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18 de septiembre de 2018

La Iglesia salteña lanza su contraofensiva 

A raíz del retiro momentáneo del crucifijo de la Cámara de Diputados. 

Un importante revuelo se generó en Salta a raíz del retiro, por escasos minutos, de la cruz de la Cámara de Diputados, para la presentación del libro Vida de Perro, de Horacio Vertbisky.

Los funcionarios de la Iglesia pusieron el grito en el cielo exigiendo saber “quién ordenó semejante sacrilegio”. Un par de horas después, el presidente de la Cámara de Diputados, Santiago Godoy (PJ), pedía disculpas y negaba cualquier responsabilidad. Para la curia, la tibia respuesta no fue satisfactoria y reclamó un posicionamiento claro, una especie de desagravio del cuerpo.

En otras ocasiones también se retiró la cruz. El relieve que ha tomado en esta ocasión se vincula, sin duda, a raíz del debate de la ley de aborto legal y sus corolarios, que han traído una pujante lucha por separar Iglesia de Estado, la victoria de los padres contra la educación religiosa, la derogación del protocolo anti-aborto no punible, el debate de la ESI y nuestro proyecto para que la Iglesia pague impuestos. La Iglesia no quiere ceder terreno.

La curia tomó el mes de septiembre (cuando celebra “la procesión del Milagro”) como su período de “resurrección”. Ha salido fuertemente a posicionarse contra el cobro de impuestos y contó con el apoyo del PJ, el macrismo y el kirchnerismo que se llamaron a silencio. Conscientes de que el aborto los coloca como anti-derechos, y que el tema fiscal expone sus privilegios, decidieron hacerse fuertes en el método milenario de difundir miedos y prejuicios entre la población, con dichos como que la ESI promueve la homosexualidad en los niños. El monseñor Mario Cagnello reclamó a Urtubey, en plena procesión, ante cientos de miles de personas, que “una ideología de minoría no sea impuesta a una mayoría” y que “una educación que no respete lo natural, es una educación frustrante y no podrá ser consi¬derada integral”. 

Lo cierto es que en todos estos años, tanto en educación como en salud, se aplica lo que manda la iglesia. El resultado es que Salta tiene uno de los índices más altos de embarazo adolescentes y duplica la media nacional en abusos y violaciones. Tenemos récord de denuncias por año de violencia de género y decenas de femicidios. La realidad demuestra que los postulados de la Iglesia buscan perpetrar esa situación de opresión para las mujeres y niñas. 

El episodio de la quita momentánea de la cruz muestra que la Iglesia no quiere perder terreno político, económico ni simbólico. Desde el PO consideramos que los símbolos de un credo en particular no deben estar en los lugares públicos, pero advertimos que el debate del crucifijo encierra un debate de fondo sobre el rol de contención social de la Iglesia, en el marco de un ajuste brutal.

Tenemos una gran tarea por delante, que es la de seguir desarrollando la marea verde que conquistó la derogación del decreto 1.170, y obligó a que Urtubey adhiera a la guía nacional de interrupción legal del embarazo. Otra gran conquista fue sacar la materia religión de la escuela, medida arrancada a la Corte. Tenemos que conquistar la ESI científica y laica, el cobro de impuestos a la curia y el 28 de septiembre hacer sentir nuevamente la marea verde por las calles de Salta. 

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