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La Argentina macrista bajo la tutela de Trump

Una recorrida por los diarios resulta suficiente para entender por qué continúa la devaluación del peso, el derrumbe de las acciones de bancos y empresas industriales y de energía y el desplome de la producción industrial, y por qué la carestía se empina hacia el 42% anual, aunque algunas estimaciones prevén un 10% al mes.

De un fracaso a otro

De acuerdo a una consultora financiera entrevistada por Clarín (5.9), “La situación es delicada porque los compromisos en dólares son altísimos. Ahora más que mirar el déficit primario hay que mirar el déficit financiero. Hay $700 mil millones en plazos fijos que se van a ir pasando a dólares y hay u$s30 mil millones en los bancos que hay que ver si se quedan ahí”. En una línea similar, otro financista señala: “La reacción del mercado parece ser: ‘Te pedí certezas sobre el mercado financiero y la política, me contestaste con una profundización del ajuste en pesos que no te pedí y que te va a licuar políticamente y estás vendiendo reservas escasas sin asegurar más dólares”.

Ámbito (4.9), por su lado, desvistió al responsable del caos, al encabezar la página 5 con casi una denuncia: “Cómo no iba a subir el dólar si en agosto ´llovieron´ pesos”. En efecto, “la expansión monetaria que dejó el mes pasado”, a causa de la ‘recompra’ de Lebacs, por parte del Banco Central, ¡a valor nominal, no de mercado!, “ascendió a $162.849 millones”, que fueron ‘absorbidos’ por la compra de dólares. O sea que el gobierno, ‘orientado’ por el FMI, es el principal responsable del vaciamiento financiero de Argentina.

Para echar nafta a la hoguera, el Cronista destaca (3.9) que “El equivalente a dos tercios del apoyo del FMI ya salió de las reservas”, incluso cuando el acuerdo firmado con el Fondo ponía un límite a las ventas de divisas en el mercado de cambios. Clarín, de nuevo, titula que “Por la devaluación, crece el peso de la deuda en relación al PBI” y, añadimos, con relación al valor del activo o capital en el país. Este reducido compendio de comentarios, advierte que Argentina se encamina hacia una crisis política e incluso a una cesación de pagos (defol). En este marco, el domingo pasado se produjo una corrida, esta vez no cambiaria sino política, cuando todo el arco macrista desfiló por Olivos ante un aviso que ofrecía puestos en el gabinete. Dos días más tarde apareció Trump, para “apoyar” una nueva gestión de ‘ayuda’ al FMI, en un intento final para evitar una ruptura y la caída del gobierno.

Con relación a la situación de los bancos, un funcionario del Grupo Financiero Valores, explicó al Cronista (3.9) “que, en estos momentos, está cayendo el valor de todos los bancos porque al subir las tasas de interés, sube la incobrabilidad”, advirtiendo del “riesgo crediticio al que están expuestas las demás (¿?) entidades”. Las acciones de compañías de Argentina en Nueva York se han desplomado hasta un 80%, debido, por sobre todo, a la perspectiva de un ‘defol’ (“El Merval cayó 50% en dólares desde enero). Los bancos tienen en su patrimonio, en calidad de encajes, títulos públicos que cotizan con un descuento del 60% del valor nominal al cual los han contabilizados – de modo que sus balances son un fraude.

FMI, segundas partes

El gobierno mandó a Dujovne al FMI con un plan de ajuste fiscal, que no contempla la deuda externa; para hacer frente a esta última pide un desembolso al Fondo de u$s30 mil millones. La función financiera del ‘ajuste’ es evitar que se derrumbe el Tesoro nacional y se desate una inflación ‘a la venezolana’. Por eso ha recurrido a la medida ‘extrema’ de aplicar retenciones o reducir reembolsos a la exportación y subsidios a las empresas. El Tesoro recoge, de este modo, una suma módica del beneficio que la mega devaluación representa para el capital exportador. De otro lado, el ‘ajuste’ se aplica con fuerza a la reducción de los salarios y a cesantías masivas, con la vista puesta en una reforma previsional y laboral, que convertiría a las jubilaciones en una asistencia a la vejez y al trabajo en una fuerza sin defensas. Es muy manifiesto, asimismo, que el gobierno ha comprometido, sin hacer público, los recursos del Fondo de la Anses, para financiar el déficit fiscal. En apariencia ha reculado en algunos puntos de la ‘agenda social’, bajo la presión de huelgas y manifestaciones de masas, y de un “estallido social”. De todos modos, la protección del Tesoro mediante un ajuste, no toma en cuenta sus “necesidades financieras internacionales”, calculadas en u$s77 mil millones, a las que se suman la fugas de capitales, y el pago insoslayable de los intereses. Que el gobierno dé por descontado que podrá renovar los vencimientos de esa deuda, es algo completamente infundado. La tasa de riesgo de Argentina es de 800 puntos, a la cual solamente podrían apostar algunos fondos buitres.

Anarquía capitalista

La denuncia, por parte de numerosos voceros de la clase capitalista, acerca de que “el gobierno no tiene un ‘plan financiero’”, revela una miopía típica. “El plan financiero” simplemente es una ilusión en una “economía de mercado”, o más apropiadamente, de anarquía de la producción. El macrismo tenía un plan muy bien montado que se vino abajo, a partir de diciembre pasado, por una movida de la tasa de interés norteamericana y la guerra financiera y arancelaria. Hace dos meses, Luis Caputo armó un ‘plan financiero’ con los fondos BlackRock, Templeton y, a la distancia Pimco (el mayor del mundo), incluido el nombramiento de un funcionario de Templeton en el Banco Central, que les ha hecho perder miles de millones de dólares, y mucho más al Tesoro y al Banco Central de Argentina. Esos fondos compraron, con dólares, bonos en pesos, en función de un plan de estabilización que fracasó miserablemente. El Financial Times (3.9) interpreta, ahora, que este perjuicio alejará por un tiempo prolongado a los fondos de inversiones del mercado argentino. Claro que retornarán, en un tiempo, para comprar la deuda en defol, en la que son, precisamente, especialistas. Es así como entienden que ‘recuperarán’ lo perdido. El FMI, por su parte no tiene interés, en primer lugar, ni tampoco condiciones, para ocupar el lugar ni la función de los fondos financieros.

Esta anarquía capitalista se manifiesta, en estos mismos momentos, con la venta en masa de los títulos públicos de los países emergentes – “más allá de Turquía y Argentina” (Financial Times, 5.9). Encabezan la nómina Rusia, Indonesia, Polonia, México y Sudáfrica, pero en la cola se encuentra también China. Trump ha amenazado con sanciones a Rusia y a Alemania si prosiguen con la construcción del gasoducto que atraviesa el Báltico – y con represalias militares a Rusia por la ofensiva lanzada por los ejércitos de Siria y la aviación rusa contra la ciudad de Iblid, en el noroeste del país. Turquía ya se encuentra bajo un régimen de sanciones, y el viernes pasado registró una suba espectacular del ‘riesgo-país’. Los bancos italianos y españoles ya han comenzado a anotar las pérdidas debido al comienzo de una corrida bancaria en Turquía. La crisis de Argentina no tiene salida en el marco de esta crisis generalizada – no importa el ‘plan financiero’ que elabore. La salida de capitales en los países emergentes necesita un cambio en la política monetaria de la Reserva Federal, que está no puede producir, porque atenta contra el desencadenamiento de una violenta inflación en Estados Unidos. El carácter internacional de la crisis no absuelve de responsabilidad a los gobiernos de los países emergentes, que integran la economía mundial – simplemente señala que nadie piensa abrir la puerta de emergencia.

Gobierno, régimen, etapa

En este contexto, el desfile político en Olivos, el domingo pasado, y el cambio de gabinete posterior que no cambió nada, puso de manifiesto un inmovilismo de gobierno en toda la línea. Pero no solamente esto, sino también ha producido un cambio en el carácter del gobierno. El empeño de Macri en mantener su camarilla íntima revela que sigue condicionando el planteo frente a la crisis al objetivo de poder presentarse a la reelección en 2019. Dejó de lado el “acuerdo nacional” que le reclaman los editoriales de todos los medios y, si es verdad lo que estos dicen, por el FMI y los fondos del exterior. Macri sacó de la ‘mesa de decisión’ a los radicales, a la que habían sido invitados de nuevo hace algunas semanas, e incluso distanció a Vidal y Rodríguez Larreta, que abogan por ese acuerdo. Tenemos ahora un gobierno semi-bonapartista suma cero, en el sentido de que sigue en pie porque no se ha formado una alternativa decisoria en el campo patronal, ni el ala kirchnerista, que viene planteando con insistencia “llegar a 2019”. La cofradía K teme que el reemplazo de Macri por una coalición de gobierno le robe las luminarias en esa fecha. La precariedad política de Macri se manifiesta en su llamado a Trump, sin que le haya importado que de este modo esté revelando su inviabilidad política ante el capital financiero internacional.

¿Qué significa un ‘acuerdo’ con Trump? Algunos mentideros hablan de un préstamo del Tesoro yanqui de u$s6 mil millones cada trimestre, hasta 2020. La ‘gran Maduro’. En efecto, varios decretos presidenciales, dictados en 2017, establecen que el gobierno puede ofrecer, como garantía de préstamos internacionales, recursos naturales como Vaca Muerta, el litio del norte y otros minerales. Es lo mismo que pretende Maduro con el “petro”, y por las mismas razones – la quiebra financiera. La corresponsal de Clarín en Washington atribuye el motivo de un préstamo de Trump al objetivo de frenar la penetración china, precisamente en ese espacio de recursos. Cita, además, la base espacial china en Neuquén. De modo que un pacto Macri-Trump significaría el ingreso de Argentina a la categoría de colonia. Todavía queda por ver la reacción de China, que compra el aceite de soja de Argentina y tiene otorgados dos préstamos al Banco Central. El impacto político de semejante enajenación desataría una rebelión popular.

Viene desde el pie

La mejor noticia de los últimos siete días ha sido la marcha universitaria enorme del jueves pasado, la movilización de los Astilleros de La Plata y la huelga general con piquetes del martes en el Cordón Industrial de San Lorenzo, llamada por las regionales de CGT y CTA. Todo esto estaba en el radar del país, que registró movilizaciones históricas en el 2x1, de parte del movimiento de mujeres y el 14 y 18 de diciembre pasado. Se anuncian movilizaciones en Córdoba y en Mendoza. En los mentideros patronales se está hablando ya de repetir la ‘gran Duhalde’ de fines de 2001, para contener políticamente, otra vez, a los trabajadores, con la ayuda de la burocracia sindical y especialmente aquella que se está poniendo la camiseta nacional y popular – que es la más pérfida.

En oposición a esta maniobra, precisamente, planteamos la convocatoria de una Asamblea Constituyente que se haga cargo de todos los poderes del Estado. Planteamos que la clase obrera discuta esta iniciativa, para que sea ella quien la impulse y garantice. Con esta estrategia política, reclamamos adelantar el paro de la CGT, que debe ser activo y de 36 horas, preparar la huelga y convocar a un Congreso de delegados electos de todas las centrales sindicales. Este Congreso debe aprobar un gran plan de acción contra el FMI y el ajuste, con un programa de reivindicaciones urgentes de los trabajadores. Es, al mismo tiempo, el espacio de organización que debe imponer una Constituyente libre y soberana.           

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