fbnoscript
11 de octubre de 2018 | #1523

Las valijas de Carrió cargan a un régimen en ruinas

La pretensión oficial de que el escándalo de los cuadernos sólo actuaría como un ariete contra el viejo elenco de funcionarios kirchneristas se ha derrumbado definitivamente. Con la declarada “pérdida de confianza” de Carrió hacia Macri, el cuaderno-gate ha detonado en el corazón del gobierno. Las valijas de Carrió comenzaron a armarse cuando el ministro de Justicia, Germán Garavano, destacó la “inconveniencia” de una eventual prisión preventiva a Cristina. Pero se afirmó después de la decisión oficial de apartar a tres altos directivos de la Afip, los cuales investigaban movimientos “extraños” en las cuentas bancarias de IECSA, la empresa que Macri transfirió a su primo Calcaterra en 2008. IECSA se encuentra involucrada en el régimen de coimas perpetrado para la adjudicación del soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, en asociación con el grupo Odebrecht.

El gobierno argentino estuvo demorando durante un año las revelaciones de la Justicia brasileña en torno de la participación de empresas argentinas en el Lava jato. Las primeras indagaciones sobre IECSA apuntaban solamente a lo ocurrido después de 2008 -cuando los Macri se habían desprendido de ella. Pero una resolución de Cámara extendió las investigaciones al año 2005, cuando los Macri tenían las dos manos adentro. Mientras tanto, empresarios como Rocca o Mindlin, inicialmente apartados de las citaciones judiciales, comenzaban a desfilar por Comodoro Py. Un comentarista de La Nación tituló certeramente la nueva situación: “A los cuadernos los carga el diablo” (29/9).

Encapsular

La indulgencia de Garavano hacia Cristina no es un exabrupto, ya que se considera al ministro como el vocero judicial de Marcos Peña y Macri. Algunos atribuyen una decisión oficial de mantener a Cristina Kirchner en libertad a un cálculo político, o sea, favorecer una polarización electoral entre el kirchnerismo y Macri, cargando a la primera con la picota de las acusaciones, pero sin la “victimización” que implica una prisión preventiva. Todo indica, sin embargo, que la indulgencia hacia Cristina sería el mascarón de proa de una operación de mayor alcance, dirigida a contener y a encapsular a las consecuencias del cuaderno-gate en su conjunto. Esto explica, a su vez, el ataque de los kirchneristas a Carrió, en un indisimulado apoyo a Garavano. Se trata de un operativo de rescate de los empresarios de la corrupción K y M. El mismo Garavano confesó recientemente su empeño en “ayudar (sic) a las empresas que durante muchos años participaron de este mecanismo de corrupción, para que puedan reconvertirse (y) sigan con las obras públicas”. Garavano viajó semanas atrás a Estados Unidos con la funcionaria “anticorrupción” Laura Alonso, a convencer a financistas norteamericanos de que el cuaderno-gate no debía interrumpir las decisiones de financiar al programa de Participación Pública Privada (PPP), en un escenario donde las principales empresas locales que aspiran a participar se encuentran involucradas en el régimen de coimas que investiga Bonadio.

Desde entonces, el gobierno ha redactado varias disposiciones relacionadas con este indulto a la burguesía contratista: por caso, que los coimeros queden habilitados a licitar a cambio de un régimen de multas, o aquella otra que busca separar a la “persona física” de la “persona jurídica”, para que las investigaciones sobre ciertos personeros o gerentes no interrumpan los negocios capitalistas. Si el derrumbe económico ha colocado en disolución a varias de las principales instituciones del régimen capitalista, como el Banco Central, el sistema de crédito o la moneda nacional, el affaire de los cuadernos ha completado esta labor al paralizar otro de los resortes del presente régimen social -el sistema parasitario de contratos que une a la gran burguesía con las finanzas públicas.

Carrió y la Embajada

Carrió ha salido a levantar el estandarte de la transparencia y el republicanismo. Pero esa virulencia no se le conoció cuando saltaron las cuentas bancarias de Gustavo Arribas, el jefe de la Side macrista, largamente mencionado en el Lava jato brasileño. Tampoco para denunciar el reciente sobreseimiento del propio Macri en la causa de las pinchaduras telefónicas en la Ciudad. La “moralidad a medida” de Carrió es sólo un ariete del imperialismo, que juega sus propias cartas en el cuaderno-gate argentino. El ya citado comentarista de La Nación asocia esta escalada judicial al “desafío de una renovación total del establishment”, citando a continuación “la presencia de empresas extranjeras husmeando licitaciones”. Como en Brasil, la caída en desgracia de la burguesía contratista es la ocasión para el copamiento de diversos filones de negocios por parte del capital internacional. Esta cuestión, a su turno, está también presente en la mesa donde se discute un defol de la Argentina: no es un secreto que cualquier reestructuración de deuda con una intervención activa del gobierno norteamericano estará asociada a una operación más general de recolonización económica, pero también de penetración política y militar. Ello no sólo implica el desplazamiento de la burguesía nacional, sino un alineamiento más claro de la Argentina en la guerra comercial internacional entre Estados Unidos y China. Por caso, y en los mismos días en que estalló la crisis de los cuadernos, la administración Trump ‘alertó’ sobre la instalación de la base militar china en Neuquén. La bancarrota argentina ha multiplicado estos conflictos: después de haber ‘cerrado’ con el FMI, la administración macrista tramitó un nuevo auxilio de divisas entre China y el Banco Central, asociado con acuerdos comerciales. Cualquier salvavidas de Trump entrará en choque con este tipo de operaciones. La “reconfiguración” de la Argentina capitalista sólo podría operar a través de choques y crisis políticas de envergadura, que se enlazan con la propia crisis mundial.

Que se vayan

La fractura del gobierno macrista, como se ve, envuelve a todo el andamiaje social, político y judicial que sostuvo, no sólo a Cambiemos, sino a todos los regímenes y gobiernos que en las últimas décadas gobernaron en favor del endeudamiento nacional, del vaciamiento de las finanzas del Estado a favor de la patria contratista, de la explotación y precarización de los trabajadores. En medio de un derrumbe económico sin precedentes, la clase capitalista ha perdido toda autoridad política -e incluso moral- para exigir que los explotados paguen la crisis. En oposición a la tentativa de “recauchutar” al régimen y sus partidos -de Cristina a Techint, de Roggio a Macri- planteamos que se vayan, y que una Asamblea Constituyente libre, soberana y con poder ejecute las medidas elementales para poner fin al régimen corrupto -entre otros, nacionalizar al conjunto de la obra pública bajo control de los trabajadores, la elección de los jueces por el voto popular y el desconocimiento de los pactos económicos y militares con el imperialismo, comenzando por la fraudulenta deuda externa.

Compartir

Comentarios