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20 de noviembre de 2018

Los pañuelos celestes de Cristina

El foro de los derrotados.

Aunque originalmente había sido propagandizado como una contra cumbre al G-20, los organizadores y participantes del llamado Foro Mundial del Pensamiento Crítico reunido en Ferro se encargaron de aclarar que era un evento de ideas de cara al futuro. La aclaración después de todo sonaba obvia, ya que las dos participantes estrella, Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, fueron parte del G-20 cuando ocupaban la presidencia de Argentina y Brasil respectivamente. En ninguno de las reuniones del G-20 que les tocó participar organizaron contra cumbre alguna ni se pronunciaron favorablemente por las manifestaciones de masas que suelen organizarse en su rechazo. En el caso particular de Cristina Kirchner, que suena a candidata para el año próximo, su cuidado en no rechazar al G-20 anticipa que de volver a la presidencia seguirá integrando este antro dirigido por las grandes potencias imperialistas.

Los discursos de ambas ex presidentas tocaron la misma música. CFK convocó a formar un frente “lo más amplio posible” para frenar al neoliberalismo; lo llamó una ´alianza democrática´. En el caso de Dilma Rousseff quedó de manifiesto una capacidad sorprendente para no aprender de su propia experiencia, ya de por sí fatídica. Sucede que ella llegó al gobierno como parte de un “frente anti-neoliberal” expresado en la fórmula conjunta con Michel Temer. La historia después es conocida: Temer, en conjunto con el parlamento y apoyado en las fuerzas armadas, ejecutó un golpe para desplazarla del poder y hacerse de la presidencia. Para evitar este golpe Dilma no llamó a movilizarse sino que intentó ganarse a los golpistas impulsando ella misma su programa. Una de sus últimas medidas en la presidencia fue la privatización de los yacimientos pre-sal (mar adentro) que fue votado en el Congreso junto con los golpistas, que agradecieron la iniciativa sin desistir ni por un momento del golpe. Ya en la presidencia, Temer impulsó una política de encarcelamiento de los dirigentes del PT, empezando por el propio Lula, cuya candidatura fue proscripta por la Justicia. Su incapacidad para aplicar un ajuste hasta el final le abrió la puerta a Bolsonaro, que promete cumplir esa tarea por una acción de fuerza contra la clase obrera. El candidato del PT, Haddad, también quiso impedir el triunfo de Bolsonaro aplicando la política de Dilma Rousseff. Pero la alianza democrática propuesta a los políticos capitalistas se pareció a un amor no correspondido. Sirvió para que el PT se ate a un más de pies y manos al capital, sin que sus políticos le tiren una soga. La última noticia que nos llega es que el propio Haddad ahora acaba de ser procesado por la Justicia.

En el caso de Cristina Kirchner su intervención fue aún más a fondo. Pidió formar un frente patriótico, eliminando las categorías de izquierda y derecha porque ya estarían en desuso –una frase trillada que suele usarse para justificar las peores alianzas. A nadie le pasó por alto el contexto: el kirchnerismo viene de realizar un acuerdo en el Congreso con el PJ y los gobernadores, para votar en conjunto los representantes al Consejo de la Magistratura. La lista común con los Massa y los Schiaretti, votadores seriales de las leyes macristas, es la estrategia fijada en el Instituto Patria de cara al 2019.

La ´amplitud´ de Cristina Kirchner fue incluso más allá. Dijo que en su movimiento hay “pañuelos verdes y pañuelos celestes”, para que nadie se confunda con que una vuelta suya al gobierno va a implicar la legalización de derecho al aborto. Según la ex mandataria, la crítica al clero sería un “lujo que divide”.

Según Cristina Kirchner si el pueblo ha aguantado el ajuste macrista se debe a que los gobiernos de ella y de su esposo dejaron un piso de derechos, como ser la AUH y las jubilaciones. Se trata, claro, de una presentación interesada, que busca encubrir la colaboración del peronismo y de la burocracia sindical con el ajuste macrista. No por casualidad Cristina Kirchner omitió cualquier crítica a quienes acaban de votarle el Presupuesto a Macri en el Senado. En cambio, sí volvió a criticar a quienes bajo su gobierno rechazaban el impuesto al salario, anticipando que de volver a la presidencia mantendrá esta medida confiscatoria del ingreso de los trabajadores.

El foro de Ferro reunió a los responsables del ascenso de la derecha –los Bolsonaro y los Macri. La estrategia que delinearon en sus discursos lleva a repetir una experiencia fracasada. Como dijo Albert Einstein, “si buscás resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Es hora de hacerle caso.

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