fbnoscript

Los alquileres más caros de la historia (y los créditos UVA, impagables)

Los recientes informes sobre montos de alquileres y de créditos UVA muestran las consecuencias fatídicas para la población trabajadora de un régimen orientado al beneficio de los bancos, los especuladores inmobiliarios y los capitalistas de la construcción.

La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires informó recientemente que los alquileres porteños alcanzaron un máximo histórico, representando en la actualidad un 50% del salario promedio. Ello “en una ciudad donde casi la mitad de los habitantes son inquilinos”, y la que más de un tercio de los hogares alquilados se sostienen con un solo ingreso (Página12, 12/9). A ello se añade la carga de los tarifazos: “si se suman los servicios públicos, impuestos y expensas (…) entre el 60 y 70% se destina a mantener la vivienda alquilada” (ídem). Este resultado era previsible, si se tiene en cuenta que durante los últimos cinco años los alquileres en la ciudad tuvieron subas anuales superiores al 30% (Reporte Inmobiliario, 15/8).

En base a datos provistos por el portal Argenprop, los barrios Recoleta, Belgrano, Centro, Caballito, Flores, Almagro, Villa Urquiza, Villa del Parque y Núñez concentran el 73% de las ofertas de alquiler. Pero justamente estos crecientes costos de la vivienda llevan a un desplazamiento en muchos casos hacia las villas de la Ciudad, cuya población se duplicó desde el 2001 y hoy superan los 250 mil habitantes, mientras que la población total de la ciudad se mantuvo estable desde hace 60 años. Al calor de ese proceso, hoy el 30% de los que viven en villas alquila, por montos que van de los $4.000 por una pieza hasta los $10.000 (Clarín, 30/6).

Créditos UVA

A este proceso se suma, ya a escala nacional, el fin de la expectativa depositada en los créditos UVA –indexados por inflación– lanzados en 2016, que se expandieron en todo un sector para el cual aparecían como la única posibilidad de tener una vivienda propia. La devaluación y la inflación, superiores a la indexación de los salarios, han llevado las cuotas a niveles intolerables y ha cortado abruptamente la solicitud de este tipo de préstamos.

“El analista financiero Christian Buteler calculó que un crédito de 1 millón de pesos a veinte años otorgado el 31 de marzo de 2016 comenzó con una cuota de 7.915 pesos. Ahora, la cuota está en 14.220 pesos (una suba del 80 por ciento) y el capital adeudado, en 1.729.329 pesos (72 por ciento más)”, ello habiendo pagado con precisión de reloj cada cuota (Página12, 10/9). Como los salarios vienen perdiendo año a año contra la inflación, por la fuerza de los techos paritarios del gobierno y la burocracia sindical, las cuotas se hacen cada vez más difíciles de pagar –en la nota citada se ejemplifica con un estatal, cuyo acuerdo salarial fue del 15% contra una inflación prevista del 42%.

Cuando se lanzó la herramienta se establecieron máximos de cuota-ingreso (25%) y de plazo (30 años); el año pasado, al calor de esta crisis, estos subieron al 30% y a los 40 años, respectivamente. Hoy hasta esto se ha vuelto historia: como “el crédito tampoco se puede alargar mucho más allá de los 65 o 70 años del tomador” (ídem), se sobrepasa en los hechos el máximo cuota-ingreso. Por el otro lado, el economista López Mieres advierte que incluso ampliándose el plazo, considerando la sistemática caída del salario real, “lo más factible es que a la persona ni siquiera le alcancen esos diez años para poder cumplir con el crédito” (Canal Abierto, 10/9). En este escenario, ya se advierte la posibilidad de que no se puedan pagar las cuotas y eso lleve a perder la vivienda (o sea, el 20% del precio de la misma puesto para entrar al crédito, más las cuotas abonadas). La viabilidad de vender la vivienda para evitar esta situación aparece como incierta, al margen de que para muchos se trata del hogar donde viven.

Toda esta bola, sumada a una devaluación que hizo que el piso de ingresos en pesos para pedir un UVA se elevase muchísimo, ha llevado a la caída de estos créditos: un 60% por ciento en marzo y julio, y falta ver el impacto de la última corrida. Ello alimenta la caída de la demanda de inmuebles, lo que podría llevar a la situación de que caiga el precio en dólares de los ya hipotecados: “entonces [señala López Mieres] podría pasar lo que se dio en Estados Unidos en 2008 con la crisis de las hipotecas subprime, que el inmueble valga menos que la deuda contraída con el banco y que se terminen ejecutando” (ídem)

Basta

Los capitalistas y el gobierno han establecido un régimen de privaciones crecientes y expulsiones para la población trabajadora, cuya perspectiva de una vivienda propia es cada vez más lejana e incluso su posibilidad de alquilar relativamente cerca de donde se trabaja se está volviendo cuesta arriba. Como parte de ese mismo proceso han inflado esta burbuja, cuya eventual explosión querrán que pague el pueblo con más sacrificios.

Hay que oponer una salida propia: aplicar impuestos a la renta de las grandes fortunas, centralizar esos fondos en una banca única estatal bajo control obrero, y desplegar a partir de allí un plan de construcción de viviendas que termine con el gigantesco déficit habitacional y un plan de créditos a tasa cero y cuyas cuotas no superen el 20% del salario.

En esta nota:

Compartir

Comentarios