fbnoscript
17 de octubre de 2018

El Indec confirma el derrumbe en el poder adquisitivo de los haberes

La inflación ya alcanza el 50%, mientras que la caída del salario y las jubilaciones se ubica en el 20%.
El Indec confirma el derrumbe en el poder adquisitivo de los haberes

Foto Nicolás Parodi

Con la inflación del 6,5% para el mes de setiembre –y del 32,4% para los primeros nueve meses del año– tal como fuera informado hoy por el Indec, se reafirman las proyecciones de un aumento superior al 50% para todo el 2018 y un derrumbe en la capacidad de compra de los trabajadores y los jubilados.

Es que todos los analistas –e incluso el propio gobierno– reconocen que el alza de los precios de noviembre será muy alta, ubicada en una cifra cercana a la de octubre, impulsada, entre otras cosas, por la disparada en los precios de los alimentos, el aumento en el gas y en los combustibles y el nuevo golpe de las prepagas. En diciembre, el índice de inflación no bajaría del 4 por ciento.

Los economistas que participan del Relevamiento de Expectativas del Banco Central (REM) estimaban, antes de conocerse los datos de setiembre, una inflación del 44,8% para el 2018.

Este desbocado alza de los precios golpea brutalmente sobre los bolsillos de los trabajadores que, prácticamente en ningún caso, tendrán aumentos en sus haberes superiores al 30/35 por ciento. Peor aún es el cuadro para los jubilados cuya “movilidad” apenas superará el 25% al finalizar el 2018.

La inflación de setiembre, junto a la de abril del 2016, son las más altas desde la crisis del 2001 cuando, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, la salida de la convertibilidad hizo dar un salto del 10,4 por ciento.

Este mecanismo de deterioro abrupto de los niveles salariales y previsionales es un aspecto nodal de la política del gobierno macrista y de los gobernadores de todo pelaje y forma parte del acuerdo con el FMI. Es la mecánica para que la crisis recaiga sobre las espaldas de los sectores populares.

En el desagregado de las cifras del Indec se constata, además, que los mayores aumentos recaen sobre los productos que integran la canasta de los sectores más humildes de la población. Así, los alimentos tuvieron un alza del 7%; el transporte público, del 10,4%; la ropa, del 9,8% y el equipamiento del hogar, del 9,7 por ciento.

Y, desde abril pasado, “la harina duplicó su precio, el aceite subió un 60%, la manteca un 30% y el detergente, un 62 por ciento” (Pag12, 17/10). A esto se le suman los desmesurados incrementos de entre el 1500 y el 2000 por ciento en los servicios de agua, luz, gas, imprescindibles para la vida de la población.

Estamos frente al empuje a la miseria masiva de los trabajadores y demás sectores populares. Ante estos golpes provocados por un gobierno repudiado por amplios sectores de la población, la burocracia de todos los sectores oscila entre el silencio absoluto de la CGT y las medidas de fuerza aisladas del moyanismo, Ctera, Baradel, la Corriente Federal, que no responden a la necesidad de enfrentar el ajuste.

Todos ellos apuntan “al 2019” y el hipotético cambio de gobierno y de política oficial. Mientras tanto, dejan abierto el camino hacia el hambre y la miseria.

El momento es ahora. Ante la pasividad de la burocracia, el clasismo y las direcciones combativas tienen la tarea por delante de organizar al conjunto del activismo en la pelea contra el ajuste, por un congreso de delegados de base que analice y ejecute un inmediato paro activo de 36 horas y un plan de lucha en la perspectiva de la huelga general para que la crisis la paguen los capitalistas, que son los que la generaron.

 

En esta nota:

Compartir

Comentarios