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10 de enero de 2007 | #978

La clase obrera y las elecciones

El nombramiento, por parte de Kirchner, de Ariel Basteiro como representante del Estado en el directorio de Aerolíneas Argentinas, es la última manifestación de la completa integración de la burocracia sindical, de cualquiera de sus colores, al Estado capitalista. A Basteiro no le cerró el paso a su colaboración abierta con el gobierno ninguna consideración: ni el aval que estaba dando a la certificación oficial del balance trucho y fraudulento de los balances de varios años de AA; ni su condición de miembro de la CTA, que denuncia el empeoramiento de la distribución del ingreso bajo Kirchner; ni tampoco su pertenencia al partido socialista, que presenta candidatos propios contra el oficialismo, en especial en Santa Fe. Semejante oportunismo sirve, sin embargo, para demostrar otra cosa aún más fundamental: que la CTA y el partido socialista son otras tantas ruedas del oficialismo, porque tanto la una como el otro han aceptado sin chistar la integración de Basteiro al Estado. Basteiro opera como símbolo del cruzamiento genético entre las variedades del ‘progresismo’ y los restos reconvertidos del régimen menemista que dominan en el gobierno kirchnerista.
 
Es claro que el nombramiento de Basteiro no es un rayo en cielo sereno sino que corrobora una situación prevaleciente: a saber, que el conjunto de las organizaciones burocráticas del movimiento obrero son parte del Estado patronal y que participan en las próximas elecciones como una rueda del carro patronal. Esto vale para el conjunto de la CGT y para el conjunto de la CTA. Pero la escala del sometimiento político ha crecido. Como lo demuestra el apoyo a Daniel Filmus, el candidato de Kirchner en la Capital, se han juntado políticamente los cavallo-menemistas del Suterh con los progre-frepasistas como Hugo Yasky, flamante secretario general de la CTA. Si recorremos las provincias, estas clonaciones se repiten aun con mayor frecuencia. En el caso de la izquierda tenemos al partido comunista articulando un frente con un banquero que aprovechó la privatización de las jubilaciones, al cual se integraría el mismísimo Ibarra, el cual, entre sus tantas fechorías, ha pagado la deuda externa de la Ciudad de Buenos Aires con una prima para los acreedores.
 
Burocracia sindical e independencia obrera
 
La burocracia se integra al Estado y apoya a los frentes patronales en las próximas elecciones en función de sus propios intereses. El reforzamiento político y electoral de los partidos del sistema representa al mismo tiempo un reforzamiento de ella, la burocracia, frente a los trabajadores y frente a los movimientos de lucha y organizaciones clasistas en los sindicatos. Por eso, estos movimientos y organizaciones clasistas, que han crecido en fuerza en los últimos tiempos, no pueden abordar las elecciones, ni la lucha política en general, desde una posición de neutralidad. Deben discutir un posicionamiento político y un compromiso y participación políticas que sirvan al desarrollo de la independencia del movimiento obrero, que refuercen la capacidad de acción para conquistar esa independencia.
 
Un ejemplo muy adecuado para este caso es el de las compañera/os de Zanón. Durante la reciente Constituyente de Neuquén pelearon, junto al movimiento sindical combativo y el piquetero, por una cláusula de expropiación sin pago de la empresa y el reconocimiento de la gestión obrera. Sin embargo no contaron con el apoyo de los convencionales de la UNE-CTA, que simplemente no estaban de acuerdo con el planteo, que defienden el pago de las deudas dejadas por la patronal y que además formaron un bloque patronal con exiliados del Frente Grande. A la luz de esta experiencia sería razonable que las compañera/os de Zanón discutan una posición de la clase obrera para las próximas elecciones, que les permita conquistar posiciones parlamentarias independientes. Precisamente, llamamos a los partidos de izquierda, a los movimientos sindicales y piqueteros combativos, al movimiento estudiantil secundario y universitario a elaborar con el conjunto de las compañera/os de Zanón y del sindicato ceramista un programa y a definir las características de una intervención política obrera y socialista de conjunto para las próximas elecciones.
 
Otros ejemplos ilustrativos son los cordones industriales de Rosario-San Lorenzo y de Zárate, donde se ha desarrollado y se sigue desarrollando un fuerte movimiento de lucha de la clase obrera y un sindicalismo independiente de la burocracia. Todos los poderes políticos de esas zonas se encuentran en manos de los representantes de la oligarquía capitalista exportadora agro-industrial; no hay dentro de ellas ninguna representación de clase de la clase obrera. Pero las próximas elecciones ofrecen un terreno de combate político en especial en los escenarios locales —sean municipales o provinciales. La conquista de una representación obrera y socialista en ellos es fundamental para reforzar la lucha contra la explotación ambiental y social, y para oponer a la destrucción social del capitalismo un programa de reorganización social sobre bases socialistas.
 
Por un debate político
 
Estos ejemplos tienen un carácter, además de concreto, ilustrativo, porque la misma cuestión se plantea a nivel nacional para numerosos cuerpos de delegados y tendencias combativas en los sindicatos y en los movimientos populares y piqueteros, y naturalmente para los partidos de izquierda. Llamamos a iniciar esta discusión al Frente de Unidad Clasista de la CTA, donde militan el MAS, el PRS, el PTS, la Asamblea de San Telmo y también los Suteba combativos, la AGD universitaria y tendencias y delegados de empresas estatales. Llamamos a abrir esta discusión al Movimiento Intersindical Clasista, MIC; a los cuerpos de delegados de aeronáuticos: a tendencias clasistas de Foetra; la Fuba, los centros secundarios, delegados de hospitales, sindicatos docentes de Capital. El Partido Obrero convoca a todos sus militantes y a todas sus organizaciones a impulsar este debate con el objetivo de producir una definición política de los luchadores obreros y también de sus organizaciones.
 
Es natural que el objetivo de que la clase obrera presente un bloque político de clase para las próximas elecciones, plantee una tarea de delimitación política. En la CTA, por ejemplo, su dirección goza de la completa libertad de acción para apoyar y financiar a diferentes agrupamientos patronales, sea el de Filmus, el de Heller-Lozano o también los de Telerman y los de Binner con la UCR, o como ya vimos a Basteiro, sin por ello dejar de macanear sobre la ‘redistribución de los ingresos’. Los agrupamientos combativos que militan en la CTA deben, por eso, denunciar las operaciones patronales de su dirección e impulsar abiertamente un bloque obrero, de independencia de clase y socialista. Desde otro ángulo lo mismo vale para las tendencias luchadoras que se agrupan en el MIC: en oposición a las burocracias sindicales que se integran al Estado y a los partidos patronales en las próximas elecciones, debemos abrir una discusión y reclamar esta discusión para todo el movimiento obrero, para impulsar un bloque político independiente de la clase obrera en las próximas elecciones. Es necesario, en definitiva, un frente único de partidos de izquierda y agrupamientos sociales y combativos, con un método de intervención propio en la campaña electoral.
 
La crisis de régimen de la burguesía, una oportunidad
 
Con alguna frecuencia, dentro de los agrupamientos combativos, el neutralismo político frente a las próximas elecciones se escuda en la caracterización de que ellas no ofrecen, en esta ocasión, ninguna posibilidad de desarrollo para la vanguardia obrera, debido a la aparente supremacía que gozarían los partidos patronales y en especial los candidatos del gobierno. Esta posición, sin embargo, ignora la amplitud de la insatisfacción y el descontento sociales, de un lado, y la división y despiadada lucha de camarillas que caracteriza al campo patronal, incluido el oficial. Ignora también las desigualdades geográficas de la crisis política de los partidos patronales y del desarrollo político de la clase obrera. En el curso de los últimos tres meses se cayeron tres candidaturas ‘seguras’: Solá, Fellner, Rovira, y aún no están aseguradas las que las vendrían a reemplazar. En el distrito de la Capital la situación del oficialismo es peor que en 2005, cuando llegó en el último lugar entre los principales partidos. En la oposición, por su lado, se sienten peor que Bush en Irak: si van separados pierden y si se unen podría ser peor. El proceso social e internacional que enmarca a las elecciones es el más explosivo de las últimas décadas, en especial por la capacidad de sufrir giros y reversiones súbitas. El neutralismo político, en estas condiciones, no adolece de un defecto de escepticismo sino que es una renuncia a pelear por la conquista de cada metro de posiciones políticas contra la burguesía y el imperialismo.

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