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31 de agosto de 2006 | #961

Se acentúa la crisis política en la Ciudad

Por una alternativa obrera y socialista

"Voy a gobernar sobre las ruinas de Cromañón”, dijo Jorge Telerman después de la destitución de Ibarra. Seis meses más tarde, las ruinas son lo que identifica al régimen político de la Ciudad de Buenos Aires.

El impulso a los monopolios inmobiliarios, del juego, turísticos y comerciales, ha acentuado la polarización social: las dos terceras partes de la “creación de empleo” es trabajo en negro. Desde los pasantes que pueblan los hoteles cinco estrellas, los jóvenes de los ‘call center’ y supermercados, hasta los trabajadores de los indignos talleres del Bajo Flores. Mientras la publicidad oficial saluda el boom de los “centros de diseño”, los inmigrantes que alimentan a la industria textil lo hacen en condiciones de semiesclavitud. Un alquiler se lleva el 65% de un ingreso familiar promedio. Los hospitales siguen colapsados. La escuela pública sólo consigue recursos a fuerza de las huelgas y ocupaciones de maestros y estudiantes.

Guerra de clanes

Los partidos capitalistas se disputan el botín de la Ciudad. El Banco Ciudad atesora hoy más de 2.000 millones de pesos. Las corporaciones del Sur y de Puerto Madero, la empresa de autopistas, los órganos federales de tierras públicas, son “cajas paralelas” que rebosan de dinero y de tierras ociosas. En torno al acaparamiento de estos recursos se está librando una guerra de clanes empresariales y políticos. Telerman anunció un faraónico plan de obras: entre ellas, un “superestadio de tenis” entre Soldati y Lugano (allí donde el pueblo clama por viviendas y espacios públicos); una autopista bajo la 9 de Julio y, principamente, el relanzamiento del “Proyecto Retiro”, es decir, la privatización completa de las tierras ribereñas, desalojando a la Villa 31...

Para todos estos proyectos, el kirchnerista Telerman cuenta con dos apoyos decisivos: uno, su ministro de Obras Públicas, Schiavi, ex vocero de campaña de Mauricio Macri. El otro, Julio De Vido. A la hora de sustentar a la “patria contratista”, los Kirchner y los Macri no están tan lejos como se supone. Tampoco los “socialistas”, que continúan cogobernando la Ciudad.

Telerman, que juega su reelección a este operativo de negocios, está siendo torpedeado por otro bloque kirchnerista: el que regentea Alberto Fernández, con Bonasso y los hermanos Ibarra. Por ahora, el candidato de este bloque es el ex menemista Scioli. Desde la absolución judicial de Ibarra, esta banda kirchnerista le ha declarado la guerra abierta a Telerman. De cara a las elecciones del año que viene, el “progresismo” se encuentra en plena disgregación. Bonasso, consciente de ello, ha llamado a la “más amplia unidad para enfrentar al macrismo”, pero ‘ofreciéndose’ él mismo como “prenda de unidad”.

El centroizquierdismo residual se ilusiona con arrebatar algo en la disputa. Es lo que ocurre con Carlos Heller, del Credicoop, y Claudio Lozano (lo cual explica por qué ha roto el frente de oposición en Conadu Histórica y participa de la “borocotización” de la CTA).

Las tareas planteadas

En oposición a esta lucha de camarillas ponemos al frente todos los reclamos pendientes: por un mínimo de 2.000 pesos para todos los estatales, por la efectivización de todos los contratados, por la cobertura de todas las vacantes necesarias en el sistema de salud y de educación, por tierras y recursos para los sin techo. El Partido Obrero convoca, especialmente, a empeñarnos en una lucha crucial para los trabajadores de la Ciudad: que el Hospital Francés sea integrado a la red de hospitales porteños, para que cese el vaciamiento que hoy ejecutan en común los capitalistas y la intervención kirchnerista.

La crisis política en la Ciudad demuestra que Cromañón no fue “un rayo en cielo sereno”, sino la estación terminal del régimen social que entregó Puerto Madero, los terrenos de La Rural, las concesiones de casinos y de tragamonedas, y condenó a 500.000 porteños a una vivienda precaria. Estamos ante una potencial crisis de poder, producto de una clase social que ha demostrado su incapacidad de gobernar. En oposición a esta clase social y a su degeneración imparable, levantemos en toda la Ciudad una alternativa propia de los trabajadores y los vecinos, contra el trabajo en negro, la miseria salarial y los pulpos inmobiliarios.

Por una alternativa obrera y socialista.

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