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8 de febrero de 2007 | #980

Mario Cafiero defiende al gobierno de Isabel

Aliados del MST se van con Kirchner

Como sabe cualquier lector de Indymedia (medianamente informado), el Partido Obrero es, para el MST y sus corifeos, una organización sectaria que rechaza la posibilidad de ‘abrirse’ a figuras independientes y de otras fuerzas políticas. La sola formulación de la crítica es una muestra de cretinismo incurable, porque los partidos políticos existen como tales como consecuencia de insalvables diferencias de clase, de programa y de estrategia. Solamente una organización que exista como tal sin poder explicar diferencias políticas con otras o, lo que es peor, jactándose de su capacidad de dejarlas de lado en cualquier momento; solamente esa organización es verdaderamente una secta, pues existe para ella misma.
 
Pero la realidad es más rica que el análisis, como lo acaba de comprobar la visita de Jorge Rivas y Ariel Basteiro a la Casa Rosada, para ofrecer sus mejores servicios a Kirchner. Rivas fue el candidato a gobernador de Izquierda Unida (MST-PC) en las elecciones de 2005. En aquel entonces prometía ‘la democracia con justicia social’, ahora ofrece entregar su vida por ‘la reconstrucción de la burguesía nacional’. Hay que decir, sin embargo, en respaldo de Rivas y Basteiro, que su disposición a borocotizarse marca solamente una diferencia de grado o de matiz con relación a cuando habían decidido probar suerte con IU. Sus posiciones políticas de conjunto no han cambiado; ni el PS ni el frente con la UCR en Santa Fe nacieron ayer.
 
El otro que salió a pisarse los callos fue Mario Cafiero, otro aliado más reciente del MST, que esta vez en lugar de hablar de la ‘porción indigna’ de la deuda externa decidió defender el paso de su papá por el gobierno de Isabelita, o sea al gobierno de Isabelita. No se ha escuchado a nadie decir que Antonio Cafiero haya integrado alguna triple A y es probable que en su fuero interno sus crímenes le produjeran repugnancia; no es menos cierto, sin embargo, que integró, políticamente, el gobierno de la triple A y que presidió una gigantesca hiperinflación. Esta hiperinflación cafierista tuvo por finalidad anular las grandes conquistas obtenidas durante la huelga general de junio-julio de 1975, que desbarató la hiper-devaluación y la hiperinflación desatada por el ‘rodrigazo’. El ministerio Cafiero preparó las condiciones económicas del golpe de Videla. Hizo yunta con un ministro de Trabajo como Carlos Ruckauf, que había sido puesto en ese lugar por el ala de la burocracia sindical que estaba asociada al asesinato de militantes populares; fue ministro cuando ya el llamado ‘Operativo Independencia’ desparramaba el terror entre los tucumanos. Estuvo en el gobierno isabeliano cuando el golpe estaba en preparación, pero nadie recuerda que hubiera alertado sobre él o llamado a luchar para derrotarlo. Defender a Antonio Cafiero es defender al gobierno para el cual trabajó. Para Mario Cafiero, Kirchner conspira para ‘destrozar’ al peronismo, al cual identifica incluso hoy con la causa popular. Es decir que ni siquiera puede ver que el peronismo se encuentra en el polo de la reacción política en el país y que por eso Kirchner pacta con el peronismo todos los días.
 
La izquierda no tiene que apelar a tránsfugas de otros partidos o clases adversarias del proletariado; tiene que desarrollarse sobre la base de su propia política y de sus propias fuerzas. No nos dirigimos con esto al MST sino a la nueva generación que está produciendo tantos vigorosos luchadores.

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