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18 de octubre de 2018

“Todos unidos triunfaremos en 2019”

El acto del 17 de octubre en Tucumán.

En Tucumán tuvo lugar el acto más relevante de los seis que las facciones del pejota realizaron en todo el país por el aniversario del 17 de octubre.

Asistió una multitud. La policía del gobernador Juan Luis Manzur habla de 125 mil. El periodismo destaca la presencia de 50 mil. En cualquier caso, buena parte de la concurrencia fue arreada por jefes de reparticiones, directoras de escuela, punteros en los barrios con listas de planes –en la provincia alrededor de 150 mil personas reciben algún subsidio del Estado nacional o provincial–, quienes presionaron y amenazaron con represalias a quienes no se hicieran presentes. El estado provincial dispuso de todos sus recursos para asegurar un marco multitudinario.

Convocado con el sambenito de la Lealtad y la Unidad, el acto tucumano reunió a una porción significativa de las tribus en las que se divide el pejotismo. Hubo gobernadores, algunos legisladores nacionales, dirigentes del PJ y representantes de la burocracia de la CGT, entre ellos, Héctor Daer y también Luis Barrionuevo. El cristinismo mandó una delegación, en la que figuraron el titular del PJ porteño Víctor Santa María y el intendente e Esteban Echeverría, Fernando Gray. Una ratificación simbólica de que los K no sacan los pies del plato de la “unidad”. Desde afuera, “el chivo” Agustín Rossi se quejó de la exclusión de CFK (La Gaceta de Tucumán, 17/10). También estuvo presente el diputado Daniel Scioli, quien a su paso rescató al gobierno de Macri (ver nota aparte). Por otra parte, de los cuatro que semanas atrás se sacaron una foto “unitaria” –Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti–, se bajaron Urtubey y Schiaretti.

Todos los oradores criticaron a Macri, aunque representan a quienes en estos tres años apoyaron la política macrista y lo siguen haciendo. Los gobernadores aplicando su propia política de ajuste contra los trabajadores. Los legisladores contribuyeron a la sanción de más de cien leyes y ahora se disponen a apoyar la sanción del presupuesto 2019, renglón más, renglón menos, dictado por el FMI; la CGT, sosteniendo una política de tregua social, de entrega de los salarios y puestos de trabajo, aislando las luchas que han emergido desde abajo, dando la espalda a la lucha de las mujeres por sus derechos.

Sin menciones a los gobiernos de Néstor y Cristina, los oradores plantearon que el PJ vuelva al gobierno y exhortaron a la unidad del peronismo, aunque con matices. Cada uno dijo lo suyo. En general, coincidieron en que las primarias debían definir al candidato. Massa habló de abrir al PJ y unirse con otras expresiones. Pichetto, en cambio, sostuvo que la clave era unir sólo al justicialismo e incluso rescató la gestión del ex gobernador tucumano, José Alperovich, quien pegó el faltazo. Por último, Manzur proclamó en su discurso la fórmula Manzur-Jaldo (o sea, el actual gobierno) para renovar en 2019, descartando una eventual aventura presidencial.

El acto tucumano, en el contexto de lo que es hoy el cambalache pejotista, exhibió un amontonamiento inscripto en la tentativa de encausar la crisis y preparar un relevo ante un eventual derrumbe del gobierno de Cambiemos. Los trabajadores debemos tomar nota de esta tentativa política.

Políticamente, el 17 de octubre del ‘45 fue una irrupción de la clase obrera, en una crisis política excepcional en aquellos años, que permitió dar un desenlace al intento golpista a favor de una de la fracciones capitalista en pugna, la nacionalista, cuyo principal referente era Perón. En esta oportunidad, los autoproclamados herederos de Perón se conjugan para evitar cualquier irrupción de los trabajadores en la crisis nacional: el llamado común es prepararse para el 2019 y ganar en las urnas. Perón ganó en las urnas del ‘46 luego de haber ganado en las calles en octubre del ‘45.

La crisis, nuevamente excepcional, que envuelve al país en todos los planos, vuelve a poner en agenda la necesidad de un nuevo 17 de octubre pero, a diferencia de aquel 1945, esta vez la irrupción de los trabajadores deberá ser para que se vayan todos: Macri, el FMI y todas las expresiones del pejotismo, o sea del “nacionalismo” impotente, cómplice del macrismo, corrupto y ajustador del pueblo. Y el desenlace de esa lucha, para que realmente sea victoriosa a favor de los trabajadores, debe imponer una Asamblea Constituyente electa, con poder, que pase a gobernar y en simultáneo a adoptar todas las transformaciones de fondo para refundar al país en función de los intereses del pueblo trabajador.  

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