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23 de noviembre de 2018

Celestina

Acerca de los dichos de CFK sobre los pañuelos verdes y celestes en el foro organizado por Clacso.

En su discurso en el foro organizado por Clacso, la ex presidenta Cristina Fernández dijo que “no hay que dividir entre los que rezan y los que no rezan” y que en su espacio “hay muchos pañuelos verdes pero también hay pañuelos celestes”.

CFK y un sector de sus seguidores lo presentó como una cuestión de tolerancia hacia ideologías o decisiones personales. Nadie podría discutir incluir en su espacio político alguien que rechace el aborto para su vida personal o que creyera en Dios. Es lo que ocurre, por caso, en el Partido Obrero. Ningún trabajador o trabajadora que sostenga alguna creencia religiosa tendrá vedado el derecho a ocupar un puesto de lucha. En el marco de una experiencia común, de todos modos, el propio partido batallará por formar a ese compañero o compañera en la doctrina marxista, es decir, en el socialismo científico. Pero no es este el caso.

Las palabras de CFK constituyen un llamado a reforzar la alianza con la Iglesia católica que se opone abiertamente a que las mujeres conquistemos el aborto legal y operó a fondo en ese sentido durante el debate parlamentario. La conducta de CFK en dicho debate anticipó esta orientación de fondo, cuando llamó a “no enojarse con la Iglesia” y al bloque celeste a “presentar alternativas” al aborto legal. La multitud de mujeres que sostenía la vigilia en las afueras del Congreso recibió con merecida frialdad su discurso. El bloque de senadores del FpV, cabe recordar, además aportó el voto estratégico de la senadora Larraburu para hundir el proyecto. Desde luego, el espacio político de CFK no ha inscripto el aborto legal en su programa. Es decir, que hay pañuelos verdes pero que se subordinan a los dictados de los pañuelos celestes, que nos prohíben abortar en condiciones de seguridad, de manera gratuita y legal e imponen la maternidad forzada a las mujeres. Es una alianza apuntada a perpetuar el pacto político del Estado argentino con la Iglesia católica, complemento espiritual de la explotación capitalista y de la represión estatal. Este es el justo sentido de los dichos de la ex presidenta.

Llegado este punto, sus seguidores lanzaron epítetos furiosos a la izquierda en las redes sociales por criticar tal posición. Argumentan que es prioritario sumar alianzas para superar electoralmente al macrismo, aún en desmedro del aborto legal, postergado para las calendas griegas.

Pero este razonamiento es una impostura. ¿Qué sucedió entonces durante la década kirchnerista, cuando contaban con mayoría parlamentaria? Mantuvieron cajoneada el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y transaron la Ley de Educación Integral con la Iglesia católica, para que sus contenidos puedan ser dictados no por conocimiento científico sino religioso, respetando el “ideario de cada institución” que los pañuelos celestes han salido a defender de manera acérrima. No es una cuestión de “prioridades”. La burocracia peronista de las centrales sindicales, clerical hasta el tuétano, boicoteó este reclamo. Tras la movilización de millones de personas por el aborto legal, la orientación política que ahora blanquea CFK impuso una parálisis al movimiento de mujeres, en nombre de “esperar a 2019”. Detrás de esto, se encuentra la revalidación de la alianza con la Iglesia. La adhesión del emisario papal Juan Grabois a la candidatura de CFK lleva el sello de este pacto político.

Para las mujeres impulsadas a la maternidad no planificada o en condiciones de pobreza la política del kirchnerismo y de la Iglesia católica fue la Asignación Universal por Hijo, recomendada por el Banco Mundial. Un mecanismo de perpetuación de la pobreza y precariedad de las condiciones de vida, que golpea especialmente a las mujeres –déficit en la atención sanitaria, anticoncepción, educación sexual, protección frente a la violencia, etc.

En esa línea se inscribe la crítica de que desarrollar el debate sobre el aborto legal terminó “por dividir al campo popular”. Es decir, que el kirchnerismo hubiera preferido que este debate, que ganó a la mayoría de la población a apoyar al aborto legal y permitió poner de manifiesto las situaciones de sometimiento y violencia que aquejan a millones de mujeres, que sumó a miles de jóvenes a una ola verde que sacudió y develó las raíces profundas –sociales y políticas– de las prácticas machistas y misóginas que priman en la sociedad, no se diera.

Pero a los que trajo problemas el debate del aborto legal no fue a la sociedad, sino a los partidos del régimen, que se vieron presionados y acorralados, por un lado, por la marea verde, y, por otro, por los acuerdos tejidos con la Iglesia católica, ante quienes todos los bloques parlamentarios terminaron cediendo.

Frente a la rebelión de las mujeres, el planteo de Cristina apunta a perpetuar la tutela “espiritual” del clero sobre las familias trabajadoras y el asistencialismo estatal para contener las consecuencias sociales de la crisis capitalista.   

Una vez más, levantemos en alto el pañuelo verde por el aborto legal y la emancipación definitiva de la mujer trabajadora.

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