fbnoscript
24 de marzo de 2005 | #892

¿Cae Ibarra?

En vísperas de un giro político que plantea convocar a elecciones internas para un frente de izquierda y de los movimientos de lucha.
Por Corresponsal
La admisión de que no tendría condiciones para reunir las firmas que habiliten el plebiscito de su gestión significa para Ibarra bastante más que un revés secundario. Aunque el intendente responsable de la masacre de Cromañón adjudique sus dificultades a las elevadas exigencias que la Constitución de la Ciudad impondría, según él, para efectivizar el referéndum, el fracaso expresa el derrumbe político de su gobierno. Las mencionadas dificultades podrían valer para el ciudadano aislado que quisiera poner en práctica una revocatoria de mandatos, no para un aparato estatal que en este caso cuenta con el apoyo de numerosas ONG y punteros de todo tipo, incluidos los que se disfrazan de movimientos sociales. Por esto, un columnista de La Nación (22/3) informa que con el fracaso de la recolección de firmas “regresaron las versiones de renuncia y de inestabilidad”. Para la fuente informativa del periodista, un funcionario de Ibarra, mientras “el referéndum actúa como un dique de contención (…) la corporación política no se moverá. Ahora (…) volverá la inestabilidad”. Esto equivale a la admisión oficial de que estaría en marcha un golpe para ‘renunciar’ a Ibarra. El mismo columnista informa, como ‘trascendido’, que “el gobierno nacional le habría retirado el apoyo".
 
Se pueden ver otros indicios de este final de gobierno en las citaciones judiciales que han comenzado a llover sobre ex funcionarios de Ibarra y en la versión de que Ibarra conocía al dedillo las irregularidades que existían en la habilitación de locales. Que se haya puesto en movimiento el mecanismo judicial es un síntoma rotundo, al menos en Argentina, de que hay una decapitación política en carpeta.
 
Pero la evidencia más contundente contra la permanencia de Ibarra la ofrece la ofensiva despiadada que ha desatado contra él el diario que ha sido escandalosamente subsidiado por el propio Gobierno de la Ciudad. Un operador como Verbitsky, comisario político de Página/12, no puede desconocer que la acusación que lanzó contra la que él mismo denomina “la recaudadora de Ibarra”, en referencia a la hermana de éste, Vilma, apunta al derrocamiento del jefe de Gobierno. Nos preguntamos cómo reaccionarán ante este complot los aliados de Verbitsky que apoyan fervorosamente a Ibarra, como las Abuelas, Hijos, ‘piqueteros’ cortesanos y varios otros. Por si esto fuera poco, al día siguiente de un intercambio de acusaciones entre la hermana del jefe y el operador, Página/12 publica un largo artículo para recordar, lo que no era necesario hacer, que “la ley de comunas” está parada. Una forma de decir que no existe ninguna esperanza de sacar al Gobierno de la Ciudad del inmovilismo político absoluto y de que no puede sobrevivir dos años más en estas condiciones.
 
Es claro que el único que puede voltear a Ibarra es el gobierno nacional, precisamente el mandante de Verbitsky. Más claro todavía es que una elección adelantada de jefe de Gobierno de la Ciudad, que coincida con las parlamentarias de octubre, sería una excelente ocasión para realizar el anhelo de Kirchner de obtener resultados plebiscitarios. Sin pupilos con votos, el Presidente armaría su propia campaña en la Ciudad, con la ventaja de que estaría en juego el premio mayor: el órgano ejecutivo del gobierno porteño. Una elección de características plebiscitarias podría permitirle al gobierno disputar también en mejores condiciones los cargos parlamentarios a Carrió y a Macri. Claro que, para lograr objetivos tan ambiciosos, los laderos de Kirchner todavía tienen por tarea quedarse con el control del Partido Justicialista de la Capital. Tienen de su lado al cajero del operativo, la burocracia del sindicato de trabajadores de edificios (la misma que financió a Cavallo y a Beliz en 2000 y en 2003), e incluso el acuerdo provisional de los Scioli y los Duhalde, que no carecen tampoco de cajeros y ‘operadores’ (aunque Telerman quedara afuera).
 
El ‘progresismo’ de la Ciudad ha acabado en el peor de los mundos –acusado de corrupción, con un fracaso de ‘gestión’ y obligado a inclinarse ante los punteros del justicialismo. Ha dejado de ser una realidad política y deberá limitarse a vegetar con la parte que le ha sido asignada en el presupuesto. Es este progresismo el que nos acusaba de hacerle el juego a la derecha al exigir la caída del gobierno de Ibarra y la convocatoria de una Constituyente soberana.
 
Todo esto nos coloca ante una nueva realidad política o, mejor dicho, ante la vieja realidad desarrollada hasta sus extremos. Precisamente aquello que veníamos señalando desde estas páginas: una crisis política de fondo que obligaba a la izquierda a adoptar una línea política nueva y de características especiales.
 
Hay que señalar, de todas maneras, que la consistencia del operativo para poner fin al gobierno de Ibarra se pone de manifiesto en otro hecho que lo complementa. Nos referimos a la campaña iniciada contra Macri, por parte de Clarín, el cual ha hecho públicos los primeros documentos que terminarían incriminando al presidente de Boca por lavado de dinero en el caso de la transferencia de Tevez a Corinthions. ‘Curiosamente’, Página/12 tomó la posta 48 horas más tarde con el artículo de uno de sus ejecutivos, donde se concluye que “la estructura que hizo negocios y consolidó el surgimiento del grupo Yabrán es la misma que hoy comparte intereses, negocios y directorios con empresas del grupo Macri” (21/3). Obviamente, ningún operativo de desplazamiento de Ibarra ‘cierra’, al menos para Kirchner, sin un par de golpes decisivos contra su rival electoral, Macri. A atacar al bloque parlamentario de éste también va dirigida la súbita preocupación por el estancamiento de la ley de comunas. Intuyendo, quizás, que la movida contra Ibarra golpearía también a Macri, o porque probablemente entienda que una elección a fin de año para suceder a Ibarra sería prematura para Macri, la jefa parlamentaria del macrismo, Gabriela Michetti, ha insistido en que Ibarra abandone la tentativa mal nacida del plebiscito y “se dedique a gobernar”.
 
A la luz de todos estos elementos, Ibarra sólo podría sobrevivir si se conjugara una serie de factores únicos: uno, el fracaso de Kirchner para copar el peronismo porteño; dos, una resistencia mayor del macrismo; tres, una ‘alianza’ de conveniencia entre Macri e Ibarra para frenar la ofensiva de Kirchner-Verbitsky, dando, además, algún ‘aire’ a la estancada actividad de la Legislatura.
 
La crisis política que se desenvuelve en la Ciudad pone de manifiesto las profundas contradicciones que median entre la 'recuperación' económica y la estabilidad política, que un punto de vista simplista podría identificar con un signo igual. Ocurre, por un lado, que la ‘recuperación’ provoca, entre los capitalistas, una furiosa lucha por los negocios nuevos o los viejos reciclados; por el otro, esa ‘recuperación’ tiene lugar en el marco de las viejas relaciones sociales que se encuentran en bancarrota –con su secuela de desocupación y miseria, de una parte, y una atrofia financiera e hipotecamiento internacional, de la otra. Debido a estos factores de conjunto, asume potencialmente el carácter de una crisis de poder.
 
Lo que emerge de todo esto es que la izquierda y los movimientos de lucha tenemos frente a nosotros una enorme oportunidad, precisamente cuando la situación política inmediata se presenta empantanada. El llamado del Partido Obrero a una movilización política que sirva de base a un frente de izquierda y de los luchadores es un planteo que explota esta posibilidad y sus perspectivas.
 
Hay que poner las manos a la obra de una gran elección que defina el programa y las candidaturas de un frente de los explotados.

Compartir

Comentarios