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22 de noviembre de 2018 | #1529

Cristina y los piqueteros

Cristina y los piqueteros

El movimiento piquetero fue el protagonista más importante del Argentinazo, que acabó en 2001 con el gobierno de De la Rúa-Cavallo

Cristina, en la contracumbre que no fue, se refirió al movimiento piquetero. Dijo “hasta que llegamos nosotros hubo un movimiento piquetero, hoy hay organizaciones sociales”. La frase tiene más implicancias que palabras.

Efectivamente, hasta la llegada del kirchnerismo al poder, hubo un poderoso movimiento piquetero que cumplió un papel revolucionario en la situación política de la época. Fue el protagonista más importante del Argentinazo, la rebelión popular que acabó en 2001 con el gobierno de De la Rúa-Cavallo, cuando su accionar se unió a las cacerolas y las asambleas populares de la estafada y confiscada clase media. Su origen en la segunda mitad de los ’90, desde el santiagueñazo contra Menem, lo colocó a escala mundial como una novedad en la clase obrera, organizando a su sector desocupado, víctima de las privatizaciones, el ajuste y la flexibilidad laboral de la etapa.

Antes de la llegada de Néstor Kirchner, fue el movimiento piquetero el que enfrentó en el Puente Pueyrredón al operativo represivo de Duhalde para ahogar en sangre y represión el enorme movimiento que algunos elevaron a la categoría de nuevo sujeto histórico revolucionario. Para el Partido Obrero fue y es la organización de lucha del sector desocupado de la clase obrera, que hereda y realimenta sus mejores tradiciones de lucha clasista.

Cristina envió un claro mensaje a la clase capitalista. En Ferro, su virtual lanzamiento electoral, se ha jactado de acabar con el movimiento piquetero mediante la cooptación de sus organizaciones al Estado, hoy “organizaciones sociales”.

Su gobierno garantizó un importante ejército industrial de reserva con desocupación estructural, aún en épocas de tasas chinas de crecimiento, estabilizó un tercio de los trabajadores en negro, dio manija a las cooperativas truchas para el trabajo precario de los desocupados con planes sociales y fue el reino de la tercerización contra la que luchó y fue asesinado Mariano Ferreyra, junto a los ferroviarios. Una modalidad de precarización que más tarde consagraría con nuevas garantías legales en el Código Civil. Las “organizaciones sociales” sirvieron bajo el kirchnerismo a la contención de la caldera de semejante desigualdad social, mediante el asistencialismo y la cooptación política.

Las “organizaciones sociales” de Cristina se prolongan hoy en el Triunvirato del Vaticano, pilar de la integración al Estado del movimiento de los desocupados mediante una mesa de concertación y reparto del asistencialismo, consagrada por ley con el Movimiento Evita a la cabeza. Dos de los tres movimientos de ese trío tributan hoy a la candidatura de “unidad” del peronismo de Felipe Solá, uno de los responsables políticos del asesinato de Kosteki y Santillán. El tercer movimiento es igualmente tributario de la unidad “antimacri”.

La “unidad opositora” “antineoliberal” incluye al Vaticano y sus huestes celestes oscurantistas, a los responsables del Puente Pueyrredón, al menemismo residual, a todos quienes le votaron las leyes antiobreras, a las distintas alas de la burocracia sindical hostil al movimiento piquetero y sus métodos, al total de los gobernadores del ajuste. La “pata social” resulta fundamental para la burguesía, garantiza freno a las tendencias de lucha y cubre por izquierda en los sectores más sumergidos.

El PO, con el Polo Obrero, está a la cabeza de quienes reivindican el movimiento piquetero en su mejor tradición histórica: el corte de ruta y la asamblea, el delegado electo y la organización del barrio, que han llevado al clasismo a desafiar el dominio histórico de los punteros de los partidos patronales y del PJ en particular. Desde ese lugar luchamos por una alternativa política de los trabajadores y no por un relevo potable del macrismo que subordine a la clase obrera y al movimiento piquetero.

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