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25 de enero de 2007 | #979

Gatillo fácil en los hornos

La “maldita policía” debe ser desmantelada

Darián Barzábal, de sólo 17 años, fue fusilado por la policía de Los Hornos dentro de un patrullero en la madrugada del 10 de enero. Esposado, recibió un balazo en la nuca, disparado por el sargento Santiago Regalía.
 
Pocos días antes, otro joven, en Necochea, también fue asesinado por un disparo de la Bonaerense.
 
Encubrimientos mafiosos
 
En ambos casos, el aparato policial demoró en realizar la denuncia. A la familia de Darián le avisaron doce horas después de su muerte. En el caso de Necochea, pasaron 10 días sin haber tomado declaración a ningún testigo.
 
La Comisaría 3a de Los Hornos está en la mira. En la primera declaración, los tres policías directamente involucrados en la muerte del adolescente dijeron que Darián tenía un arma y que no lo habían esposado. Sólo 24 horas después, uno de los oficiales (Luis Dorato) declaró que Darián fue esposado y palpado, confirmando que no poseía ningún arma. Luego se descubrió que otro oficial (Martínez) le había dado “el perrito” (como se denomina en la jerga policial a la colocación de un elemento ajeno a la escena original del crimen para “montar” el encubrimiento). Los testimonios también confirman que la oficial de guardia (Mariana González), encargada de controlar el libro de la seccional, no anotó el ingreso del menor a la seccional. El comisario de la seccional, Eduardo Zaffino, fue notificado de los hechos no bien sucedieron y decidió amparar el encubrimiento, avalando la decisión de “montar” una escena de “enfrentamiento” entre Darián y el sargento Regalía.
 
A una semana de los hechos, la Justicia hizo lugar al pedido de excarcelación de los cuatro policías detenidos. Quedan en libertad, a pesar de que en primera instancia se les había negado ese beneficio para “garantizar el resguardo de los testigos de la causa”. El juez de garantías sabía claramente que los oficiales sueltos iban a “apretar” a los testigos; sin embargo, la Cámara de Apelaciones otorgó la libertad a los delincuentes. Tanto el gobernador Solá como el ministro de Seguridad Arslanián optaron por “no opinar”, argumentando que ellos no se entrometerán en las decisiones de la Justicia (sic).
 
Los Hornos: zona de riesgo
 
Además de ser la seccional policial vinculada a la desaparición de Jorge Julio López, la tercera es una de las comisarías con mayores casos de apremios ilegales, robos y hurtos. Hace unos meses, los comerciantes del barrio se concentraron en el centro de Los Hornos, cansados de ser víctimas de robos sistemáticos. Lo llamativo es que el récord de asaltos se encuentran en la farmacia y en la galería comercial que están ubicados en la vereda del frente de la sede policial (¡!).
 
Los vecinos se acercaron el día que mataron a Darián para comentar entre sí episodios que se repiten, sobre torturas contra menores dentro de la comisaría. “Se llevan a los pibes por averiguación de antecedentes y los terminan golpeando con una toalla mojada, colgados con los brazos atados al techo”, comenta una mamá atormentada, quien indica que a su hijo de 15 años se lo llevaron ya dos veces. Hay adolescentes y padres que no se animan a realizar la denuncia por miedo a las “represalias” de estos oficiales.
 
Los pibes en la barriada son atormentados cotidianamente por la “maldita policía”... para transformarlos en delincuentes desde temprana edad. El mismo oficial de calle, asesino de Darían (Santiago Regalía), está señalado como uno de los que cumplen con esa “tarea”. Ningún negocio ilegal del barrio pasa sin el visto bueno de la 3a, desde el que levanta quiniela clandestina, hasta el narcotraficante más ambicioso. Los patrulleros se encuentran merodeando en nuestras calles porque controlan “sus negocios”. El que delinque por su cuenta, termina como Darián; al que no delinque, la Policía lo amedrenta hasta convencerlo.
 
Como dijo el periodista Ricardo Ragendorfer, autor de La Bonaerense y La Secta del Gatillo: “¿Cómo se llaman las divisiones de la policía? No se llaman División de Lucha contra la Droga, se llama Narcotráfico o ‘drogas peligrosas’, yo estoy en Robos y Hurtos te dice el oficial. Te está confesando su verdadera profesión, chorear”.
 
La rebelión de los pibes del barrio del jueves 11 de enero tiene que ver con esta insoportable situación. Están cansados de los tormentos policiales. La bronca tomó forma de apedreada contra los mismos personajes que los hostigan día a día.
 
La guarida de la delincuencia se encuentra en los destacamentos de la Bonaerense. De su desmantelamiento dependen nuestras vidas. Fuera todos los ofíciales de la Comisaría 3a. Basta de encubrimiento judicial y político. Juicio y castigo efectivo a todos los involucrados en el asesinato de Darián.

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