Constituyente 

Argentina enfrenta una crisis de régimen político y una acentuación enorme de la crisis capitalista. Ello plantea la necesidad de una respuesta de conjunto. El planteo de la asamblea constituyente libre y soberana  aparece como muy ajustado a la situación, debido a que permite presentarle a los trabajadores la cuestión del poder  en momentos donde aún la crisis se sustancia en peleas por arriba.

Debemos explicarles a los trabajadores que luchamos por una constituyente soberana que adopte medidas de fondo inmediatas, como el repudio a la deuda externa, la nacionalización de los resortes fundamentales de la economía y la satisfacción inmediata de los reclamos populares más elementales. Entre estos se destaca el derecho al aborto y la separación de la Iglesia del Estado, es decir la confiscación del poder económico del clero,  planteos que se abrieron paso en masas enteras de la población y que en el pasado eran privativos de nuestro Frente de Izquierda. Ese enorme movimiento de lucha  ha desnudado el carácter clerical de los partidos del régimen. Resulta fundamental luchar hoy por una consulta popular, para darle continuidad  a esta movilización y enlazarla con la lucha estratégica por la separación de la Iglesia del Estado. 

Una constituyente soberana es incompatible con la permanencia del actual gobierno y del conjunto del régimen político. Por eso, y para que ésta sea realmente una consigna de poder debe ir precedida de la consigna  “fuera Macri y todo el régimen corrupto de kirchneristas, pejotistas y macristas”. Por una Justicia electa y revocable por el pueblo; desmantelamiento de los aparatos represivos y de espionaje. Un planteo de este tipo colocaría a nuestro Frente de Izquierda a la ofensiva, cuestionando al conjunto del régimen político y postulando su sustitución por una constituyente libre, soberana y con poder. No podemos abrir ninguna ilusión de que ésta sea convocada por el actual gobierno ni tampoco queremos reducirla a una consigna de tipo institucional –en América Latina de hecho ha habido varias constituyentes convocadas por los gobiernos nacionalistas para regimentar su Estado y reforzar las características bonapartistas de los regímenes. Su veta realmente revolucionaria está dada porque formulamos su concreción mediante la sustitución del gobierno y del régimen político actual. El planteo se enlaza de manera directa con la lucha por el paro activo de 36 horas y el Congreso de todas las centrales obreras y sindicatos, con delegados con mandato de asambleas, para debatir y votar un programa de reivindicaciones urgentes y una salida política y económica a la crisis desde el campo desde los trabajadores.  De este modo, y en primer lugar,  no aplazamos la lucha contra el ajuste a la convocatoria a ninguna constituyente, y segundo, nos esforzamos en desarrollar a la clase obrera como alternativa política para luchar por un gobierno de los trabajadores. 

Por una campaña política del FIT

A la luz de lo expuesto surge para el Frente de Izquierda un escenario político que reclama una intervención muy decidida. Nuestro partido lo ha venido señalando ya en diversas ocasiones durante estos últimos meses, y fue por eso que hicimos varias propuestas para que el FIT intervenga con iniciativas de frente único en la crisis en marcha. En el mes de junio –en medio de las primeras manifestaciones del derrumbe económico- y después, cuando planteamos una acción independiente del FIT el día 9 de julio.  La marcha de la crisis resalta ese rumbo: la importancia de una campaña política a escala nacional está fuera de duda. El FIT debe esforzarse para que los trabajadores intervengan en la crisis como un factor independiente. 

Consideramos que esa campaña debe abarcar todo un período y escalonarse junto a la propia marcha de la crisis política, y de la lucha y resistencia popular. En este sentido,  proponemos una gran movilización y acto a Plaza de Mayo,  que deberíamos concretar no más allá de fines de setiembre, donde el FIT presente sus planteos, y con ellos, una lucha política contra el Estado y los partidos del régimen.  Ese acto debería estar acompañado por convocatorias del mismo tipo en un conjunto de provincias donde intervenimos. Pero al mismo tiempo,  inserto en un plan –antes y después de la convocatoria- de acciones comunes, mesas debate e iniciativas para involucrar al activismo  en la lucha por una salida de los trabajadores a la crisis.  Un plan de estas características nos permitiría luego concretar un nuevo acto hacia noviembre, y sostener una presencia sistemática y creciente en el curso de la crisis política. 

Creemos más que oportuno que la Mesa del Frente de Izquierda diseñe un plan de este tipo, armando una agenda para los próximos meses que incluya acciones centrales y locales con la participación de todos los partidos y dirigentes del FIT, o sea, apelando al método del frente único para la lucha política contra el régimen y sus partidos.  Este tipo de agenda, a su turno, requerirá ir precisando los planteos y las consignas según evolucione la situación política y la acción de los trabajadores. 

Adelantamos estos planteos y propuestas, que llevaremos a la reunión de la Mesa del Frente de Izquierda.

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